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Juan Urrutia

  1. 2 de septiembre de 2010

    Dos contraportadas filosóficas

    Como dice José, estamos de vuelta al cole y he tenido que comprar los libros. Me topo con dos que me enamoran por su contraportada y me apresuro a adquirirlos.
    Derrida ( El gusto del secreto, mutaciones, junto con Maurizio Ferraris, Amorrortu/editores,2009):

    Si se da a leer algo completamente inteligible, plenamente saturado de sentido, no se lo da a leer al otro. Dar de leer al otro significa también dejar desear, o dejar al otro el lugar de una intervención con la cual podrá escribir su interpretación: el otro podrá firmar en mi texto. Y es en ese punto donde el deso de que a uno no le entiendan significa, simplemente, hospitalidad para la lectura del otro.

    Voegelin (junto con Leo Strauss,Fe y Filosofía corespondencia1934-1964,Minima Trotta, 2009):

    A diferencia del ´mero´conocimiento, la experiencia del contenido del conocimiento revelado consiste en que Dios `llama` al hombre. Mediante esta experiencia de `ser llamado´se dan los contenidos esenciales del conocimiento revelado.

    Me gusta creer que son complementarias. Por si estuiera equivocado mejor no los leo.

  2. 1 de septiembre de 2010

    Bejamin Franklin y la mujer madura

    Me siento muy cercano a JI. Gorigolzarri en su interés por Franklin. No solo aparecí en su día en el billete de $ 100 con ocasión de la presentación de El Capitalismo que Viene, sino que añadí algunos comentarios sobre las similtudes entre las vidas de ambos. Ni qué decir que en esa presentación había mucha broma, la misma que hay hoy, en este post, en el que pretendo revelar otra similtud más: a ambos (a Franklin y a mí, no a Jose Iganacio o, al menos no me consta) parecen gustarnos las mujeres maduras.

    El texto es el de una carta, remitida el 25 de junio de 1745, por D. Benjamín de 39 años de edad y dirigida a un jóven amigo aconsejándole sobre la elección de amante en caso de que rehuse casarse que, como dice D. Benjamín, sería lo mejor pues ese es el estado natural del hombre.

    Esta carta se puede leer enteramente aquí.

    A continuación me limito a traducir libérrimamente los pasajes que me parecen más cercanos a mi reciente descubrimiento de la mujer madura.

    Pero si el comercio carnal le parece inevitable y lo prefiere al matrimonio, entonces debería preferir la mujer mayor a la joven por las siguientes razones:

    1. Porque su conversacion es más aleccionadora y su agradable efecto más duradero.

    2. Porque lo que se encuentra en una mujer madura es una mujer buena.

    3. Porque no se plantea el inconveniente de los hijos.

    4. Porque la reputación sufre menos pues todo el mundo entiende los cuidados que una mujer madura depara a un joven.

    5. Porque, puesto que el cuerpo envejece de arriba hacia abajo el acto carnal es igualmente satisfactorio con una mujer joven que con una mayor.

    6. Porque el pecado es menor.

    7. Porque los remordimientos por hacer feliz a una mujer mayor son mucho menores que los remordimientos por hacer miserable a una joven virgen

    Y, en octavo y último lugar, porque son… tan agradecidas.

    Pero lean el original, es mucho más rico que esta apresurada traducción.

  3. 31 de agosto de 2010

    Dr.Caligari y la Bauhaus

    Ya no estoy allí y echo algunas cosas de menos. Entre las que no echo de menos está el tono taxista que poluciona la vida pública aquí en la capital. Entre las que ya rememoro con nostalgia está la de la ducha mirando a las islas Medas, pero sobre todo la llegada a la casa de Foixà ya entrada la noche.

    Después de encender todas las luces internas de la antigua masía renovada y acrecida por Jordi y Mercè, salgo descalzo por el cesped hasta el cuarto de instalaciones y prendo las luces del jardín. Podría hacer funcionar el reloj para que se encendieran a la hora marcada, pero prefiero hacerlo yo.

    Cuando me vuelvo apara regresar al edificio principal me quedo atónito ante la mezcla de expresionismo alemán y arquitectura bauhaus.

    Voy a construirme una sillita de piedra justo en ese punto neurálgico para disfrutar cada noche de esa imagen turbadora. Veo la casa desde un ángulo que me permite ver tanto el interior del salón a través de un juego de celosías correderas de madera gruesa, como el interior del hall, desde el que sale la escalera que va al piso superior, a través de la puerta de entrada que he dejado abierta, y un trocito de la parte superior de la biblioteca que deja adivinar un trocito del autoretrato de Patricia.

    El comienzo de escalera con su revuela tortuosa, sus escalones desnudos y su falta de barandilla, así como los techos con vigas tanto de esa biblioteca como del salón superior me traen a las mentes inevitablemente, cada noche, el expresionismo del Dr. Caligari con sus ángulos inverosímiles y el terror de lo oscuro y diferente. Sin embargo el suavemente iluminado salón con su enorme cuadro abstracto y sus sofás blancos disciplinan mi imaginación hacia la limpieza de lo geométrico que desemboca en un porche tan vacío como la noche cuajada de estrellas que se confunden con las luces que circundan el golfo de Roses.

    He pensado fotografíar ese encuadre y hacerlo profesionalmente; pero luego ha vencido mi avaricia. Quiero ese injerto de la claridad en lo gótico solo para mí y mis amigos.

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