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Una duda de viejo

Prescott recibió el último premio Nobel en Economía y sus múltiples discípulos exultaron ante el reconocimiento de su forma de hacer macroeconomía. Nada que objetar; pero de repente me ha entrado un escozor intelectual al recordar una pequeñísima ramita de la macro abortada hace treinta años y asociada a los nombres de Samuelson y Lancaster y ser atacado por la sospecha de que ambas formas de lidiar con la macroeconomía tienen algo en común desde el punto de vista metodológico.

Ambos planteamientos apuestan por comenzar tomando algo como dado. Quizá no se puede empezar de otra manera; pero aquí estará la madre del cordero de mi duda metodológica. Lo que el planteamiento prescottiano toma como dado es un modelo de equilibrio general desagregado, con precios flexibles y con individuos heterogéneos maximizadores que con su comportamiento alcanzan una asignación de equilibrio. Lo que el planteamiento que se llamó de Economía Cualitativa toma como dado es el conjunto de condiciones de un modelo agregado con un agente representativo y con cantidades flexibles convenientemente linearizado. Este último modelo es una antigualla que no pudo ser reanimado por los intentos de considerar el desequilibrio como una situación teóricamente aceptable. La familia de modelos usada por los prescottianos es hoy standard y ningún economista se permitiría abandonarla.

Hasta aquí no parece que haya nada extraordinario que merezca la resurrección de la Economía Cualitativa. La cosa se pone más emocionante cuando pensamos en lo que uno y otro planteamiento hacen con su modelo correspondiente a efectos de convertirlo en un instrumento adecuado para el análisis económico.

Los prescottianos calibran el modelo, es decir ajustan los parámetros de las funciones utilizadas hasta que el modelo así calibrado genera unos datos que replican lo mejor posible las observaciones obtenidas en la realidad. Los viejos practicantes de la Economía Cualitativa lo que hacen, basándose en el Principio de Correspondencia de Samuelson, es atribuir unos signos a ciertas derivadas parciales que sean compatibles con los correspondientes signos definitorios de la estabilidad local ya que éstos han de ser correctos porque en la realidad las economías no explotan ni colapsan ni muestran comportamientos excesivamente erráticos. Vemos pues que ambas aproximaciones usan a su favor la realidad.

Si me resultan extrañas estas dos posturas es en buena parte porque no son muy congruentes en sí mismas; pero sobre todo porque muestran como rasgo común la ruptura del lenguaje en cuanto intentamos hablar de algo que está más allá de nuestra capacidad de raciocinio. Y hay tantas cosas que participan de esa naturaleza…

Así equipados, ambos modelos está preparados para acoger experimentos varios como podrían ser, en cualquiera de los planteamientos, un cambio en un impuesto, una medida de política monetaria o un cambio en la distribución. El resultado de estos experimentos sirven para que el investigador recomiende o no el uso de un instrumento de política económica o se incline por usarlo de una manera o de otra o, más en general, diagnostique el funcionamiento del sistema económico.

Esta especie de rememoración de una manera de hacer macroeconomía hoy desaparecida no sólo es el capricho melancólico de una persona mayor; sino que constituye la pretensión de decir algo metodológico. Después de todo en uno y en otro caso hacemos lo que podemos, es decir no perder de vista la realidad, elegir un modelo y hacer que ese modelo replique más o menos esa realidad. La diferencia está en el modelo que elegimos. Aunque se pueda defender una elección o la otra, queda el regusto amargo de que, en realidad (sic!), no hay nada en todo el proceso de modelización, explotación y ajuste que nos diga si el mundo está bien reflejado por el modelo elegido.

En consecuencia no hay nada que nos diga que uno de los modelos es más cierto que otro. Si por casualidad quedara alguien con interés por descubrir el funcionamiento del mundo (macro)económico, en lugar de simplemente ser capaz de recomendar algo para que funcione mejor, es decir alguien al que le interese el qué y no solo el cómo, ese alguien no encontraría respuesta satisfactoria ni en uno ni en otro de los dos planteamientos aquí glosados.

Pero ya nadie se pregunta por estas cosas y yo no me atrevería a decir que hacen mal. Lo que pasa que algunos se sienten como viejos curas de pueblo arrastrando los pies por los caminos polvorientos y musitando siempre la misma monserga. Que le vamos a hacer, hay gente que no comprende que se utilice la realidad pero no haya ningún intento de saber cómo es ésta en realidad (sic! otra vez). Claro que no es mi caso porque, aunque viejo, soy posmoderno y los posmodernos estamos de vuelta y utilizamos eso de la realidad como nos da la gana.

«Una duda de viejo» recibió 0 desde que se publicó el Martes 2 de Agosto de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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