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    ¿Engine or Genius?

    Lo que llamo mi obra póstuma no es, en efecto, sino un intento de último momento de hacer de mí un individuo único y, por lo tanto, irrepetible. Ninguna de mis características físicas me parece suficiente para definirme con claridad en este sentido, como tampoco lo es ese conjunto de características que, seguramente, es único para cada persona pero de una manera trivial.

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    Formato y duración

    Cuando mis breves aportaciones a mi obra póstuma comenzaron a aparecer durante este verano, me pregunté en algún momento si la autobiografía de Elvira Lindo que leía a la sazón podría ser un formato adecuado para ese esfuerzo mío. No me pareció muy adecuado, de forma que ahora la cuestión me vuelve a la cabeza al iniciar la lectura de la última obra de Fernando Aramburu, Los Vencejos.

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    Bloques de piedra

    Esperaba yo que este verano fuera definitivo a la hora de decidir en donde iba yo a trabajar en la escritura de mi obra póstuma pues en nuestros planes se encontraba la visita a mis sitios favoritos. Madrid por la cercanía a mi familia; Las Arenas por mi eterno amor por ese mar cantábrico y el Bajo Empordá por su magnífica vista de las islas Medas.

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    Saber escuchar

    «Si todos los sabios del mundo y todos los santos del paraíso me abrumaran con su consuelo y sus promesas, y dios mismo con sus dones, si no me cambiaba a mí mismo, si no surgía de mi interior una nueva obra, en lugar de hacerme bien, los sabios, los santos y dios, exasperarían más allá de lo imaginable mi desesperación, mi rabia, mi tristeza y mi ceguera»

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    Foixà

    Incluso antes de plantearme lo que he dado en llamar mi obra póstuma, he pensado a menudo cómo sería mi vida como escritor, o quizá solo como un simple publicista, si la practicara aisladamente como no pocos intelectuales que he leído con cuidado, como muchos de ellos, bien conocidos, que se dedicaron a la práctica del caminar o como filósofos «distintos» al estilo Nietsche.

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    ¿Cobardía o ego?

    Ciertamente mi capacidad de disfrazarme era grande y durante años creí que mis enseñanzas académicas, el diseño de instituciones, el desarrollo de la ciencia y el periodismo económicos así como la generosidad envuelta en una Fundación podrían tener algo de revolucionario.

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    El trastero

    Hace ya unos cuantos años que introduje todos mis documentos profesionales en varias cajas de cartón, de esas de supermercado, y me deshice de ellas temporalmente colocándolas en un trastero a la espera de revisarlas en su momento. Esperaba que esa revisión me hiciera ver los caminos que se abrían ante un jubilado con un pasado muy variado

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    Menorca/Esalen

    Acabamos de pasar unos diez días en la isla de Menorca, en la que no habíamos estado desde hace como treinta años, cuando solíamos pasar parte del verano allí. Implícitamente llegué con el recuerdo de la excitación sexual que me proporcionaban aquellas playas pobladas de mujeres semidesnudas. Y por ello me produjo un gran bajón notar que las formas de cuerpo excitantes de ayer ya no me producían sorpresa alguna y, mucho menos, excitación. Paseaba por el paseo playero de Cala Galdana y la mente se me despistaba en asuntos más bien invernales como la búsqueda de periódicos o el cuidado de mi calva.

  • Vision. Operacion de ojos
    Artículos

    Operacion de párpados

    Me pongo a escarbar en mi agenda de papel, a la que no renuncio, en busca de no recuerdo qué y me topo con el aviso para el 17 de septiembre de un preoperatorio para en tres días, el 20, someterme a una operación de párpados ya que, como se me caen, debilitan mi mirada. Antes veía con claridad todos los detalles, por pequeños que fueran, en un amplio campo de visión de 180 grados. Poco a poco se emborronó mi visión y su ángulo se estrechó hasta que hoy creo que no llega ni a la mitad.

  • Breves

    Menudencias 4: Zapato de tacón y hoja de afeitar

    En mis paseos alrededor de nuestra casa durante la pandemia, con los que pretendía conjugar la exigencia médica de caminar con la imprudencia de no usar mascarilla, encontraba varias veces al día dos manchas de chicle pegadas al suelo con la forma de dos figuras claras, la de un zapato de tacón alto muy sexy y, subiendo por las escaleras del jardín a la casa, una imagen de un hoja de afeitar de aquellas antiguas que llamábamos gillets aparentemente nada sexy; pero que complementaba al zapato en un recuerdo de figuras o actividades rutinarias que conjuntamente resultaban sexualmente muy atractivas.