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Una Macreoeconomía escindida por demasiado tiempo

La Macro en los últimos treinta años es desde luego un resultado de esa dependencia del recorrido que, sostenida por la reputación como fuerza estructuradora de la autoridad, deja fuera del camino muchas ideas antes de que hayan podido ser corroboradas o falsadas con la consiguiente dificultad de volver atrás cuando nos damos cuenta de los errores en los que hemos incurrido.

entusiasmoComo deberes para nuestra reunión navideña anual Juanjo Dolado nos envía unas lecturas obligatorias. Por un lado tenemos que leer un artículo de Fourcade et al. sobre la estructura de la profesión de los economistas académicos y su complejo de superioridad dentro del conjunto de las ciencias sociales en general. Sus ideas principales son estas tal como se expresan en la introducción del artículo:

In this essay, we explore the shifting relations between economics and the other socialsciences in four specific dimensions.

First, we document the relative insularity of economics and its dominant position within the network of the social sciences in the United States. Though all disciplines are in some way insular – a classic consequence of the heightening of the division of academic labor (Jacobs 2013) – this trait particularly characterizes economics.

Second, we document the pronounced hierarchy that exists within the discipline, especially in comparison with other social sciences. The authority exerted by the field’s most powerful players, which fosters both intellectual cohesiveness and the active management of the discipline’s internal affairs, has few equivalents elsewhere.

Third, we look at the changing network of affiliations of economics over the postwar period, showing in particular how transformations within higher education (most prominently the rise of business schools) and the economy have contributed to a reorientation of economics toward finance.

Finally, we provide a few insights into the material situation, worldviews, and social influence of economists, which also set them apart from their academic peers. Taken together, these traits help to define and account for the intellectual assurance of economists and, in turn, for their assertive claims on matters of public policy

Estas ideas son curiosas en sí mismas, pero los comentarios de P. Krugman y de B. De Long se concretan en una dirección específica, la de la Macroeconomía y, ante su aparente fracaso -más o menos relativo- nos llevan hacia la discusión sobre la situación científica de esta subdisciplina. Quiero concentrarme en este área puesto que en ella se cruzan las ideas que dan prestigio dentro de la profesión y las que acaban influyendo sobre la política económica.

Krugman dice aquí, en el contexto específico de comparar a los macroeconomistas de agua dulce con los de agua salada, que

Again and again we’ve seen freshwater macroeconomists declare that New Keynesians, let alone those who respect the older stuff, don’t get some basic point; they don’t understand the accounting identities, they don’t understand Ricardian equivalence, they don’t understand the Euler condition, they don’t understand the Fisher equation. Each time it has turned out that the Keynesians understood the concepts perfectly well, and that it was the anti-Keynesians, in their haste to cry “Gotcha!”, who were making elementary logical errors or suffering failures of reading comprehension. You would think that at some point they’d catch on, and realize that New Keynesian economics may be wrong, but it’s not stupid, and neither are the people who do it. (If your worldview says that Stan Fischer and Olivier Blanchard must be dumb, you have a problem.) But they never do seem to learn. Why?

Y Brad de Long entra más en detalle en este comentario:

As I see it, Lucas’s initial bet was that informational imperfections and the consequent confusion between nominal and real price changes where the drivers of the short-run accelerationist Phillips curve, and that credible monetary policies that eliminated any such confusion would stabilize output and employment. Milton Friedman warned at the time that this was silly–or, perhaps, that this was silly if one did not understand that the inflation “expectations” relevant to next year’s price level were a long distributed lag of inflation expectations extending at least a generation into the past. And as model after model failed Lucas, Prescott, and their epigones doubled down, calling for better microfoundations and thinking up new statistical reasons why the correlations in the data that suggested that their research program was degenerating could be explained away.

A la luz de estos comentarios y más allá de la situación de la profesión en general frente a otras relacionadas con otras ciencias sociales, caben algunos comentarios muy generales pero no por ello faltos de interés.

La primera moraleja es que el complejo de superioridad de los economistas parecería basado en unas actitudes que no hacen ningún favor a la VERDAD si por verdad entendemos algo relacionado con la correspondencia entre teoría y realidad económica. Y esta correspondencia ha sufrido mucho en estos años de crisis en los que las buenas ideas con correcto fundamento metodológico, instrumentos adecuados y modelizaciones inteligentes han tenido que inclinar su cabeza después de años de superioridad autoasignada ante ideas más ad-hoc, matematizaciones menos brillantes y modelizaciones un si es no es ramplonas.

La segunda moraleja, propia de la jerarquización profesional que detectan Fourcade et al., es que este ejemplo de la Macro en los últimos treinta años es desde luego un resultado de esa dependencia del recorrido que, sostenida por la reputación como fuerza estructuradora de la autoridad, deja fuera del camino muchas ideas antes de que hayan podido ser corroboradas o falsadas con la consiguiente dificultad de volver atrás cuando nos damos cuenta de los errores en los que hemos incurrido.

Y aunque no fuera difícil volver atrás cabe que nos preguntemos ¿atrás, hasta donde? Y si no sabemos contestar a esta simple interrogación es porque seguimos anclados en una idea de VERDAD no necesariamente adecuada. No nos libramos del falsacionismo Popperiano y ni siquiera contemplamos la posibilidad de que haya otras ideas de VERDAD más acordes con los valores que subyacen a la insularidad de la economía dentro de las ciencias sociales.

Si nos creemos únicos es porque -aunque no lo digamos así- somos mejores, ya que comunicamos un entusiasmo vital por la continua búsqueda de ese mismo entusiasmo que aunque quizá no tenga muy en cuenta la llamada realidad quizá pueda ser la simiente de una manera de trabajar que no deja de transitar por todas las bifurcaciones posibles sin dejarse llevar por la influencia de los que cortan el bacalao por razones a su vez relacionadas con este entusiasmo. ¡Dejemos que el entusiasmo sea el criterio de convergencia entre recorridos distintos de la Macroeconomía!

«Una Macreoeconomía escindida por demasiado tiempo» recibió 0 desde que se publicó el Martes 9 de Diciembre de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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