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Un sillón de espaldas al mundo

Mi huida paranoica me permitió asistir en París a dos inauguraciones que resultaron ser complementarias. El domingo 27 se vuelve a poner en la escena del teatro de L´Atelier la obra de Bernard-Marie Koltès del 77 ( La nuit juste avant les forets) bajo la direccion de Patrice Chereau. El lunes 28 estreno mundial en la Bastilla de Akhmatova, una ópera de un jovencísimo Bruno Mantovani, que pone en juego las mismísimas reglas operísticas y su posible o imposible adapatación a la música contemporánea.

Esta ópera comienza y acaba con la poetisa sentada en un sillón de espaldas al publico y contemplándose a sí misma en un dibujo de Modigliani. Es una puesta en escena del tema central del libreto:la imposibilidad para una artista de no estar de espaldas al mundo incluso cuando su hijo está inmerso en ese mundo que, bajo el terror staliniano, no debía ser muy acogedor. Esa madre poeta puede fingir lo suficiente como para librarse ella misma de las furias de la censura pero no lo suficiente como para sacar al hijo de un campo de concentración. La música quiere subrayar la tensión dramática que se cuece entre la madre y la poetisa, pero pasa desapercibida ante un texto demasiado complejo y ante una puesta en escena demasiado estética con apartamentos compartidos muy del gusto arquitectónidco de hoy y con todos los funcionarios del régimen represor vestidos con unos tonos grises y un corte de trajes realmente à la mode. Solo podemos escucharla realmente muy al final cuando todo está perdido para esta madre y se vuelve a encerrar en su región etérea en la que todo parece ser metaforseado en belleza dando la espalda ese mundo que le ha tocado vivir y sufrir. Lo interesante de esta ópera rigurosamente contemporánea es que, a diferencia de su protagonista, no parece acepar las convecciones del arte y se centra en un romance inexistente entre una mezzo madre y un tenor hijo y ofrece un desenlace que no podemos ver como lo sucientemente operístico pues nadie se despide de la vida.

Pero darle la espalda no es la única manera de no enfrentarse al mundo. Se puede, como este único personaje de Koltès navegar con el viento de popa cualquiera que sea la dirección en que sople el viento. Y volar, elevarse sin peso alguno que lo impida en buena parte por el hambre y la falta de encarnadura suficiente. Este es el caso de este personaje extranjero, pero no del todo, que busca un lugar donde pasar la noche, auque no toda ella, a cubierto de más ataques de ladrones y apaleadores de pedès. Un ejemplo de una forma de extrañamiento del mundo que tiene que defenderse del terror cotidiano con el mero uso de la palabra que engrana un discurso repetitivo y obsesivo que, en ningún caso le sirve para ubicarse en un mundo que solo admite la extranjería, la adicción o el vagabundeo en caso de que el perpetrador de esos supuestos desordenes sea rico y poderoso o….artista. Poner en escena un monólogo sin puntos, seguidos o a parte, es un reto de dirección de actor que está muy bien solucionado.

Ha sido el conjunto de ambos espectáculos el que ha resultado operístico pues el alter ego de Koltès con la música de su palabra es el que se despide de la vida con una extraña mezcla de desesperación, ironía y humor negro. Sugiero que, de ahora en adelante los espectáculos no se programen aisladamente sino por parejas o tríos que conjuntamente conformen esa obra de arte total a la que siempre ha aspirado en general el Arte y en particular la ópera.

Si después de cualquiera de estos espectáculos uno se toma una cerveza en el la brasserie Danton se reconforta un poco pero solo momentáneamnete pues enseguida echa en falta la ausencia en el París republicano la presencia de un café Robespierre. Sí, pues como diría Zizek, un poco de terror quizá pondría las cosas en su sitio achicando ese espacio que, entre la materilidad y la espiritualidad, se pretende habitar cerrando los ojos y pagando el precio de un extrañamiento del tipo que sea.

«Un sillón de espaldas al mundo» recibió 4 desde que se publicó el viernes 1 de abril de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Me gusta la idea de hilvanar obras aparentemente inconexas, que de hecho estuvieron desvinculadas hasta que un bricoleur decide que la obra total, la que aporta un mensaje completo, no es cada uno de esos componentes holísticos, sino el compendio, ordenado, al estilo de un itinerario, de esas pequeñas pildoritas concatenadas.

    Por cierto, ¿viste que Slavoj va a pasar por Bilbao?

  2. T Millan dice:

    Al respecto del hilvanar planos dispersos, ya Pasolini explica que el mundo es como una secuencia interminable, un plano cineistico, un travelling sin fin. Y esa imagen, que me resucita la descripción de Juan, resulta apropiado hablando de la mezcla de la poetísa Ajmatova y del flaneur Koltés, ya que PPP reunía de hecho ambas caracterizaciones, entre otras, en su persona.

  3. Juan Urrutia dice:

    José, Teo,lo terriblemente agonístico es que PPP no pueda ya pasar por Bilbao.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] serie de variaciones sobre un ritmo inesperadamente largo. Curiosamente ese ritmo me recuerda al de la obra de Koltès a la que hacía referencia hace poco. Pero en este segundo caso el paroxismo textual está mediado por la presencia física de un actor […]

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