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Y tras la calma ¿qué? (II)

Volviendo a la aparente calma chicha de la situación económica general a la que me refería en el último post quiero sugerir que quizá el momento sea delicado y propicio a la sospecha para pues el caso de Europa empieza ya a irritar a los Estados Unidos y a los organismos internacionales. Esto no es de extrañar pues debe de ser difícil aguantar la absoluta ineficacia ante los problemas de Grecia que solo son cuestión de aritmética y de distribución del sacrificio que esa aritmética exige. Es claro está crucial que lo que vaya a pasar estos próximos días condicione el futuro de la economía global pues los países como China o Brasil, por poner solo dos ejemplos, no pueden continuar solos durante mucho tiempo sin que su propia tasa de crecimiento se resienta.

Es en efecto crucial lo que pase estos días en la negociación de la troika con las autoridades griegas y de esta últimas con los bancos europeos pues está en juego no solo la declaración de bancarrota del país heleno el 20 de marzo sino también la salud de no pocos bancos que juegan en el mercado de CDSs a que ese arreglo será voluntario pues si no lo fuese por parte de los acreedores los bancos o entidades emisores de esos derivados se verían una vez más en serios aprietos. Es un peligro lo suficientemente real como para que ese acuerdo voluntario acabe imponiéndose. Si así es continuará la calma, pero si no es así entraremos en una situación realmente extraordinaria que es difícil hasta de imaginar más allá de la retahíla conocida sobre el contagio de otros países, la disolución del euro, el efecto negativo sobre la economía estadounidense y etc.etc. Pero a mí gustaría elucubrar, por el mero gusto de hacerlo, sobre la forma de continuidad del capitalismo en caso de que los malos augurios se hagan realidad.

Desde luego me parece perfectamente posible que, ante el empecinamiento de unos y otros, ya sea demasiado tarde como para creer en la continuidad del capitalismo tal como lo conocemos. Casi todo apunta a cambios bastante drásticos. Desde los movimientos de ocupación, más o menos significativos, a la demanda de la nacionalización de la banca por parte de una izquierda tradicional, pasando por la existencia acusadora de una generación perdida, por modificaciones exigibles en la gestión inmobiliaria, y sobre todo, por la carrera profesional, y en definitiva la forma de vida, de los jóvenes estén o no integrados en movimientos de ocupación. Estos jóvenes ya no van a tener más remedio que asumir que Monti podría estar en lo cierto y que su vida va a ser muy poco aburrida pues van a cambiar de puesto de trabajo y de país mucho más a menudo de lo que lo hicieron sus padres. Pero esto no es trivial.

La tempestad puede surgir justamente de esos desplazamientos de jóvenes en edad de trabajar y de su generalización de forma que se haga realidad una verdadera globalización que junto a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación ponga en juego ideas económicas básicas a través de su capacidad para tejer redes y acercarse a una economía que, debido a las economías de escala por el lado de la demanda, pueda empezar a denominarse con propiedad como economía de la abundancia. Es necesario volver a mirar a aquellas ideas de los años de la burbuja punto.com que, como siempre, se abandonaron antes de reconocer su potencia. El efecto Mateo o una forma de tejer redes parecida a dicho efecto en cuanto a sus efectos, puede hacer surgir esta vez en serio y debido a la disponibilidad de jóvenes bien formados, negocios inimaginables que generen mercados nuevos que prosperen hasta donde no imaginemos. Nuestras nociones teóricas más elementales se ponen en juego y, lo que es mucho peor, convicciones políticas deberán de ser revisadas dando origen a tensiones difíciles de desactivar. Por ser breve no me detendré sino en algunos ejemplos simples. Será muy difícil mantener durante mucho tiempo posiciones de monopolio sin tener que dedicar mucho tiempo a su defensa incluso por medios nada santos ya que la mera competencia no bastaría dados precisamente esos nuevos rendimientos crecientes que trabajan a favor de cualquiera. La defensa de esos privilegios adquiridos puede doblegar a gobiernos con convicciones poco democráticas y estos movimientos tectónicos pueden desembocar en reorganizaciones políticas que hagan emerger nuevas formas de convivencia.

Frente al pensamiento inercial que traduce la globalización en mayor centralización y más férrea jerarquía cabe pensar, como horizonte teórico, en superficies de poder horizontales y hasta deslizantes.

«Y tras la calma ¿qué? (II)» recibió 2 desde que se publicó el martes 7 de febrero de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. javier dice:

    Ese panorama que describe, supone un cambio radical, un cambio de paradigma (no se por qué pero no me gusta esta expresión), ¿van a permitirlo los poderes económicos?

  2. Juan Urrutia dice:

    Supongo que no, pero ¿cuando han permitido esos poderes algo?

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