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Un cuento: Venganza

Me cuenta, después de varios vinos, que ha tenido que pasar el tiempo pero que ya tiene claro que las nuevas amistades y complicidades están variando por razones falsas disfrazadas de verdaderas o al revés. Estima más y más cada día a aquellos que creyeron en él y se lo dijeron en su momento. No crece tanto su estima por aquellos otros, no tan pocos, que simplemente se callaron y está cultivando su resentimiento – me confiesa muy bajito- contra aquellos, que los hubo, que no creyeron en él y lo dejaron traslucir aunque tuvieran el buen gusto de callarse. Y odia con total franqueza a aquellos pocos que explicitaron su envidiosa certeza presciente acerca de su, de él, evidente, para ellos, codicia y doblez.

Su venganza, prosigue relatando con un tono monocorde como de oración, comienza con la denuncia de aquellos a los que odia (o contra los que siente rencor) ante el inapelable tribunal que él mismo constituye y continúa con el compromiso firme de no ser débil ante la tentación del perdón. Nadie es él para perdonar, asevera. Lo único que puede hacer es usar su intelegencia, todavía viva (de ello doy fe) para denunciar su mezquindad y sus escasas dotes perceptivas así como su moral torticera (expresión literal).

Pero todo ello desde la astucia y el dismulo. Es decir, que no es que no quiera que la providencia les castigue aunque sea por razones equivocadas. No sé si creerle, pero se regocija en ello y le da igual que les atropelle un coche o que se despeñen por un acantilado o que la gota les haga la vida imposible. Ni siquiera desea ser él mismo el agente de su venganza.

Pero, termina, “no se me tiene que notar pues ello disminuiría mi placer”. Es esta última frase la que me hace dudar de la veracidad de estas cofesiones que, desde luego, preferiría no haber oído.

«Un cuento: Venganza» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 26 de Septiembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Juan Urrutia dice:

    Genial! La última parte es la inquietante claro, como en todo buen cuento de Poe… en esta vendría a decir que la descristianización total es imposible, que siempre hay que estar atento porque el perdón, incluso disfrazado de refinamiento en la vengaza, se esconde tras las esquinas…

  2. Juan Urrutia dice:

    Perp…la pureza en la crueldad ha de ser posible…

    • Juan Urrutia dice:

      ¿Y quién querría ser puro en nada? Menos aún en la crueldad, tan devota de si misma… Una cosa es, guardar deseo de venganza sin opción al perdón, otra que sea una carga. Como bien sabe el estado, no se trata de abrir el cajón de las deudas todos los días, ni siquiera de tenerlo presente, tan sólo de comprobarlo cada vez que algo ocurre o nuestro concurso es solicitado. Es una disciplina más, desapasionada pero poco costosa, una de esas cosas que en realidad hay que hacer por tal de no pensar que nos es indiferente la Humanidad más allá de nuestra comunidad real.

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