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Words and Pictures

Eso que a veces nos deja con la boca abierta sin saber porqué y que pensamos nos ha dado un subidón, ¿se consigue más fácilmente con la literatura (words) o con la pintura (pictures)?


El domingo rejuvenecimos un poco saliendo a comer a un garito cualquiera sin reserva y caminando luego hasta el cine en donde en versión original y a las cuatro de la tarde pudimos ver sonrientes y con distanciamiento una comedia romántica simpática aunque obvia.

En «Words and Pictures» dos seres enfermos y perdidos coinciden en un High School privada en un lugar anónimo de los USA como profesores de Literatura Inglesa él y como profesora de Arte ella. Lo que ya es menos obvio es el tema que mueve la acción romántica. Se trata de discutir no tanto en qué consiste eso que a veces nos deja con la boca abierta sin saber porqué y que pensamos nos ha dado un subidón que solo se puede interpretar como una apertura a lo infinito, sino más bien si ese subidón se consigue más fácilmente con la literatura (words) o con la pintura (pictures).

El camino de vuelta a casa fue como un calco de muchos paseos de nuestra juventud bien caminando por la nieve de Boulder después de una escapada al cine, bien volviendo a casa en Bilbao discutiendo sobre la Nouvelle Vague después de haber asistido a una sesión casi incomprensible, o bien entre película y película de las varias que visionábamos en París en un deseo de huir de la censura del régimen franquista. El centro de la discusión era siempre el mismo:si la película correspondiente había sido capaz de abrirnos los ojos a la belleza, a lo inefable, a eso que piensas nunca poseerás para siempre y de lo que solo podrás disfrutar durante unos instantes reveladores y misteriosos.

Desde esa juventud más o menos despreocupada nunca hemos dejado de preguntarnos por el cómo del subidón. En mi caso qué es ese extraño sentimiento que me ocurre en los primeros compases de la Obertura del Buque Fantasma de Wagner. En el caso de mi mujer un cierto concierto de violín ejecutado por Anne Sophie Mutter. Y el domingo volvimos a notar que no son las palabras, no es el arte plástico, es la música.

Pero hoy me ha entrado la duda sobre la naturaleza de esta apertura a lo inefable. He retirado la manta de plástico que cubre nuestra pequeña piscina y he descubierto que la superficie del agua estaba cubierta con esas pequeñas flores de los castaños del jardín que con su muerte nos recuerdan el renacer de la vida. Solo faltaba Ofelia para que los prerrafaelitas acudieran a mi me mente encaramados en la memoria de esa representación de Millais.

Pero Ofelia es pintura, una picture, pero también es parte de la literatura pues es nada menos que la insensata prometida de Hamlet («words, words, words») al que éste, en su deseo de salvarle de su propia locura, le manda que se encierre en un convento. Me pregunto si la película del domingo no estará descaminada y si será imposible leer sin imágenes o mirar sin palabras. Mi duda no es neurológica, sino algo todavía más complicado, algo relacionado con lo que los anglosajones llaman a good life y que me ronda la cabeza desde hace tiempo cuando topé con los prerrafaelitas y sus continuadores en una exposición en París que, quizá gracias a Oscar Wilde y a los miembros de Bloomsbury me proporcionó un buen subidón.

«Words and Pictures» recibió 2 desde que se publicó el martes 5 de mayo de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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