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Zarra y Beckham

Zarra

A pesar de la incredulidad inicial, y después de los muchos estudios realizados por sesudos profesores, hoy creemos saber que las TIC han traí­do consigo un aumento de la productividad y no solo en el propio sector de esas tecnologí­as, sino en todos los demás y en proporción al uso que hacen de ellas. Por otro lado sabemos que los salarios reales permanecen constantes lo mismo que la participación del trabajo en el PIB.

¿Dónde se ha ido el incremento de PIB producido por el incremento de la productividad? Quizá al capital; pero en buena parte, se nos dice, al incremento brutal de la remuneración de las “estrellas”, sean éstas los ejecutivos de las empresas que han incrementado sus beneficios o se trate de verdaderas estrellas mundiales como, por ejemplo, David Beckham.

O sea que tenemos dos problemas intelectuales simultáneos, por qué los salarios nominales han subido tan poco y por qué las “estrellas” han mejorado tanto sus percepciones. Hay ideas suficientes al respecto de uno u otro de estos problemas como para no comerse el coco con una explicación única; pero a esto nos dedicamos algunos. Por puro vicio supongo. Y tanto más disfrutamos con nuestro vicio cuanto más sencilla es la explicación. Pues bien, creo que lo que nos preocupa se puede explicar con las únicas ideas realmente importantes de la llamada ciencia económica: el coste de oportunidad y la competencia. Y lo más bello de todo es que ambas se reducen a entender bien lo que significa la sustituibilidad.

Pensemos pues en una situación simplificada en la que usted y yo, profesores de universidad, podrí­amos presidir, con igual eficacia, el Consejo Editorial de EXPANSION. Usted y yo somos sustituibles; pero yo estoy en este oficio antes que usted y gozo de la renta que me proporciona el statu quo. Mi coste de oportunidad es lo que ganarí­a en la actividad que mejor se me da, aparte de la de Presidente de esa institución. Pues lo que esa actividad alternativa (que en mi caso es la de profesor de universidad) me pagarí­a es mi coste de oportunidad. El suyo es lo que la pagarí­an como profesor de academia digamos. La diferencia entre lo que usted gana hoy como profesor titular de la Carlos III, por ejemplo, y lo que ganarí­a como profesor de la academia Pepe, en la calle de enfrente, es una renta que usted se apropia por el hecho de que usted sacó su oposición. La mí­a es la diferencia entre lo que gano en mi actual oficio y lo que recibirí­a de vuelta en la Carlos III.

Ahora bien ,en esta situación simplificada,la competencia erosionará mi renta. Usted, dándose cuenta que puede hacer lo mismo que yo porque somos sustituibles, ofrecerá sus servicios a la casa editora de EXPANSí“N por un sueldo menor lo que me forzará a ofrecer una rebaja de l mí­o y, en consecuencia, de mi renta. La puja a la baja continuará hasta que mi renta, tan hermosa ella, se haya disipado del todo. Para mí­ desde luego , pero para usted también porque ahora va a ganar aproximadamente lo mismo que ganaba en la universidad antes de ponerse a competir conmigo.

Pero, ¿y si no hubiera sustituibilidad? Pues entonces la competencia no disipa las rentas. Piense en Telmo Zarraonaindia ( “Zarra ”) y olví­dense del gol de Maracaná a botepronto y a pase de cabeza de Piru Gainza quie, en realidad, tení­a la cabeza solo para pensar.

Zarra era insustituible precisamente por su toque de cabeza. Allí­ surgí­a la suya, en medio de un grupo de adversarios y a pase de Piru poní­a el pelotón en la red el contrario. Se lo cuento como lo he visto con mis propios ojos. No compararé su cabeza con la de ningún estadista porque no hay ninguna a su altura, al menos en términos de emoción de un niño bilbaino que soñó durante años que metí­a un gol en Maracaná. Nadie pudo nunca pensar en erosionar la renta que, presumo, se apropiaba Telmo.

Pero hay otros muchos ejemplos de insustituibilidad y de rentas no erosionables. Pero hay que ser sutil en este punto.

Durante los setenta, los aficionados a la ópera discutí­a sin cesar las virtudes belcantistas de Caballé y Southerlad. ¿Por qué no se erosionaron mutuamente sus rentas respectivas?. Pues porque no eran realmente sustituibles . Por eso se discutí­a tanto sobre sus méritos relativos.

Siguiendo con las sutilezas, espero que no haga falta decir que no basta con la falta de sustituibilidad. Es necesario que lo que hago de forma única sea demandado. Kafka era único pero no habí­a mucha demanda por su obra, al menos en su propio tiempo. Por eso ganó toda su vida su escueto coste de oportunidad sin más. Pensemos en Pesoa que, he aquí­ otra sutileza, se disolvió en varios, quizá como una forma de preservar alguna renta. Es decir no hay que olvidarnos del todo de la oferta y de la diferenciación del producto para acceder a diferentes mercados.

Y sigamos meditando con intención sutil en el papel que puede jugar la restricción de la oferta. Lo que Julen Guerrero gana en el Athletic tiene un componente muy grande renta por la polí­tica de dicho equipo que solo contrata vascos. El universo de posibles competidores sustituibles es muy reducido.

El último ejemplo me sirve para homenajear ahora explí­citamente a mi í­dolo infantil. Zarra pagó mucho más cara la polí­tica del Athletic que Julen Guerrrero porque él si que no hubiera sido sustituible aunque el equipo de Bilbao hubiera cambiado su polí­tica.

Por eso, volviendo a mi pequeña lección de economí­a, quiero decir que si el incremento de productividad no permite que crezca mi sueldo ( que ya incluye una renta) no me importa si eso permite que la renta de un Zarra aumente.

Pero ¿no hay nadie hoy tan insustituible como Zarra? Desde luego que sí­. Yo así­ lo he sentido viendo jugar a Jordan con los Chicago Bulls, u oyendo a Kiri Te Kanawa cantar, por ejemplo, a Bernstein. Y todas estas personas geniales se apropiaban de una renta por encima de su coste de oportunidad.

El fenómeno es bien conocido y , en su dí­a, se pergeñó la teorí­a del salario de las estrellas para explicarlo. Como ahora podemos ver a cualquier genio mundial en la televisión , ya no nos interesamos por nuestro equipo local, sino por el mejor del mundo. Esto lleva a un diferencial muy grande entre un jugador del Receativo de Huelva (el equipo más antiguo de España, incluso más que el Athletic) y los galácticos malcriados por Florentino. No está mal como teorí­a; pero no es nada nuevo pues, como recordarán, ya he dicho que hay que tener en cuenta la demanda. Sobre todo esta teorí­a ingeniosa no hace falta. Basta con las ideas elementales y cruciales de la economí­a que pocos economistas manejan con propiedad.

Basta en efecto con la idea de sustituibilidad para entender el efecto beneficioso de la competencia disipadora de rentas que lleva a casi todos a no ganar más que su coste de oportunidad. Pero el casi es importantí­simo. Si no lo creen piensen en Beckham. Su toque de pie derecho es mágico y lo hace único e insustituible. No es solo que no hay nadie que pueda igualarle. Es que un pase suyo desde la parte derecha de la lí­nea divisoria a la cabeza de un compañero que merodea por el área pequeña enemiga es un ejemplo, quizá efí­mero, de la belleza, menos efí­mera,del David de Miguel Ángel que ha vuelto a presidir la Piazza de la Signoria de Florencia.

Cieren los ojos e imaginen un pase de Beckham a la cabeza de Zarra. Si son buenos lo verán un dí­a allá arriba. Quizá.

«Zarra y Beckham» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 2 de Marzo de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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