Y vendrán sospechosos ruidos

por | domingo 28 de julio de 2013

martillo neumaticoDespués de bastantes años hemos conseguido una especie de paz espiritual libre de ruidos molestos. El aire acondicionado nuevo apenas si susurra. La limpieza de la piscina es solo un sustito intempestivo que siempre acaba en una sonrisa, el futbolín de Can Quel parecería haber desaparecido y las campanas de la Iglesia, o bien no las oigo pues duermo como un lirón, o el Ayuntamiento nos perdona el sueño de 12 a 7.

Sonriente y descansado salgo a andar por uno u otro de los caminos que he ido midiendo en duración y en pendiente media. Hoy, después de una cena nada frugal ayer y de la correspondiente noche toledana, no podía atreverme a caminar los cinco kms. habituales y he decidido tomar el camino que me lleva al Castillo y me devuelve al pueblo como en un atajo. Es cómodo deslizarse pendiente abajo para luego (pero ¿a quien le importan los pocos minutos que comenzarán dentro de diez?) volver a ascender hasta la carretera que lleva del Castillo a la carretera que es el punto más bajo entre el Ayuntamiento y el Castillo donde estaban instalando lo que mañana será sin ninguna duda un enorme martillo pilón supuestamente destinado a arrancar las piedras viejas que dificultan la circulación de bicicletas para luego asfaltar la zona para comodidad de los ciclistas, seres raros que por aquí pululan en bandadas que tampoco me tranquilizan mucho.

Digo «supuestamente» pues en cuanto empiece a resonar ese ruido infernal del martillo mecánico todo puede pasar, incluido el atentado del que hace un par de días comencé a temer arrastrado por mi habitual manía persecutoria veraniega.

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