Desde mi sillón

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Veranos

Es posible que escribir signifique rellenar los espacios blancos de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas. El miedo, ha escrito Canetti, inventa nombres para distraerse; el viajero lee y anota nombres en las estaciones que deja atrás con su tren, en las esquinas de las calles a donde le llevan sus pasos, y avanza un poco aliviado, satisfecho por este orden y ese ritmo de la nada…

MAGRIS_danubio1No todos los veranos son iguales, incluso cuando transcurren en el mismo lugar, quizá porque nosotros no somos los mismos ni un breve espacio de tiempo. Desde que venimos a Foixà como jubilados en julio y agosto yo he seguido año tras año una misma rutina consistente en venir a mediados de julio con una maleta llena de esos libros que en el momento me parece que son los que me toca leer, sea porque contienen obras literarias con las que no he tenido tiempo de meterme en serio, sea porque se trata de ideas de teoría económica enviadas por amigos en activo y que me gustaría degustar, o sea porque son best sellers que solo cuando dispongo de mucho tiempo estoy dispuesto a hojear, bien para disfrutar, bien para tirar a la basura.

A pesar que mi actitud es más bien pasiva y mi intención es disfrutar de lo que otros han escrito, hasta este verano me las he arreglado para mantener el blog activo e incluso a atreverme con pequeños relatos de ficción como aquellos que escribí sobre mis bañadores pasados de moda, sobre la aparente persecución de la que fui objeto por parte de la marca de automóviles Skoda o sobre la residencia canina Herr Kan. Sin embargo este verano la tecnología me ha fallado y, después de un ataque informático, el segundo en pocos años, he tenido que cambiar las contraseñas, mi ordenador se ha resentido y no me deja entrar en mi blog para redactar pretextando que mi contraseña no es correcta. Me asombra lo poco que me ha indignado esta circunstancia y la cara de tramposo que se me debe poner cuando aprovecho la situación para no dar ni golpe y leerme varios periódicos diarios entre piscina y playa. Pero en todo esto hay otro aspecto menos frívolo sobre el que me gustaría reflexionar un poco.

En efecto, ocurre que asocio ciertos libros con acontecimientos para mí importantes. Recuerdo a este respecto lo que leía cuando me dio el infarto o cuando descubrí que tenía una enorme piedra en la vejiga. Estos acontecimientos son bastantes recientes, pero ha pasado el suficiente tiempo como para que nunca haya tratado de asociar las lecturas correspondientes con reflexiones de viejo sobre el sentido de mi vida hasta el momento.

Hace varios veranos fue Joyce y solo el pasado verano se trataba de Proust. Recuerdo cómo creía encontrarme con fuerzas como para pasarme a la literatura y escribir una novela corta sobre mi ciudad como hizo este genio anglo-irlandés sobre Dublín desde la lejanía de Trieste. Que esto no se quedara en un intento sino que ocurriera de verdad, no tiene interés ahora (aunque mi editor me diría que aproveche la ocasión para citar el producto resultante). Lo que me hace casi llorar es notar cómo este verano el paso de los años, acompañado de mi ignorancia de la informática que me impide remendar el ordenador, debilita todas mis fuerzas y ni acudo al informático de la zona ni me empeño en sacar adelante un relato o un ensayo sobre la falta de sentido que uno empieza a descubrir incluso en los momentos culminantes de una vida ya larga.

He de hacer un esfuerzo y tratar de entender qué relación hay entre mi libro obligado, que en este caso es El Danubio de Claudio Magris, y mis sentimientos tristones de un tipo que siente que sobra. Y no solo en las fuerzas productivas del mundo sino incluso en las cenas de amigos. No encuentro ningún punto fijo al que agárrame de forma que no solo no encuentro el sentido a nada sino que tampoco llego a pergeñar una manera aceptable de acercarme un poco a un falso absolutismo.

Magris dice, refiriéndose a un escritor desconocido por mí que:

Aquella sintaxis era también el espejo del Sacro Imperio romano del cual se preguntan, en el Fausto goethiano, como conseguía mantenerse de una pieza, las frases de Jean Paul, que parecen todas subordinadas sin principal y colgantes en el vacío o por lo menos sostenidas por un centro difícil de descubrir, reflejan una conjunción político-social superpoblada de periferias, particularismos, derogaciones, cuerpos separados y estatutos especiales y desprovista de una firme estructura central, como era el imperio alemán entonces próximo a su fin incluso formal(p.76).

No me gustaría que esta cita se quisiera leer como relacionada con propaganda contraria a los deseos de independencia de muchas regiones en el mundo de hoy, sino como un reflejo de mi falta de fortaleza intelectual para inventarme ese acercamiento a un cierto absolutismo que juegue el papel de esa fortaleza que te permite mantenerte de pie. La siguiente cita de hecho acoge ambos aspectos:

Una perspectiva meramente terrena, historicista, es dogmáticamente brutal respecto a lo que parece secundario y menor, Grillparzer acusa a Napoleón de apuntar directamente a la «haupt sache», a la cuestión principal, descuidando la «Nebensache», lo que parece marginal y secundario, pero que, a los ojos del poeta austríaco defensor de lo concreto, posee, sin embargo, su dignidad autónoma y no debe ser sacrificado por el proyecto totalizante y tiránico (p.75).

No me gustaría que esta cita fuera interpretada como la defensa de la unidad política, sino como la manera de «mantenerse de pie» entre las tentaciones de tumbarse a olvidar los problemas aparentemente menores y solo de detalle y el orgullo erróneamente enhiesto y mal entendido de dotar de sentido al todo una vez reconocida la futilidad de este intento. La única forma de enfrentarse humildemente a un destino que no puede tener alternativa alguna a la desaparición, es la que refleja este otro párrafo de El Danubio y con el que termino este post tan despeinado:

Es posible que escribir signifique rellenar los espacios blancos de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas. El miedo, ha escrito Canetti, inventa nombres para distraerse; el viajero lee y anota nombres en las estaciones que deja atrás con su tren, en las esquinas de las calles a donde le llevan sus pasos, y avanza un poco aliviado, satisfecho por este orden y ese ritmo de la nada (p.31).

«Veranos» recibió 2 desde que se publicó el Miércoles 19 de Agosto de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Juan Urrutia dice:

    Veranos http://juan.lasindias.com/veranos Es posible que escribir signifique rellenar los espacios blancos de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas. El miedo, ha escrito Canetti, inventa nombres para distraerse; el viajero lee y anota nombres en las estaciones que deja atrás con su tren, en las esquinas de las calles a donde le llevan sus pasos, y avanza un poco aliviado, satisfecho por este orden y ese ritmo de la nada…

  2. @juan Estos días no dejo de pensar en la idea de «legado» y su utilidad. El legado, la idea de aquello que queremos dejar, el recuerdo material de nuestro «genius» creo que cumple esa función más o menos ordenadora que comentas a partir de la cita. Y cuando menos… tira del «animus» hacia arriba 🙂

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