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Vergüenza y culpa o violencia

El viernes por la noche fui al Golem a ver, por fin, Disgrace, algo que he querido hacer desde que se estrenó por aquí pero que no había podido realizar pues la falta de éxito de taquilla la ha mantenido en pocos cines de VO y a horas imposibles para mí. Con el comienzo de curso le han dado una nueva opotunidad y eso me ha permitido “leer” bien lo que “ví” cunado ya, hace al menos dos o tres años, leí la novela del incomparable J.M. Coetzee.

La pélícula no tiene el ritmo adecuado y su potagonista,ese John Malkowitz tan admirado por mí como actor, naufraga con elegancia dotando al personaje del profesor David Laurie de un sesgo vampírico y psicológico que desvía la atención de lo que es real y sustancialmente algo épico.

Esa es la fibra que me interesa, la épica, es decir la visión que tiene un colonizador blanco de la explosiva situación de Sudáfrica justo antes de la vuelta de Mandela. No gustó lo que Coetzee parece que dice y no es de extrañar que, al final, este grandísimo escritor acabara en Australia donde parece que le dejan en paz.

Pero no es una narración épica cualquiera; sino una nueva Antígona ( aquí desdoblada en padre- David- e hija- Lucy). Se trata a mi jucio de una protesta seria contra la dictadura de las Luces encarnadas en instituciones pretendidamente civilizdas. Tanto padre como hija luchan, cada uno a su manera- de forma que les cuesta entenderse- conta las instituciones que tanto admiramos. Veamos.

David Lurie es sometido a una comisión de investigación de sus pares en la Universida para discernir si su relación con una alumna ha sido solo una falta excusable en caso de arrepentimiento o si, más seriamente, se ha tratado de un abuso intolerable. En los minutos en que la cámara nos muestra esta especie de tribunal “bienintencionado” sí que brilla la calidad de Malkowitz encarnando aun hombre ya mayor desencantado con todo lo que no sea sexo, poesía y música. Como Antígona, David rehusa jugar el juego al que quieren someterle y admite sin siquiera leerlos todos los cargos de los que se le acusa en base a la declaración de su estudiante-amante, una mayor de edad de origen indio ennoviada con un negro altanero consciente de los derechos que la civilización concede. El profesor secretamente deseoso de ser expulsado aprovecha la ocasión para denunciar la estupidez de los valores pretendidamente civilizados negándose a mostrar vergüenza o culpa o a expresar ningún remordimiento genuino. Le sobre testorena, eso es todo.

Este incidente le lleva retomar el contacto con su hija Lucy que, abandonada por su amante, saca adelante una pequeña granja en un lugar desolado donde se cuece el resentimiento de los negros que ella amite como natural negándose a cercar la finca, hacerse con un arma de fuego o ampararse bajo las instituciones policiales que impondrían la ley para su protección.

El padre, que ha despreciado las instituciones pues hay algo más importante que la ceremonia del arrepentimiento, se encuentra ahora con una hija que rechaza la persecución civilizada de sus violadores pues sabe que es parte de la inevitable, y posiblemente justa, venganza del colonizado y oprimido. Antígona otra vez recordándonos que hay una ley anterior a la Ley, un imperativo fatal que derramará la sangre que sea necesaria para liquidar el pasado y poder decir todos juntos: “now is allright” extrañamente reminiscente del “todo está consumado”.

La épica de la liberación exige violencia y si ridículas son las comisiones encargadas de velar por la corrección política, más ridículos son los intentos de solucionar policialmente lo que, lejos de ser una violación, es un grito de salvaje liberación.

Optar por las Luces y sus instituciones es lo razonable y lo que hecemos todos los que nos creemos buenos ciudadanos. Pero esparar que sea la opción ganadora es una muestra más de falta de comprensión de lo que va este mundo en el que habitamos las fieras. Inteligentes, eso sí.

El, Coetzee, sí que lo sabe y nos lo cuenta con total maestría. Ni culpa ni vergüeza sirven para nada. Malkowitz borda la escena en la que finge arrepentimiento ante la familia de su alumna-amante. No hay en él ni una brizna de culpa o vergüeza. Ya ha entendido que su hija tiene razón y que solo después de la violencia puede sonreir a su hija lesbiana y contemplar admirado el nuevo paisaje fértil que borra y sustituye a la tierra reseca, hostil y estéril.

«Vergüenza y culpa o violencia» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 20 de Septiembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Hola, Juan,

    Hace semanas que no encontraba la manera de dejar comentarios en tu blog. Ahora lo he conseguido y aprovecho para felicitarte por esta entrada. Leí el libro hace no mucho y me apunto a tus reflexiones.

    Un saludo.

  2. Juan Urrutia dice:

    Gracias JoseLuis. ¿Qué me cuentas de tu sabático?

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