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Un triste día de otoño

Uno empieza a sentirse viejo y a verse un poco triste en el espejo de los otros

foixaHa sido un fin de semana largo en Foixà. Nos «saltamos» el viernes y así pudimos cenar con buenos amigos ese mismo viernes y ya el sábado celebrar por todo lo alto el día de Thanks Giving con una semana de adelanto. Es buena esta reunión cada dos años pues ves a amigos de verdad a los que no tienes ocasión de tratar asiduamente por la distancia geográfica. Todo el festejo comienza con una comilona muy a la americana y no acaba hasta bien entrada la noche después de cantos, bailes, bebidas, sin y sobre todo con, así como un resopón tardío del que ya ha desaparecido ya el acento gastro-americano y ha sido sustituido por la correspondiente tortilla de patatas. Y casi no hay tiempo de charlar con todos y saber de la familia, profesión y aventuras de cada uno de ellos.

Pero el tiempo pasa y uno empieza a sentirse viejo y a verse un poco triste en el espejo de los otros. Es ahora, en ese momento, cuando a uno le entra la tristeza y cae en que hace frío, el sol no ha lucido nada, la tramontana se renueva, el alcohol me sienta mal, las tripas se me han revuelto y tengo ganas de devolver. Volvemos a Foixà y nada más entrar en casa comienza a llover lo que tenía que haber llovido hace una semana para haber evitado el incendio. Nos despertamos tarde y con dolor de cabeza. No nos da tiempo más que de reconocer La Carretera de McCarthy en la zona quemada, de cerrar bien la casa, olvidarnos toda clase de cargadores y salir corriendo para atrapar ese AVE que nos devolverá a casa a una hora razonable para meditar sobre la semana entrante.

Una semana en la que toca una junta general que certifique el cierre a mis efectos de un negociete que le recuerda a uno a aquellas épocas en las que parecía que todo era posible, el ingreso para una intervención quirúrgica que no es grave pero que siempre es molesta y uno cree que delicada estéticamente. Hace frío y llueve y me llaman de Foixà que ha habido una inundación en casa y la cocina está encharcada. Se me olvida la bufanda y se me hiela el aliento a medida que me acerco al lugar de celebración de la Junta General. Apenas hay gente pues a nadie le gusta este tipo de funerales. Todos o casi todos han delegado su voto y no tardo mucho en largarme a volver a pasar frío y hacer bíceps manteniendo el paraguas abierto pues no he encontrado la boina que, seguramente, debe estar con los cargadores olvidados y esperemos que a salvo de la inundación.

Me pongo a llorar sobre este teclado y me interrumpe una encuesta telefónica. Por alguna razón que no entiendo bien, mi vieja faceta profesoral se me impone y me largo a poner unas magníficas notas a unos servicios profesionales que quieren saber cómo lo hacen. Pienso que me da igual, que la chiquilla que me llama debe ser joven y parece ganarse la vida de una manera que no es la peor del mundo. Me la imagino sentada en una silla cómoda y en una habitación caldeada. Cuelgo el teléfono y sin saber cómo o porqué ya me encuentro mejor. ¡Quién sabe, quizá consiga resistir hasta la primavera!

Me entran ganas de que se prolongue el ingreso hospitalario sine die para no pensar en incendios o inundaciones y concentrarme en Europa Central, esta novela de Vollmann que tanto me recomiendan, mientras disfruto de las bellas imágenes de la anestesia mezcladas con una extraña prosa.

«Un triste día de otoño» recibió 7 desde que se publicó el lunes 18 de noviembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan, qué estupenda descripción de un resacón tras una noche de fiesta, tal vez un poco excesiva, con los amigos 🙂
    Fuerza con la operación!!

  2. Yo no puedo dejar de imaginar la montaña de cargadores y lo que puede desencadenar una resaca en otoño. Mucho ánimo para la operación, piensa en el desayuno el día del alta;-)

  3. Jesus dice:

    El texto es bellísimo y la pintura que lo acompaña también me ha encantado. Esa explosión de color, a la manera fauvista que encierra, empero, una melancolía en grado similar a la del post… ánimos

  4. Alan Furth dice:

    Pues me hiciste caer en el remordimiento por haberme comido vivo a un telemarketer de Telefónica que me llamó por enésima vez esta semana 😀 Fuerza para la operación!

  5. Jesus dice:

    Gracias mil David por el enlace de Anoro. Me encanta! Tiene tanto de fauves y me recuerda mucho también a Gauguin… y a las máscaras africanas. Me ha encantado conocer su obra. Genial!

  6. Juan Urrutia dice:

    Muchas gracias a todos por los ánimos. No me faltan, pero hay días en los que el ánimo flaquea. Es en esos días en los que uno reconoce a los amigos y le brota la sonrisa.

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