Fisio, masaje, gimnasia

Sesión de fisioterapia con acupuntura

Para mi sorpresa he recibido esta mañana la llamada de Alba, mi fisióloga del verano pasado en Foixà, y hoy al anochecer recibiré mi último masaje hasta septiembre. Hace ya unos días mi entrenadora se fue de vacaciones y mi ayudante, Agata, se ha ido de vacaciones. Desde mañana me puedo permitir no hacer nada por mi cuerpo. Pero no estoy seguro que eso sea lo que deseo. Son casi dos meses sin fisiología, sin masaje, sin entrenamiento y sin organización de papeles.

Hay amigos que me dicen no me abandone y que siga practicando todas esas actividades a mi manera. Se lo agradezco; pero tengo experiencia y se de antemano que me limitaré a comprar los periódicos, pasear por una u otra playa con algún chombito y mucha lectura sobretodo de ficción.

Otros amigos me aconsejan que intente escribir una vez más aquellas historietas inventadas que, al parecer, gustaron en su día. Me lo pensaré; pero lo que más me gustaría es iniciar un nuevo relato gordo. Ya veremos.

¿Cómo empezar?

La mesa del escritor

En el minipost de hace dos días comentaba cómo tengo que retomar la escritura en cuanto me libre de los líos preveraniegos. En este momento son ya las 18 horas de un día caluroso aquí en Madrid y el aire acondicionado me ayuda a pulsar la teclas del ordenador;pero no se de qué puedo hablar.Creo que las tardes debería dedicarlas a la ficción pues siempre queda la esperanza de salir a tomar una copa cuando ya se va haciendo de noche. En Sabiduría y Conocimiento que espero salga pronto publicada y que debe entenderse como una continuación de El Síndrome del Capataz el protagonista aparece como un alter ego del autor por lo que es atrevido hacerle cometer siempre al menos un crimen en el nunca es pillado en buena parte porque ese crimen no es del todo intencionado. Es decir podría tomársele como una mala persona. En el trabajo de este futuro verano desearía más bien colocarme como un tipo un tanto inmoral que, sin embargo, es liberado por la justicia por razones poco claras.

Tal vez el abandono del conocimiento y la búsqueda de la sabiduría hace de este futuro protagonista alguien ajeno a la moral lo que le permite no atenerse a la verdad y salir indemne de no pocas inmoralidades. Hoy al mediodía he terminado un librito de ficcción de apenas 120 páginas, La edad del desconsuelo de Jane Smiley, un ejemplo claro de la forma en la que me gustaría escribir por las tardes. No tiene nada de particular, excepto que su protagonista es un varón cuyo comportamiento está descrito por una mujer. Un matrimonio de dentistas con tres hijos llevan una vida rutinaria ganando bien en su doble clínica de odontología y cuidando de sus hijas con todo cuidado. Todo el misterio consiste en que el hombre cree percibir engaño por parte de ella; pero no dice nada ni cambia su actitud amorosa.

Quizá esto podría ser todo, la vida ejemplar de un matrimonio que se permite sus pequeños engaños sin caer en ningún momento en una ruptura a partir del odio generado por el engaño. No habría estado mal y la descripción de la vida de las niñas pequeñas, cada una con sus características podría hacer constituido una preciosa historia familiar. No había, al parecer, un final más normal. Pero llega la gripe y el matrimonio cuida de si mismos y de sus hijas con todo amor y sacrificio hasta que todos recuperan la salud.

Es justo en ese momento cuando ella desaparece un par de días y él confirma para sí mismo el engaño de ella que lleva tiempo sospechando. Hasta que un día cualquiera vuelve y sin aspaviento alguno dice que vuelve para quedarse. Fin de la novelita. Me ha recordado a mi deseo de describirme este verano como un tipo un poco tramposo, aunque no malvado, que por razones desconocidas no es acusado públicamente por esa otra persona que ha confirmado la trampa.

Zer egin

Todavía no estoy en disposición de escribir sin parar todas las mañanas y todas las tardes. Justo cuando comienza el verano se acumulan un montón de tareas que no puedes dejar para más adelante. Tendré que esperar hasta mediados de julio; pero a partir de ahí no tendré disculpa alguna.

Lo que necesito es una idea para comenzar y luego continuarla en direcciones no previstas. Lo primero es decidir si quiero escribir ficción o prefiero iniciar un ensayo sobre, por ejemplo, los cambios en la política y sus orígenes tecnológicos. O quizá una por la mañana y otra por la tarde.

El desorden creativo (II)

Lucha de clases

Hace un par de días escribí un post que pretendía ser el inicio de una nueva época de mi blog y llamar la atención sobre el desorden que nos abruma. Me refería sobre desorden político que podría derivar en guerras. De todo esto me parece que se deriva una enseñanza, creo yo. Lo indicaba en el párrafo final de ese post:

No me parece que las diferencias hoy vayan a derivar en guerras como las del siglo XX. En la situación en la estamos enfrentamos un dilema crucial. O dejamos todo en manos de tres o cuatro poderosos o quitamos el poder a todos. En el primer caso dejaremos de ser personas realmente libres aunque quizá una cierta idea federal mantenga el orden. En el segundo caso, más que un estado federal, aparecería un confederación de estados con pactos entre ellos, y no iguales para cada dos. En el primer caso primaría la igualdad entre Estados y en el segundo habría desparecido esa igualdad y nos encontraríamos con una infinita variedad justificativa de la admiración mutua y de la justificación del turismo cultural y enriquecedor.

Las reuniones de amigos de las que disfruto a menudo me confirman en esta última idea pues incluso entre amigos no hay forma de ponerse de acuerdo sobre casi ningún tema aunque no sea político. Por ejemplo ayer por la tarde-noche no había forma de convencernos mutuamente de que las serie televisivas se han comido a las películas o al revés y tampoco de que ello sería conveniente o no. En otros temas culturales, como la forma de organizar los museos de arte, por ejemplo, las divergencias eran igual de radicales. Por no hablar de si el turismo destruye a la ciudades o mejora su configuración.

Finalmente ni siquiera podíamos ponernos de acuerdo sobre si no sería ya el momento de volver hacia atrás en el tiempo y reavivar la lucha de clases y la profunda guerrilla anticapitalista. Para algunos ya estábamos en ella y para otros parecía imposible volver a ella. Y es aquí donde entra con toda claridad la movilidad que despliega lo que se lama confederación en política y que también se podría denominar así en la vida civil cotidiana en este mundo en el que entran en conflicto la desaparición de los pueblos pequeños asociada, por ejemplo, con la de nominada aquí la España Vacía y la continua y masiva migración del campo a la ciudad.

Llegará un momento en el que las ciudades se dividirán en barrios dentro de los cuales se instalará una cierta homogeneidad cultural dependiente de los gustos de cada uno, dicho así por simplificar pues hay gustos diferenciales de muy distinto tipo. Y como todos evolucionamos a lo largo de la vida es muy natural pensar en que el mundo no acabará siendo una guerra; sino más bien un continuo transitar de barrio a barrio o de cantón en cantón de modo que la medida del éxito y también de lo que hoy se llama felicidad sea un asunto totalmente personal. Cuando esto llegue, las reuniones de amigos lejos de un debate continuo será como un verdadero desorden creativo.

El desorden creativo

Esfuerzo periodistico

No se cómo es que he tardado tanto en enterarme, o ser consciente, de esta especie de desorden que nos inunda en todo lugar y en todo momento. Hace mucho tiempo que perdí la pista de la política española. Desde la renuncia de Rajoy, a las elecciones últimas en las que ha quedado al descubierto la heterogeneidad política en cualquier ámbito, el local, el comunitario o el estatal. Aun hoy, y a pesar del esfuerzo periodístico, soy incapaz de entender o reproducir qué partido político ha contado con más votos y en qué ámbitos territoriales. Y lo que es más importante en base a qué temas se explica esa distribución.

Pero esto podría ser aprehendido si no fuera porque los ámbitos se multiplican por todo el mundo. En América ya no basta con discernir entre la del norte y la del sur. La primera se divide ya en los USA y Canadá pues cada uno de estos Estados tiene o cree tener ideas muy distintas respecto a la inmigración. Es este último asunto el que hace bullir la central sin que desaparezca su habilidad para enredar en asuntos fiscales de cualquier persona de cualquier país del mundo. Y esto quizá o aparentemente la inmigración a la del norte, explicaría que Trump tenga una postura cerrada al respecto que parecería justificada por la finalidad de hacer a América grande o más grande todavía como ejemplo de todo lo que puede conseguir el mercado libre.

Rusia y China no han liberalizado el sistema económico, pero están mostrando que incluso sin mercado se puede crecer fuertemente. El stalinismo no es la clave de Rusia y China, parece ser, que ha sabido no olvidar a Mao aunque ha sabido asimilarlo constituyendo un país parecido a una escuela excelente. Y en base a la evolución de cada uno se han convertido en países de gran influencia en el resto del mundo de forma que, sin ellos, no se podría entender lo que ocurre en los países asiáticos especialmente los del sur. El ejemplo de Singapur es curioso como si fuera el único sitio en el que se ha aprendido de todos. E Israel no podría entenderse sin la influencia de todos los ámbitos geográficos mencionados más, naturalmente, Europa.

Europa, o mejor la Unión Europea, me parecía hasta ahora, el destino natural de gentes parecidas a mi y por las cuales merecía la pena estudiar economía. Pero todo esto puede cambiar y la Unión Europea puede desintegrarse pues no parecen casuales los problemas políticos nacientes no solo en el este sino en el seno de naciones que han sido ejemplo de mi generación. La movilidad entre sus gentes es tan grande que ya no sabemos quien nos ha enseñado qué. Quiero creer que al menos en África los países europeos tienen más generosidad que todos los demás que, sin embargo, se acercan a este continente aunque con finalidades totalmente poco generosas.

Pero este desorden no es nada si lo comparamos con el que se va creando en el seno de los muchos ámbitos que aparecen con bastante facilidad en los ya mencionados.

Texas parece que desearía independizarse, Quebec se las arregla para convivir con el resto de Canadá, Méjico sirve a los USA como frontera, Iberoamérica oscila entre extremos sociales sin llegar desde hace tiempo a iniciar guerras internas, Escocia quisiera ser como Quebec pero no le dejan, Bangkok se enfrenta al poder de China Continental, Rusia no permite ni siquiera opiniones sobre el destino de Ucrania, en África sí que hay guerras civiles, pero no perecen que sea independientes de intereses extranjeros. Y Europa ha dejado de ser el evidente y óptimo destino de la libertad.

Todo esto es cierto; pero no es todo ya que, aun dentro de cada país o lo que sea las diferencias aumentan rápidamente y por razones casi siempre correctas. Se discute por las diferencias económicas, por las brechas salariales, por el maltrato de las mujeres o mil otras cosas. A caballo de cualquiera de ellas se apelotonan en diferentes grupos con ideas divergentes que se acaban convirtiendo en partidos políticos con ganas de mandar. Y acaban haciéndolo por razones por ideas que parecían triviales pero que acaban siendo cruciales. A falta de otras cosas pensemos en el fútbol. Lo que era un deporte simpático para los recreos de un buen colegio, se ha convertido en una red de intereses financieros que incluyen las apuestas y la «compra»« de resultados por no mencionar la compraventa de los servicios de los jugadores. Y ejemplos como estos se podrían multiplicar ad infinitum

De todo esto me parece que se deriva una enseñanza, creo yo. No me parece que las diferencias hoy vayan a derivar en guerras como las del siglo XX. En la situación en la estamos enfrentamos un dilema crucial. O dejamos todo en manos de tres o cuatro poderosos o quitamos el poder a todos. En el primer caso dejaremos de ser personas realmente libres aunque quizá una cierta idea federal mantenga el orden. En el segundo caso, más que un estado federal, aparecería un confederación de estados con pactos entre ellos, y no iguales para cada dos. En el primer caso primaría la igualdad entre Estados y en el segundo habría desparecido esa igualdad y nos encontraríamos con una infinita variedad justificativa de la admiración mutua y de la justificación del turismo cultural y enriquecedor.

Tratamiento del Mal de Paget

Ironman

Ayer contaba en este blog que, a pesar de mi Paget pensábamos ir con unos viejos amigos de Los Angeles a Biarritz. Después de comentarles que ya teníamos las reservas, me encuentro horas más tarde con el siguiente texto enviado por Joe sobre el tratamiento del Page. Es un texto muy largo y en la traducción procuraré simplificarlo.

El Tratamiento puede controlar este mal; pero no hay cura «disponible». En cualquier caso lo primero del tratamiento son los biofosfonatos y quizá también la vitamina D y el calcio como suplementos. La ODS (Ofice of Dietory Supplements) recomienda para pacientes mayores de 70 años que tomen diariamente 1.200 mgs de calcio y 800 unidades internacionales de vitamina D.

Los Doctores también recomiendan la exposicion al sol, pues esto incrementa la generación de vitamina D por el cuerpo. Biofosfonatos y calcio deben ser tomados con dos horas de separación. Y continúan comentando las posibilidades de operar algún hueso y de tratamiento general de la persona afectada.

Esta información sorprendente ha tenido efectos ambiguos en mi espíritu. Por un lado me hace sentirme viejo y por otro justo lo contrario.

La noche de San Juan

Fuego - San Juan

Hace un calor excesivo y, por ello, no puedo salir de casa a pasear hasta que el sol se desplace unos grados hacia el horizonte de occidente. Ayer pagué bien mi inexperiencia esperando en la agencia de viajes del Corte Inglés a que llegara mi turno para despachar con mi agente favorita que en poco tiempo nos reservó el hotel que queríamos para nosotros y nuestros amigos en Biarritz a mediados de julio. Esperé sentado bajo el aire acondicionado con mis papeles en la mano. Creí que estaba venciendo al calor; pero para cuando terminé mi encomienda y salí a la calle sentí dolor de garganta y el comienzo de un extraño constipado que aun me dura.

Creo pues que no voy a poder acudir a la celebración de la noche de San Juan y saltar hogueras en el día más largo del año. Esto es algo que hacía de pequeño en Getxo y mucho más tarde cuando mi hija menor la celebraba en su colegio ya en Madrid. Dentro de unos días se casa y me parece que, en esa situación ya no me apetece insistir en costumbres sin sentido.

Y efectivamente celebrar lo que sea no me tienta estos días pues ese matrimonio que, si bien celebro por ser de su elección, a mi me hace sentir como si «todo hubiese terminado». He hecho muchas cosas en la vida y algunas me han salido bien y me han proporcionado alegrías. Pero ahora ya a mi edad no siento que tenga algo por hacer y lo único que se me ocurre es decir «ya está». Para esos no necesito saltar hoguera alguna.

Un día agotador

Ayer pasé el día en Barcelona o mejor dicho en la UAB que no está propiamente hablando en Barcelona; sino en Bellaterra o en San Cugat. Se trataba del estar presente en el patronato de MOVE del que soy presidente, reunión en la que tendríamos que examinar y aprobar las cuentas del año 2018 más otros muchos puntos importantes para el desempeño de esta institución.

El AVE permite ir y venir en el día sin excesivo cansancio y con tempo suficiente para, además de cumplir con la función charlar con jóvenes viejos amigos y disfrutar de un pica-pica estupendo. A pesar de todo volvía a estación de Sants con tiempo suficiente como para cambiar el billete reservado a uno que me permitiera tomar uno anterior. Pero, para mi sorpresa estaban todos llenos.

Así que tenía casi tres horas para pensar en mi ausencia de la Universidad y en las razones de dicha ausencia, algo que ya es conocido por los viejos lectores de este blog y que no pienso explicar a los nuevos.

Vuelta a mi vida

Mis experiencias con los miserables ya han dado de sí tanto como es posible y he superar las enfermedades y otras cosas chungas para reincorporarme a la casa y el patrimonio que nuca quemé. Resulta suficiente como para ir construyendo mi presente y preguntándome por él.

Ayudante de hostal

Llegar a un acuerdo con mi mujer respecto a mi estancia en casa y a mis noches experimentales no fue tarea fácil. Ella recordaba mi vieja propuesta de pasar un mes al año pasando cada noche en un hotel de buena calidad distinto en el que, además de dormir, pasásemos el día en él desayunando, almorzando y cenando, desplazándonos al siguiente hotel de nuestra lista a media mañana. Y nunca le pareció muy apetecible por lo que no es de extrañar que la nueva propuesta le diera unas enormes ganas de llorar.

Mi intención era seguir durmiendo en paradas de autobús dentro de una especie de ataúd de cartón, vestido con una ropa como de esquimal que guardaba en la mochila cuando muy de mañana resucitaba y me disfrazaba de mísero ciudadano. Y, como hasta ahora, pasar la noche del domingo en nuestra casa, después de haber cenado con un enorme apetito. Pero esta intención mía no era aceptable para mi mujer. Sin embargo después de bastante tiempo aceptó otro plan que a mi me parecía peor para ella.

Después de bastante tiempo experimentando diferentes lugares para dormir sin morir de frío me di cuenta de que me estaba desplazando hacia una zona vieja y fea de la ciudad pero en la que la parada de autobús estaba muy cerca de un hostal en el que entraban y salía muchos turistas que eran bastantes generosos con sus limosnas, probablemente por miedo a lo que aquel menesteroso podría hacerles. Poco a poco me hice con la confianza de los pocos empleados del hostal y acabé trabajando todo el día de empleado de ese hostal barato como inesperado especialista en recomendar lugares interesantes y restaurantes baratos además de indicar el medio de transporte más adecuado para el plan que quisieran llevar a cabo. Lo que me pagan equivale a dejarnos dormir a mi mujer y a mí en el hostal una o dos noches a la semana y a mí cualquier noche adicional especialmente fría en cuyo caso podría ocupar esa noche una especie de tienda de campaña que hay en el garaje del hostal.

Las limosnas que recibo las entrego al hostal y eso me permite almorzar en el comedor del hostal vestido como un caballero. Además este hostal posee una pequeña, pero bien elegida biblioteca que, si bien está a disposición de los huéspedes, me es permitido usar o, mejor dicho, nos es permitido, a mi mujer y a mí, examinar con cuidado contribuyendo a satisfacer el gusto literario de los huéspedes.