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Un domingo de convalecencia

Salimos ayer a dar un paseo terapeútico en una tarde domingo cuando ya las familias jóvenes parece que vuelven de la sierra con más hijos de los que se llevaron. Esos paseos me son no solo imprescindibles para recuperar mi forma física,sino también para, en conversación, ir desenredando el ovillo de mis pensamientos.

Comencé por expresar mi alegría por la recuperación de la capacidad de composición una vez entendido lo que quiero decir. Estoy enredado en un trabajo sobre terrorismo (que resulta bastante oportuno con eso de la conferancia de paz de Donostia aunuque pretendo enfocarlo con total generalidad y abstracción) y me doy cuenta de lo que disfruto montando, como si se tratara de un film, las ideas de forma que sean realmente entendibles y fáciles de generalizar. Y con ese ánimo alegre comenzamos a desgranar ideas que se habían ido acumulando en diversas cenas y meriendas que algunos buenos amigos organizan en parte, me hago la ilusión, para celebrar mi vuelta a la vida.

Había sido el 15-O y mi pareja de paseo se preguntaba si no era todo lo mismo: la primavera árabe , el 15-M y este 15-O que los estadounidenses parecían haber inventado ellos. Pero los árabes no hablan de la banca y los que habían celebrado el 15-O en muchos lugares no estaban ocupando edificios abandonados ni tenían reivindicaciones estilo dación en pago seguramente porque ya la tienen.

No pude darle la tabarra a Marisa sobre mis temores sobre la cotización de los Bancos europeos, y españoles muy en particular, ante la posible (yo diría segura) quita de la deuda griega, temores y dudas que mantenía a pesar del relativmente buen comportamiento en Bolsa de esas entidades en la semana anterior. Confesé que no me importaría estar ahora en el Consejo de un banco pues el momento me parece fascinante aunque pensé que seguramente los consejeros lo tienen que estar pasando mal.

Seguimos divagando sobre las diferencias entre Bloomsbury y Pombo para acabar asombrándonos de las similitudes entre el paraíso comunista que ensoñaba Marx y las esperanzas que Keynes en el año 30 concebía par dentro de un siglo. Estaríamos en un mundo en donde cada uno podría, por decirlo de manera cursi, desarrolalar sus potencialiddes creadoras. Comentamos que eso sí que sería revolucionario, conformarse con una rentita limitada derivada de un trabajo aburrido pero nada estresante y con mucho tiempo libre.

Y por alguna extraña conexión cerbral le pregunté lo que le parecería que hubiera una total libertad de horarios comerciales. Ella que no recibe una gran ayuda doméstica por mi parte, y mucho menos desde hace un par de meses, se mostró totalmente partidaria de esa libertad. Utilizando la táctica que siempre utilizamos para dar vueltas a las cosas y sacarles chispas, me atreví a decir si no preferiría un día a la semana de cierre total de manera que la calles etuvieran como desiertas y cada uno pudiera aburrirse a gusto en su casao quizá asistiendo a servicios religiosos. Claro que sabíamos de antemano que esto o lo impone el Estado con toda su fuerza o es imposible de llevar al la práctica porque, aunque todos quisiéramos tener ese día de limpieza mental, la solución es imposible de implementar pues cualquiera abriría siempre que los demás no lo hicieran.

Pero ¿es entonces el Estado necesario? Admitir esto no nos apetecía mucho, pero también es cierto que ambos creemos en la gratuidad y la universalidad de la educación y de la sanidad. Nos preguntamos en qué posición politica nos encontramos y, como siempre, no fuimos capaces de ponernos de acuerdo en este punto especialmente en las circunstancias actuales en nuestro entorno. Ella (Marisa) está harta de lo poco que trabajan los políticos y él (yo, Juan) solo creo en inflación- y- eurobonos, cosas ambas completamente independientes una de otra. Pero no creo, añado, en un tesoro único pues mi horizonte está en un mundo confederal como una gran Suiza en la que cada cantón se puede independizar por refendum.

Me mira como si yo fuera un pez verde y pasamos a otra cosa después de pagar las consumiciones sosas con las que nos hemos castigado en la terraza de una cafetería-bar.

En el camino de vuelta insistimos sobre la forma de vida que nosgustaría para los nietos de Keynes. Si hay que elegir entre dos maneras de crecer nos preguntamos si preferiríamos un crecimiento pobre como de un 2% anual pero sostenido sin sorpresas o un crecimiento espectacular pero frágil que puededar origen a una crisis como la actual.No es fácil la elección. Ella quiere, cree, la tranquilidad. Yo elucubro que en un mundo con grandes caídas y subidas se facilita la circulación dela élites de forma que casi todo el mundo puede llegar a tener sus 15 minutos de gloria. Me acuerdo de la disipación de rentas del Capitalismo que Viene, pero me callo. Ya está bien de conversación docta.

Ya ha anochecido y llegamos a casa con el apetito que abre el uso de las palabras cuando se utilizan realmente para pensar y cada uno vuelve a lo suyo después de picar algo. La literatura inglesa o una última mirada al IHT para enterarme de la opinión de un redactor sobre… Ay! se me ha olvidado. Pero volvemos a converger escuchando a Victoria Camps en la cadena 2 de RTVE en un inefable programa llamado “pienso luego existo”. Yo me dormí.

«Un domingo de convalecencia» recibió 3 desde que se publicó el Lunes 17 de Octubre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. David dice:

    mmmm la sanidad no sé, pero la educación gratuita y competitiva es igual que los contenidos de calidad gratuitos, un producto directo del capitalismo que viene en internet que no necesita del estado. Mira los cursos del MIT online, sólo te cobran el examen (osea el uso de la marca y el servicio, no el acceso al conocimiento y la formación en si). Mi sueño es que algún día los indianos ofrezcamos eso a nuestro entorno de un modo similar a Mondragón con su Universidad y su hospital (que sólo recibe dinero del estado desde hace un año y pico, creo).

  2. juan urrutia dice:

    Se puede vivir sin el Estado; pero no en todo. El secreto etá en mantener su natural tendencia a expansionarse.

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