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Yates, Zizek, Sepúlveda y Baudelaire

El viernes pasado me fui al cine a ver Revolutionary Road ( basada en una vovela de Richard Yates) quizá para desquitarme de la imposiblidad de adquirir entradas para asistir al Jardin de los Cerezos puesta en escena por el Bridge Project que dirige Sam Mendes, justamente el director de Revolutionary Road y esposo des maravillosa protagonista, Kate Winslet.

¿Que porqué hice esto? Quizá son esas coincidencias reseñadas o quizá el trabajo subterráneo que produve esta crisis económica en un hombre mayor como yo que ya pertenece a las clases pasivas a todos los efectos administrativos. Quizá, quién sabe. Pero lo relevante es que esa tarde volví a sentir la comezón que un día me llevó por un camino no trillado en busca de mis límites y de los límites de las cosas de la vida. Digamos, sin más explicaciones, que todo ello hace más de treinta años. Venderlo todo y largarse a París para encontar el filón de la creatividad recuerda al pasaje evangélico de deshacerte de todo, dárselo a los pobres y seguir al Cristo, solo qu eni Frank Wheeler ni su mujer Apri se piensan lo de entragarlo todo a los pobres.

Desde ese día estoy obsesionado, para deseperación de mi mujer quien en su día me regaló un París, con un nuevo Paris, con un cambio de dirección, de marcha, de vehículo e incluso de carretera. Partir a la búsqueda de la libertad con todo su peso, al encontronazo con la realidad con toda su contundencia.

¿Cual es esa dirección? Releo al Zizek de In Defence of Lost Causes y me enardezco con él tratando de reconocer el ansia de realidad y de libertad que subyacía a todos lo errores históricos que han discurrido por caminos paralelos al mío y que tuve la suerte de no transitar.

Sí, digo suerte y lo digo después de devorar en la fiebre del fin de semana La Sombra de lo que fuimos de Luis Sepúlveda ( una recomendación de Kueli). Envuelto en el barroquismo latinoamericano ecuentro el sabor dulce del patetismo de revolucionario sesentayochista que se torna amargo y que le quita a uno las ganas de buscar otro París a esta edad en la que hasta los andares se resienten.

Ya no cabe buscar lugares míticos, el mundo es ya plano y requeteconocido, ya no hay lugar para las revoluciones con sangre. Queda eso sí el retorcido espasmo del orgasmo intelectual de los Eurekas. Y el dandismo retador frente a tus semejantes.

Como el de Baudelaire…

uno de tantos jóvenes que buscan una manera de reaccionar contra una socieda uniformizadora. Cultivó la diferencia entre él y sus semejantes excavando un vacío cultural. No quiso “la fama vulgar de una buena pesona”

Recuerdo mi obsesión con las distancias y me consuelo un segundo como si me sintiera de la estirpe de Baudelaire: pero se evapora el entusiamo con el primer pinchazo de la artritis.

No merezco un segundo Paris. Por eso no tengo más remedio que robarlo.

«Yates, Zizek, Sepúlveda y Baudelaire» recibió 0 desde que se publicó el Martes 21 de Abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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