El Correo de las Indias

Grupo Cooperativo de las Indias

Bitácora de las Indias

  1. Hacia un nuevo relato LXI: sobre transparencia total y otros absolutos

    22 may 2013

    El peligro, heraldo del sufrimiento, es justamente absoluto, y su búsqueda también. Y es ese anhelo de lo imposible lo que subyace a todos los intentos de los salvapatrias de un color u otro.

    Cuatro días antes del infarto de corazón que casi me tumba hace pronto dos años escribía este post en el cual se citaba a Stan Brakhage a cuyas clases de cine asistí puntualmente mientras debería estar preparando los prelims allá en Boulder. Pero aprendí algo más importante que la Economía, aprendí a mirar y creo que no lo he olvidado. Se trata de no reconocer el contenido de la imagen sino recrearse en las luces y las sombras, lo que podríamos llamar el continente. Este gran artista que fue Brakhage nos hacía ver las películas desenfocadas para que aprendiéramos a mirar sin dejarnos arrastrar por otras facultades, sin duda necesarias para la vida, pero irrelevantes a la hora de ver. Me acuerdo muy a menudo de aquellas lecciones ahora que, a pesar de la operación de cataratas, me posee la neura de que la ceguera avanza irremisiblemente. Pero no son mis cuitas de viejo sobre lo que quiero escribir unas breves reflexiones, sino sobre las leyes que nos acechan y que pretenden ordenar cuestiones estructurales comenzando por la de transparencia, sin duda relacionada con el cine, pero también sobre otras a las que se pueden aplicar las enseñanzas de aquella juventud.

    La corrupción que poco a poco se va desvelando así como la defensa de la privacidad aparentemente amenazada por las nuevas aplicaciones del internet móvil y, a menudo, ambas cosas hacen que se anuncie una Ley de Transparecia que parece puede llegar a alcanzar hasta la llamada Casa Real. Debido posiblemente a las circunstancias que nos ha tocado vivir en esta época, cada iniciativa política refleja un deseo de absoluto que no casa en absoluto con el trabajo político. Queremos los ciudadanos enterarnos de todo y los políticos preocupados por las elecciones próximas (siempre hay alguna cercana) pretenden echar carnaza al pueblo. Por eso se anuncia que la transparencia será total o esa totalidad es demandada, exigida, por los movimientos ciudadanos. Pero si pensamos un poco nos daremos cuenta de que si la transparencia fuera total no podríamos ver nada pues eso que pretendemos percibir con la vista sería a su vez transparente. Jamás podríamos disfrutar de las veladuras insinuantes de una gasa sobre una carne apretada.Todos seríamos como ciegos.

    Pero esto va más allá y aplica a nuestro cerebro mismo. Prometí robar la siguiente cita a Juan Hernandez quien me la ofrecía como un comentario a este otro post que escribí en enero de este año. Y ahora cumplo con mi palabra:

    El cerebro humano es un telar encantado donde millones de velocísimas lanzaderas van tejiendo un diseño que continuamente se disuelve, un motivo que tiene siempre un significado, por más que éste jamás perdure, y no sea más que una cambiante armonía de subdiseños.

    Una buena reflexión para quien quiere enhebrar los finos hilos de una gasa hasta que se pueda entrever eso que en un relato sincopado nos hace imaginar como verdadero o como falso cuando en realidad no es sino un subdiseño provisional. Hemos tenido que llegar a la entrada LXI de este intento de construir un nuevo relato para empezar a entender que este esfuerzo no tiene éxito posible y que sin embargo nos es aparentemente necesario para vivir. Es esa voracidad por lo absoluto lo que parecería dotar de sentido a nuestra vida.

    El peligro, heraldo del sufrimiento, es justamente absoluto, y su búsqueda también. Y es ese anhelo de lo imposible lo que subyace a todos los intentos de los salvapatrias de un color u otro. Me limitaré a solo un ejemplo más: la flexibilidad del (falso) mercado de trabajo. En el límite estaríamos hablando de un sistema de relaciones laborales que permitiría la renovación instantánea de cualquiera de las condiciones que lo definen: por ejemplo, jornada y salario sufrirían modificaciones instantáneas cuyas consecuencias serían imposibles de evaluar en su momento o, mejor dicho, el intento de evaluación haría imposible el mismísimo trabajo que se pretende regular.

    Y aquí me vuelve a la cabeza una vieja iluminación sobre la enfermiza felicidad que, contaba yo, me proporcionaba una vida randomizada que yo me fabricaba de acuerdo con un mercado de valores accesible en todo momento.

  2. Fogonazos XXXIV: Calcetines y calzoncillos

    peluquerc3ada-modera-caballeroAl principio volvía a LA para cortarme el pelo, pero a medida que éste escaseaba me pareció un poco tonto y dejé de viajar para este menester. Sin embargo y como desde que comenzó la crisis he reducido el presupuesto para ropa, incluyendo la interior, solo tiro de él cuando ya parece inexcusable y siempre aprovechando viajes cortos a LA. En este último el paseo por el borde del mar entre abdominales de cuero y patines de una fila de ruedas no ha sido tan gratificante como suele pues, curiosamente, hacía falta paraguas para resguardarse de las tormentas de mayo. He adquirido esos calzoncillos que resaltan mis pobres abdominales y los famosos calcetines altos de esa tienda donde en su día me surtía de todo y con generosidad. Y eso es todo.

    P.S. Alguien puede creer que estoy hablando de Las Arenas,Bi., pero no, estoy hablando de Los Angeles, Ca. Por eso he tenido que pagar exceso de equipaje, pero no de peso, sino de volumen.

    Linchamientos

    cazablesaHay quien se queja de que no haya sido un partido de izquierdas o un sindicato de los de siempre los que hayan puesto la querella contra Blesa y haya tenido que ser un partido «raro» (UPyD) o una especie de grupo de presión sospechoso («manos limpias») los que lo hayan hecho. Estos mismos más otros se alegran de que por fin haya caído el primer banquero, como se alegra el cazador cuando se abre la veda. Y algunos pocos, entre los que me encuentro, no entendemos las explicaciones que da la prensa pues parece que le llevan al trullo por haber comprado un banco en Florida (USA) por un precio superior al valor en libros. Parece que la compra no fue mal, pero, en cualquier caso, si se siguió el procedimiento interno de toma de decisiones, no parece que estemos ante un delito por caro que resultara o aunque el Banco de España no estuviera entusiasmado por la adquisición; sino ante un mero error de gestión del que debió disculparse ante sus accionistas o similares. Otra cosa distinta sería el préstamo a Viajes Marsans que, por lo que se lee por ahí, no pasó los filtros adecuados y, en consecuencia, podría ser un indicio de alguna irregularidad perpetrada en su propio beneficio. Pero ni en esto ni en lo anterior se moja nadie y ningún medio nos ofrece una opinión solvente al respecto. Parece un linchamiento y a mí me parece vergonzoso. Lo mismo que me pareció vergonzoso el ataque a Niall Ferguson por sugerir que la falta de hijos de Keynes podría haber sesgado su tasa de descuento temporal.

  3. Renaciendo: limpieza de papeles y libros

    16 may 2013

    217 contraportadas y unas 2500 noches han debido hacer de mí una persona sabia aunque no lo parezca…

    libros antiguos IIDebo estar, como siempre, en mala edad y, como siempre que esto ocurre, es decir siempre, trato de renacer. La experiencia me dice que la mejor manera de cambiar de rumbo es o comprar ropa o hacer limpieza. En esta ocasión me he decidido por la segunda opción y me he lanzado a la hercúlea tarea de limpiar y hacer entresaca de papeles y libros de mi despacho de casa y de la inmensa mesilla de noche de mi dormitorio.

    Con los papeles del despacho he llenado unas diez bolsas de basura. No tendría sentido mencionar ninguno de los papeles desterrados aunque me he dado cuenta de que he tirado alguno que necesitaba, como cuando un estiramiento de piel te deja un ojo siempre abierto.

    Lo de los libros en mi dormitorio es más serio. Ya no podía ser, los ácaros me devoraban. He hecho varias columnas y pretendo describir un poco esas columnas a fin de que se hagan una idea de hasta donde llega mi locura.

    De hecho antes de meter mano a la mesilla de noche, he comenzado por otra mesita auxiliar que, junto con su gemela, flanquea un sofá al que todavía no he sido exilado nunca. En esa mesita he contado 54 libros incluyendo dos guías, la de Atenas y la de Chipre. Además he contabilizado 10 libros de arte, de esos que tontamente me compro a la salida de una exposición y me sirven solo para echarles un vistazo antes de apagar la luz cuando el tranquilizante diario comienza a hacer efecto. Como ejemplo les diré que allí estaban los catálogos de Hopper y de Hockney. Además dos columnas para sostener sobre ellas un cuadrito que compramos hace unos 10 años y al que todavía no le hemos encontrado su lugar. Entre las dos columnas habrá, según un recuento fugaz, unos 35 libros que no me he tomado la molestia de clasificar aunque la vista resbala sobre un lomo que dice «Banksy» y otro en el que creo leer «Greenspan». Luego están los recién comprados (7, como por ejemplo Martutene) siempre al alcance de la mano. En total 54.

    Pero hasta los 217 me faltan unos cuantos que están en una u otra de las siguientes columnas en los que los he clasificado. Comenzaré por los de economía, política y reflexión científica que no deberían estar aquí sino en la oficina de Fortuny. Casi todo Soros está aquí, «El Pueblo Vasco hoy» de Ramón Zallo también así como un par de cosas de Steven Pinker, en total 38. La columna más alta es la dedicada al ensayo (67 ejemplares), esa cosa heterogénea en la que, además de cosas infumables, destaco un par de títulos de Marc Fumaroli que me regaló mi hijo Rafa. He reunido en una sola columna de 62 volúmenes la Filosofía y el Psicoanálisis (Heidegger, Foucault, Deleuze, Derrida, Freud, Milner,…) y en una de solo 50 la literatura incluyendo novela (Houellebecq y Modiano entre otros), un volumen gordísimo con todas las tragedias griegas y poemarios de Rainer Maria Rilque y Ezra Pound.

    Sumados a vuela pluma cuento unos 217 libros que aúna media de 15 euros me han costado unos 4.000 euros sobre un período de unos siete años. Es sin duda mucho dinero, pero imaginen que no hubiera dejado de fumar y que, como solía, fumara tres cajetillas al día. Si no me confundo esta haría como unas 7.500 cajetillas. Luego, y aunque desconozco el precio actual del Windsor, creo poder afirmar que he acabado ahorrando bastante.

    Pero esa no es la cuestión importante. Lo que me interesa es la razón oculta de esta acumulación de sabiduría que, al ser tan voluminosa, no no se si me deja contagiarme de ella. Suelo bromear con eso de que la sabiduría se transmite por contagio mientras se duerme y que basta las contraportadas para aprender lo importante. Bueno, pues 217 contraportadas y unas 2500 noches han debido hacer de mí una persona sabia aunque no lo parezca.

  4. Hacia un nuevo relato LX: Ideología y Economía

    14 may 2013

    La diversidad ideológica es muy importante a efectos de mantener un pensamiento vivo y no esclerotizado… siempre que las opciones se puedan confrontar libremente y con igualdad de oportunidades de ser escuchadas. Si esto no es posible no podemos espera más que la «guerra» que, además de poder llegar a ser cruenta, es garantía de un pensamiento devaluado y manipulado.

    economists-1En los últimos días he tenido ocasión de asistir a un par de debates en los que se ponía en juego, directa o indirectamente, el binomio Economía-Ideología sin distinguir muy bien si el éxito aparente de una forma de organizar el sistema económico podría condicionar el conjunto de valores de una sociedad o de parte de esta, o si, por el contrario, ese conjunto de valores adquirido de alguna manera, no estará condicionando la política económica y hasta la Teoría Económica. Ver aquí y aquí. Ahora que lo pienso me parece llamativo que en esta serie de posts que he denominado Hacia un nuevo Relato no haya aparecido hasta ahora esta posible influencia mutua entre ideología y «ciencia» bien sea en general o bien sea en el caso de la economía. Propongo que nos olvidemos de la postura que defendería que aun la ciencia más exacta es un constructo social y nos centremos en la economía cuyo status científico nunca ha estado demasiado claro.

    Comencemos por el mal llamado mercado de trabajo y hagámoslo pensando en la devaluacion interna que está ocurriendo o se está orquestando por parte de las autoridades económicas europeas y ciertamente españolas. Los que se dedican a la “ciencia” económica como actividad principal comentan más o menos convencidos que no ven otra forma de asentar la economía (digamos que española) sobre bases firmes e independientes de suceos puntuales o de noticias superficiales que la reducción salarial que acabará ganado competitividad exterior (y tanto más cuanto los precios vayan también reduciéndose o mitigando su subida). Solo así reduciremos eventualmente el déficit público, la deuda privada y finalmente la pública. Cuando el proceso sea percibido fluirá el crédito y la economía crecerá recuperando empleo. Los que no hacen de la actividad investigadora su actividad principal contraatacan diciendo que la devaluación interna es asimétrica pues los precios no bajan como tampoco lo hacen los márgenes de beneficios y que todo el peso recae sobre los trabajadores que siguen pagando los mismos precios para comer pero ven rebajados sus salarios o las prestaciones por desempleo o eventualmente pensiones y que, en consecuencia, habría otra forma de hacer las reformas menos onerosa para la clase trabajadora y menos penalizadora de la igualdad de la renta. Los académicos murmuran por lo bajito que en Alemania ya se pusieron de acuerdo sindicatos y patrones para contener los salarios y para ganar en eficiencia productiva a fin de frenar tensiones al alza de los precios y hasta se mencionan los Pactos de la Moncloa. Los no académicos rezongan que ya les gustaría que eso fuera posible aquí pero que no hay forma pues las reformas laborales siempre están sesgadas a favor del capital eliminando obstáculos al despido y otros costes o «impuestos» a la racionalización de plantillas. El contrato único que eliminaría la temporalidad de la que se aprovechan los patronos y los sindicatos (que solo cuidan a los afiliados), sería un buen paliativo de las injusticias y del desempleo, gritan los académicos con el solo efecto de irritar a los no académicos que gritan igual de alto que son los patrones, como siempre, quienes ganan en esta batalla entre agentes sociales.

    Es fácil imaginar que el tono sube rápido, que el guirigay está garantizado y que para tratar de rebajar los decibelios ya no sirven ni teoría ni datos pues tanto la una como los otros estarían a su vez sesgados por el poder mediante proceos que no se conocen muy bien. Y mientras tanto ni unos ni otros de los que discuten sufren sino que los más desgraciados son los que no pueden vivir dignamente y que, completamente ajenos a estas disquisiciones, contemplan asombrados el aumento de los índices de desigualdad.

    En estas circunstancias no es de extrañar que la reforma fiscal salte a la palestra de la discusión. Romper la maraña incomprensible de fraude y utilización inteligente de las deducciones que solo benefician a los fiscalistas es objetivo común de los que aquí estoy llamando (a la ligera) académicos y no académicos. Pero a partir de ahí reaparecen las diferencias ideológicas tradicionales sin que se consiga llegar a un acuerdo entre la redistribución y la distorsión asignativa. Nadie se acuerda de lo que se ha llamado, en el mundo académico, la imposición óptima y académicos o no parecen ponerse de acuerdo en penalizar a esa clase inalcanzable, inimaginable y en cierto modo prescindible, de los supermillonarios sin que a nadie se le ocurra tratar de atraer su mecenazgo para tratar de paliar un poco el desmantelamiento del Estado del Bienestar.

    Llegados a este punto a mí me parece que las diferencias ideológicas son genuinas y legítimas pero que no es fácil utilizarlas como explicación seria de los sesgos de la política económica deseable en un momento u otro ni como responsables de una u otra manera de ordenar las ideas. No veo necesario tratar de limar esas diferencias sino más bien afilar la política que es esa forma de interacción que permite tomar decisiones que a todos atañen de una manera civilizada tratando de aprender unos de otros. De hecho me parece que, si pensamos en la ideología como punto de partida para pensar seriamente, se nos hace inevitable concluir que la diversidad ideológica es muy importante a efectos de mantener un pensamiento vivo y no esclerotizado. Pero eso siempre que se puedan confrontar libremente y con igualdad de oportunidades de ser escuchadas. Si esto no es posible no podemos espera más que la «guerra» que, además de poder llegar a ser cruenta, es garantía de un pensamiento devaluado y manipulado.

  5. Parecidos razonables: Ruz y Turing

    turing-ruzHace tiempo que no me llaman la atención los parecidos como para ejercer mi capacidad fisiognómica. La última vez que me chocó un parecido fue cuando me largaba a Evora a le reunión de ASSET donde se inició la entrega del Premio FUE a la Diversidad. Seguramente esa dote natural mía tenía que ver con la ingesta de bollos suizos con chorizo a los que me aficioné después de la extirpación de la vesícula biliar y de la que hablé también aquí. Puede ocurrir que la nueva dieta correspondiente a la operación de corazón haya cegado mi vista o quizá se deba a la operación de cataratas. Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no me pasmaba ante una visión fulgurante como la que me abrió los ojos el otro día.Quizá ocurrió porque se acaba de convocar la cuarta edición del citado premio: el juez Pablo Ruz y Alan Turing son iguales como pueden ver comparando las imágenes del uno y del otro. Esperemos que mis poderes no hayan desparecido del todo y que acabemos por descubrir que el juez tiene las mismas capacidades que Turing para descifrar un enigma

  6. Hacia un nuevo relato LX: problemas de agregación

    10 may 2013

    Insistir en cualquier otro dentro de la familia hoy aceptable, no sería sino un Pretence-of-Knowledge Syndrome. En una situación así, que parecería insuperable con los instrumentos analíticos que poseemos hoy, no nos queda otra que utilizar el olfato que poseamos acerca del mundo real. El resto es wisfull thinking cuando estamos hablando del núcleo central de lo que llamamos ciencia económica.

    En el post anterior escrito en defensa de Niall Ferguson prometía volver sobre el nuevo relato a partir de un artículo de Caballero y de un viejo trabajo propio (co)publicado en La herencia de Keynes y que, como complemento al post en el que pretendía argüir que el nuevo relato se va abriendo paso, hoy voy a recordar brevemente sobre los problemas que puede causar en nuestro entendimiento de cómo funciona la economía la forma en la que agregamos los activos financieros en un modelo macro.

    Empezaré citando un párrafo del artículo de Caballero que, significativamente contiene en su título lo que suena como una admonición para abrir un nuevo camino o, como diría yo, para iniciar un nuevo relato: Time to deal with the Pretense-of-Knowledge Syndrome. El párrafo que deseo citar es el siguiente:

    What does concern me about my discipline, however, is that its current core —by which I mainly mean the so-called dynamic stochastic general equilibrium approach—has become so mesmerized with its own internal logic that it has begun to confuse the precision it has achieved about its own world with the precision that it has about the real one.

    Es un párrafo fácilmente entendible por quien haya seguido esta pretensión de ir construyendo un nuevo relato y, lo que es más importante, sugiere no confundir el mundo que creemos está ahí afuera y el mundo de nuestros modelos. Nuestros modelos macroeconómicos son siempre agregados y reflejan mundos imaginarios distintos según sea la forma de agregar. Lo que el trabajo propio citado trataba de hacer ver es que hay formas alternativas de agregar (en nuestro caso los activos financieros) que nos llevan a efectos de política económica contradictorios en el mundo imaginario y que, aunque disipemos la contradicción mediante apelaciones al mundo real, nos llevarán necesariamente a sesgos en la evaluación de la política económica en el mundo real.

    De acuerdo con la buena práctica teórica comenzamos construyendo un modelo sencillo de equilibrio general temporario (y con expectativas racionales) y con dinero que, además y a efectos didácticos, cuenta no solo con dinero, trabajo y capital, sino que, además, permitimos que contenga un mercado de futuro, el de manzanas mañana y dos biene sustitutivos tales como son una docena de huevos grandes y dos docenas de huevos pequeños. Como tenemos en cuenta un bien de capital resulta que podemos hablar de acciones como un activo finaciero con su precio y, como tenemos un bien de futuro contamos también con algo como un bono y un tipo de interés de dicho bono que se construye comparando las manzanas de hoy y las de mañana. Recordemos que además contamos con dinero cuyo precio podemos tomar como fijo en la unidad.

    Creo que podemos prescindir hoy de los problemas de agregar individuos (que, como sabemos, equivale a grandes rasgos a presumir que todos los individuos son iguales eliminando toda posibilidad de examinar posibles efectos distributivos de cualquier medida de política económica en nuestro mundo imaginario) o sobre bienes (sabiendo que solo lo podemos hacer cuando los bienes son perfectamente sustitutivos como serían la docena de huevos grandes o las dos docenas de huevos pequeños que siempre tendrán el mismo precio relativo si existen suficientes comedores de tortilla) y concentrarnos en distintas formas de agregación de los tres activos según sean el grado y el tipo de riesgo y el comportamiento de los especuladores, equivalentes a los comedores de tortilla. Consideremos dos alternativas. En la primera, que asociamos a Keynes, agregamos las acciones y los bonos y en la segunda, que asociamos a Tobin, agregamos el dinero y los bonos. Usaremos una u otra forma de agregación y, por lo tanto, un modelo u otro, dependiendo de la situación del mundo real que queremos analizar.

    El trabajo examina ahora un ejemplo debido a Leijonhufvud en su famoso libro de 1968 «On Keynesian Economics and the Economics of Keynes». Si no hay restricciones de liquidez las posibilidades de arbitraje existen en todas las direcciones y plazos y por lo tanto se pueden agrupar acciones y bonos (AB). En cambio si hay restricciones a la liquidez puede que no haya posibilidades de arbitraje en todos los plazos de renta fija de forma que sería más conveniente no confundir acciones y bonos y agregar estos últimos con el Dinero (BM). Pensemos ahora en que la autoridad monetaria decide incrementar la oferta monetaria M utlizando la recaudación fiscal para retirar bonos del mercado. En el primer modelo agregado de los dos construidos pensaríamos que M aumenta relativamente a AB y deduciríamos una caida del tipo de interés. En el segundo caso, es posible que A aumente relativamente a BM al aumentar M aunque haya disminuído B, de forma que el precio de A disminuya o lo que es lo mismo su tipo de rendimiento, igual al tipo de interés, aumente.

    Esta aparente discrepancia en los dos modelos no significa discrepancia cualitativa en el mundo real, pues en ambos casos predeciríamos un incremento de la inversión y en el empleo y en la demanda agregada. En el primer caso porque la inversión real depende inversamente del tipo de interés, en el segundo caso porque la inversión en acciones aumentaría financiando así los nuevos proyectos de inversión real. Pero la discrepancia observada pude generar problemas en la evaluación en el mundo real de la medida estudiada. Esto se debe a que, bajo la HER, la estimación de los parámetros del modelo estructural es distinto en un caso y en el otro y, por lo tanto, uno y otro ofrecerán estimaciones distintas de los efectos de la medida tomada pudiendo subestimar o sobreestimar sus efectos.

    Notemos que la ambigüedad anterior así como el consecuente sesgo predictivo son independientes de cualquier otra consideración sobre la familia de modelos a la que pertenece el utilizado en el artículo glosado aquí, de forma y manera que la concentración en un tipo de modelo, como podría ser el DSGE, no garantiza mejores estimaciones de los resultados de las medidas de política económica. Insistir en ese modelo, o en cualquier otro, dentro de la familia hoy aceptable, no sería sino un Pretence-of-Knowledge Syndrome. En una situación así, que parecería insuperable con los instrumentos analíticos que poseemos hoy, no nos queda otra que utilizar el olfato que poseamos acerca del mundo real. El resto es wisfull thinking cuando estamos hablando del núcleo central de lo que llamamos ciencia económica.

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