Correo de las Indias

Juan Urrutia

  1. 9 de febrero de 2012

    La boina: signo de identidad

    El frío y este post me hacen pensar sobre identidad, pero no en general, sino sobre la mía y nada más de momento. El puente más elegante que nos muestra JLF me ha remitido a la boina que estos días gélidos uso, aquí en Madrid, un signo de identidad fácilmente reconocible a juzgar por los piropos que echan a mi Txapela y las conexiones que hacen inevitablemente con la final de copa ganada brillantemente frente a otro grupo de chicos vascos de Miranda. Pero no todas las connotaciones de la boina son así de simpáticas. Me contaron que aquel hombre dejó en el armario-paragüero sus dos sombreros Hombug tipo Eden, uno negro y el otro gris, el mismo día que cayó Bilbao o, como decía su mujer, el día de la liberación de Bilbao. Pero lo importante es cómo te pones la boina, hacia que lado de tu cuerpo la haces inclinarse con ese toque de distinción imprescindible. En general se lleva hacia la derecha, pero algunos nos la “calzamos” hacia la izquierda y dejamos que vuele en esa direccion correspondiente a nuestro lóbulo frontal que maneja lo que pasa a la derecha de nuestro orgulloso caminar. Los que somos zurdos reprimidos no distinguimos bien entre la derecha y la izquierda debido a ese deseo de festejar la liberación y la obligación de honrar a a los perdedores Y quizá confundidos por ese puente colgante, elegante como ninguno pero enredador, que trata de confundirnos.

  2. 7 de febrero de 2012

    Y tras la calma ¿qué? (II)

    Volviendo a la aparente calma chicha de la situación económica general a la que me refería en el último post quiero sugerir que quizá el momento sea delicado y propicio a la sospecha para pues el caso de Europa empieza ya a irritar a los Estados Unidos y a los organismos internacionales. Esto no es de extrañar pues debe de ser difícil aguantar la absoluta ineficacia ante los problemas de Grecia que solo son cuestión de aritmética y de distribución del sacrificio que esa aritmética exige. Es claro está crucial que lo que vaya a pasar estos próximos días condicione el futuro de la economía global pues los países como China o Brasil, por poner solo dos ejemplos, no pueden continuar solos durante mucho tiempo sin que su propia tasa de crecimiento se resienta.

    Es en efecto crucial lo que pase estos días en la negociación de la troika con las autoridades griegas y de esta últimas con los bancos europeos pues está en juego no solo la declaración de bancarrota del país heleno el 20 de marzo sino también la salud de no pocos bancos que juegan en el mercado de CDSs a que ese arreglo será voluntario pues si no lo fuese por parte de los acreedores los bancos o entidades emisores de esos derivados se verían una vez más en serios aprietos. Es un peligro lo suficientemente real como para que ese acuerdo voluntario acabe imponiéndose. Si así es continuará la calma, pero si no es así entraremos en una situación realmente extraordinaria que es difícil hasta de imaginar más allá de la retahíla conocida sobre el contagio de otros países, la disolución del euro, el efecto negativo sobre la economía estadounidense y etc.etc. Pero a mí gustaría elucubrar, por el mero gusto de hacerlo, sobre la forma de continuidad del capitalismo en caso de que los malos augurios se hagan realidad.

    Desde luego me parece perfectamente posible que, ante el empecinamiento de unos y otros, ya sea demasiado tarde como para creer en la continuidad del capitalismo tal como lo conocemos. Casi todo apunta a cambios bastante drásticos. Desde los movimientos de ocupación, más o menos significativos, a la demanda de la nacionalización de la banca por parte de una izquierda tradicional, pasando por la existencia acusadora de una generación perdida, por modificaciones exigibles en la gestión inmobiliaria, y sobre todo, por la carrera profesional, y en definitiva la forma de vida, de los jóvenes estén o no integrados en movimientos de ocupación. Estos jóvenes ya no van a tener más remedio que asumir que Monti podría estar en lo cierto y que su vida va a ser muy poco aburrida pues van a cambiar de puesto de trabajo y de país mucho más a menudo de lo que lo hicieron sus padres. Pero esto no es trivial.

    La tempestad puede surgir justamente de esos desplazamientos de jóvenes en edad de trabajar y de su generalización de forma que se haga realidad una verdadera globalización que junto a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación ponga en juego ideas económicas básicas a través de su capacidad para tejer redes y acercarse a una economía que, debido a las economías de escala por el lado de la demanda, pueda empezar a denominarse con propiedad como economía de la abundancia. Es necesario volver a mirar a aquellas ideas de los años de la burbuja punto.com que, como siempre, se abandonaron antes de reconocer su potencia. El efecto Mateo o una forma de tejer redes parecida a dicho efecto en cuanto a sus efectos, puede hacer surgir esta vez en serio y debido a la disponibilidad de jóvenes bien formados, negocios inimaginables que generen mercados nuevos que prosperen hasta donde no imaginemos. Nuestras nociones teóricas más elementales se ponen en juego y, lo que es mucho peor, convicciones políticas deberán de ser revisadas dando origen a tensiones difíciles de desactivar. Por ser breve no me detendré sino en algunos ejemplos simples. Será muy difícil mantener durante mucho tiempo posiciones de monopolio sin tener que dedicar mucho tiempo a su defensa incluso por medios nada santos ya que la mera competencia no bastaría dados precisamente esos nuevos rendimientos crecientes que trabajan a favor de cualquiera. La defensa de esos privilegios adquiridos puede doblegar a gobiernos con convicciones poco democráticas y estos movimientos tectónicos pueden desembocar en reorganizaciones políticas que hagan emerger nuevas formas de convivencia.

    Frente al pensamiento inercial que traduce la globalización en mayor centralización y más férrea jerarquía cabe pensar, como horizonte teórico, en superficies de poder horizontales y hasta deslizantes.

  3. 6 de febrero de 2012

    Y tras la calma ¿qué? (I)

    Suele decirse eso de que tras la tormenta viene la calma, pero los de puerto de mar sabemos que a menudo la calma chicha anuncia una inminente galerna. Menciono esto último porque creo advertir una extraña calma en los ambientes económicos de todo el mundo cuyo origen no parece tener fundamento serio alguno y cuyo desenlace solo puedo esperar que no sea una galerna o, lo que sería igual de peligroso, una nueva tormenta de nieve siberiana como la que acaba de congelar Europa.

    La calma es realmente calma chicha. Las primas de riesgo de la deuda de los países del sur de Europa están aparentemente estabilizadas a niveles que ya nos parecen hasta normales mientras que se mantienen los diferenciales relativos entre ellas. Las bolsas han subido una pizca que, aunque no muy grande, tampoco es pequeña y no deja de ser significativa. Los datos económicos de los USA han sido menos negativos de lo esperado y los países asiáticos poderosos, así como algunos de los árabes ricos, parecen como más receptivos a aliviar la carga de deudas tanto soberanas como privadas de esta Europa de nuestros amores. La inundación de liquidez del BCE organizada por Draghi en un momento crucial continúa de momento rindiendo sus frutos y está dando lugar a un cierto respiro del sistema bancario que, aunque todavía no se traduce en un mayor flujo del crédito, está permitiendo la mejora de sus balances y alejando la sombra de una (¿o debiera decir otra?) crisis bancaria europea. Pero a nadie se le puede escapar que nada de esto está basado en ningún análisis riguroso de los datos económicos que siguen como estaban o peor a medida que pasa el tiempo y no vemos verdaderas medidas de reactivación. El único consuelo mínimamente serio es que la canciller alemana parece dejar que en su lenguaje se filtre alguna expresión que parecería remitir a la necesidad de una cierta reactivación.

    Para seguir indagando en esta impresión de peligrosa calma chicha reflexionemos sobre el último Ecofin. ¿Qué salió de Bruselas más allá de la esperpéntica paradoja del aterrizaje de los primeros ministros o, en su caso jefes de Estado, en aeropuertos privados, debido al cierre por huelga del aeropuerto internacional?. Esto es una paradoja en un mundo en el que se predica la austeridad y en el que existen los medios suficientes para manejar el orden del día a través de una conference call entre todos ellos. A mi juicio de esa reunión esperpéntica solo salió una certeza aparente y una incierta esperanza más allá de la expresiva ausencia de referencias a las modificaciones de los tratados a fin de conformar un tesoro único lo que parecería establecer un cierto límite a la intrusión de Bruselas en la soberanía nacional. Pero vayamos con la certeza y la esperanza.

    La certeza está dada por la seguridad de que va a continuar, con matices pero sin marcha atrás, la consolidación fiscal que se reafirma ante las declaraciones de Bernanke de que los USA necesitan frenar, aunque sea levemente, los déficits presupuestarios. Pero a pesar de este espaldarazo a la austeridad y de la retórica del FMI en la misma dirección, esa certeza no deja de ser un poco fantasmal porque tarde o temprano se impondrá la buena teoría a la mala tal como veremos ahora. La esperanza es que los estados de la UE se pongan de acuerdo en adoptar medidas reactivadoras, en experimentar con nuevas formas de facilitar el empleo, en el establecimiento de planes de infraestructuras realmente importantes para mejorar el transporte interno de la Unión y en acudir juntos a la emisión de deuda en forma mutualizada, es decir solidaria, como sería el caso de los famosos eurobonos, medidas todas ellas sin duda factibles ahora que la inflación no parece un peligro excepto quizá para la sensibilidad alemana. Esta esperanza es, sin embargo, incierta tal como muestran los anuncios que, sobre estas materias se han realizado en el Ecofin. Pero en este punto la influencia de los EE.UU. se muestra importante. Obama necesita para renovar su mandato hacer caso a Bernanke y de paso a las posibles huidas de sus votantes hacia Romney pero también generar cifras que den confianza en la recuperación de su país. Y también necesita para conseguir lo anterior que a Europa le vaya bien. De ahí que la esperanza sea que la diplomacia americana consiga con Alemania lo que no consiguen los otros miembros de la unión. Pero esto no es seguro.

    Miremos ahora lo de las teorías que he mencionado. Creo que hay que canonizar a Krugman por su capacidad de predicar en un aparente desierto cuando en realidad y aunque solo le jaleemos por lo que parece los viejos rockeros, es el único o casi el único que consistentemente ha dicho lo que la buena teoría afirma justo al revés de lo que dicen los defensores del ajuste a ultranza que se justifican en base a una teoría inexistente pero bien interesante. Esta teoría parece estar basada en la capacidad movilizadora de la confianza o la credibilidad. Esto llevaría a invertir aun sin crédito, lo que curiosamente incrementaría el apetito por el riesgo del sistema financiero, lo que sin duda haría nacer nuevos negocios, generaría un mayor empleo y potenciaría una mayor capacidad de equilibrar las cuentas públicas permitiendo una tranquila eliminación de la deuda además de una mejora de la productividad, de la competitividad y un nuevo equilibrio de las cuentas externas. Ni que decir tiene que esto incrementa la recaudación y … fin del problema.

    El hecho de que semejante teoría parezca simplemente una ocurrencia ad-hoc y carezca de espesor teórico no elimina su posible interés como arma política. Miremos de cerca a esa confianza milagrosa. ¿En qué habría que confiar? ¿En la capacidad de sacrificio? Quizá, pero es cara de adquirir ex novo. ¿En los excedentes ocultos de algunas empresas? Haberlos haylos pero no hay manera de saber cómo, cuando y en donde los van a utilizar. Tendríamos que pensar con detenimiento si hay que tener confianza en que esa confianza va a generar burbujas no del todo especulativas, en que por debajo de ellas hay algo más que humo o si solo hay mentiras oportunas conducentes a qué no hay vuelta atrás ni ralentización del planteamiento desapalancador. Quizá porque Rajoy ha sido bautizado en la nueva fe en la confianza o en la confianza al cuadrado, se dejó grabar allí en Bruselas lo de la huelga general que le iban a plantear los sindicatos como reacción, se supone, a la reforma laboral que todavía estamos esperando. Somos tan desconfiados que a esto de la confianza hay que aplicarle la filosofía de la sospecha que se plasma en segundas y terceras derivadas sobre lo que cada uno sabe que el otro sabe…

    Ante una calma de esta naturaleza, con los «hechos» cogidos por los pelos y la teoría menospreciada no me parece que podemos estar tranquilos pues hay escenarios plausibles poco tranquilizadores tal como veremos en la segunda parte de este artículo.

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