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Viernes Santo

Hace bastantes años y con mucho recelo, defendí­, en un par de trabajos incluí­dos en La Mirada del Economista (Biblioteca Nueva, madrid,2005 ) que para superar el terrorismo de ETA y librarnos de sus efectos devastadores, deberí­amos combinar dos actitudes.

En cuanto a su comprensión teórica serí­a necesario aceptar la complejidad del problema huyendo de simplismos gratificantes y en donde lo de complejidad se consideraba en términos más o menos técnicos diferentes de la mera complicación.

En cuanto a la eliminación práctica del terror me atreví­a a sugerir que no se deberí­a rechazar la negociación aunque no pudiéramos explicitar su objeto y que, llegado el caso, deberí­a admitirse la mediación exterior a efectos de de no caer en el sesgo cognitivo que todos sufrimos.

La Mirada apareció en la segunda legislatura del PP y las anteriores sugerencias no eran admisibles por el poder ni siquiera como ideas discutibles. A pesar de ello y de mi natural prudente, traté de no dejar que la autocensura inducida durara mucho, de forma que hace poco añadí­ dos “herejí­as” más a las anteriores.

En Paz, Negociación e Independentismo, aconsejaba renunciar a la terminologí­a bélica en el tratamiento del problema por parte de los responsables de la lucha antiterrorista y de todos los involucrados y sustituirla por una terminologí­a criminológica.

La primera regala a ETA el status de parte a derrotar en un conflicto bien definido como guerra, en este caso de liberación nacional, mientras que la segunda trata a la organización como un agente criminal del que solo cabe hablar en términos de reinserción y de otras cuestiones similares como , por ejemplo, el tratamiento carcelario.

Asimismo destacaba lo que me parecí­a una contradicción. Que, si como dice el poder de vez en cuando, se puede ser hasta independentista dentro de la Constitución, no veo porqué nadie se puede rasgar las vestiduras porque un grupo que lo sea ( como ERC por ejemplo), y en un momento determinado, condicione la polí­tica en una dirección determinada.

Hoy, primer Viernes Santo después de la declaración de un alto el fuego permanente, quiero añadir a las “herejí­as” que acabo de recordar, unas breves apostillas al hilo de una remodelación ministerial que parece querer reforzar las posibilidades de éxito de esta oportunidad para eliminar el terror de nuestras vidas.

Primera apostilla. La sugerencia de abandonar esa terminologí­a bélica que pretende dejar claro quién ha vencido en la guerra, se ve reforrzada por la evidencia de que ETA, en un cierto sentido, ha vencido ya. En el mismo sentido en que venció el amago de golpe de Estado de Tejero y compañí­a en 1981, momento en que comenzó a gestarse la LOAPA que abortarí­a el despegue del espí­ritu que realmente vivificaba el Estado de las Autonomí­as. Similarmente ETA ha escorado en serio a todo el nacionalismo, al menos el vasco, hacia la autodeterminación. Recuperar el espí­ritu del Estado de las Autonomí­as ha llevado mucho tiempo. Frenar la reivindicación del derecho de autodeterminación tampoco va a ser inmediato, en caso de que se consiga.

Seguda apostilla. Todo es siempre negociación, incluso en el caso de un ejército victorioso e incluso cuando la situación jerárquica esté bien establecida. Como cualquier economista sabe, el monopolista confronta un lí­mite en la explotación del excedente del consumidor, limite, que si es sobrepasasdo, lleva a ese consumidor a eliminar el producto del monopolista de su cesta de la compra.

Tercera apostilla. Hoy, esta evidencia de la naturaleza universal de la negociación se torna problemática al reformularse sobre el precio máximo que podemos pagar al monopolista de la extorsión. Que esto es problemático, más allá de la retórica que denuncia cualquier precio, aparece como evidente si damos la vuelta a la pregunta y nos preguntamos por cual es lo mí­nimo que tenemos que pagar para enervar su victoria disfrazada de derrota.

Que la cuestión no es fácil se evidencia otra vez si recordamos las protestas de Keynes sobre las reparaciones de guerra que se impusieron a Alemania al final de la primera guerra mundial cuando no se quiso derrotar sino llegar a un armisticio. Como he sugerido eliminar las referencias a la victoria militar tengo que confrontar las advertencias de Keynes y reafirmar que hay que proceder con cuidado y finura pues de lo contrario puede pasar como en Alemania, que se dejó vivo un rescoldo en lugar de transformar todo en cenizas.

Cuarta apostilla. La cuestón de las tasas de intercambio, necesariamente envueltas en este alto el fuego permanente, nos llevan a hablar de presos y de autodeterminación. La reivindicación del derecho de autodeterminación es o inevitable o apenas reconducible a través de la deriva hacia una concepción confederal. En cuanto a los presos de ETA hay que recordar que, si bien parece obligado no aplicar medidas imprevistas, la redención de penas y el llamado acercamiento están previstas y será muy dificil negarse a aplicarlas si la permanencia del alto el fuego se verifica.

Quinta apostilla. ¿Y las ví­ctimas?. Todos somos ví­ctimas aunque unos más que otros. Los muertos desgraciadamente solo pueden obtener memoria y honra y negárselas serí­a enfermizo. Sus familiares deberán disponer del apoyo social que necesiten, sea psicológico, moral o económico, aunque su opinión polí­tica en esta materia no pueda privilegiarse. Y todos los demás, con o sin guardaespaldas, con o sin la precaución de vivir erráticamente, merecemos espantar el miedo.

Ojalá estas apostillas y las “herejí­as” previas que las han incitado sirvan para encauzar el proceso hacia la erradicación del terrorismo de ETA; pero no cabe imaginar que todos ganemos. Unos ganaremos y otros perderemos, unos más y otros menos. De ahí­ que el asunto no sea obvio en ninguna de sus dimensiones, que haya que dejar trabajar a los que saben lo que hacen y que cada uno de nosotros debiéramos estar preparados para perder algo si fuera necesario.

Me he atrevido a decir esto último porque es Viernes Santo y, con independencia de la fe que nos anime o nos falte, está en nuestra cultura que una vez el hijo de Dios tuvo que morir para redimirnos a todos nostros de nuestra estupidez y de nuestra desmemoria culpable.

«Viernes Santo» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 14 de Abril de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. davidr dice:

    Aplaudo con entusiasmo la iniciativa de sustituir los terminos belicos por “criminologicos”, esta es una batalla en la que llevo tiempo, pero por motivos distintos. En mi opinion el uso de terminos belicos permite al terrorismo disfrazarse y adquirir un status moral distinto del que realmente tiene, establece una simetria respecto de la legalidad y del derecho que no debemos admitir. De hecho, no tendria que requerir un esfuerzo sustituir este lenguaje confuso por el “criminologico”, ya que este es el propio y natural y deberia emplearse espontaneamente. Por ello el uso del lenguaje belico parece parte de una estrategia que explota las caracteristicas que he citado como instrumentos de propaganda.

    La aparente contradiccion presente en admitir el independentismo como opcion politica y a la vez denunciar que condicione la politica española en su totalidad no es tal. Lo segundo es en esencia la denuncia de cualquier desproporcion democratica (grave problema no resuelto por la democracia), de la que la situacion de ERC no es mas que un caso particular. Por tanto los terminos de las dos partes son distintos y la contradiccion desaparece.

    El ultimo asunto del que escribo es el de la negociacion. Curiosamente esta ligado al primer punto, y a traves de este la cuestion se simplifica deliberadamente y la solucion aparece: En tanto en cuanto ETA es crimen, se trata con la ley. Todo lo demas es un problema creado a partir de la equivocacion de sustituir crimen por conflicto, cosa que nos lleva manipulativamente hacia la negociacion. El fin del terrorismo es tan sencillo como que los terroristas (y potenciales) voluntariamente dejen de asesinar. Si no tenemos fe en esta posibilidad, que fe podemos tener en la ley y en la moralidad? Quien me tache de ingenuo debe entonces tambien salir a la calle con una pistola para defenderse de todo conciudadano ya que, si a sus semejantes no se les a ofrecido ninguna contrapartida por comportarse dentro de la legalidad, porque entonces van a dejar de aprovechar la oportunidad de asesinarme/robarme/extorsionarme para obtener X?

    La negociacion es un error de concepto, elevar la necesidad de solucionar un problema por encima de nuestros principios, justamente lo mismo que el GAL.

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  1. […] naturalmente. He recordado que aunque ahora es la consigna la cosa viene de lejos y que ya dije algo al respecto al comienzo de la tregua permanente, algo de lo que no me arrepiento aunque citarlo estos días en […]

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