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Ultimas figuras en el linóleo

Ya nunca más voy a entretener meriendas de pavos reales, ellos y ellas sí que seguirán con sus costumbres como si nada hubiera ocurrido y siempre con las plumas desplegadas. De ahora en adelante las plumas las voy a lucir yo, aunque estos mismos que me reían mi humildad traten de castrar mi insolencia. Se acabaron las trampas y los engaños. Voy a vivir en toda mi plenitud. Lo juro.

rothko
No basta el recuerdo del cuarto de baño de mi vivienda para volver a imaginar las imágenes que llevo en mi cabeza. Durante este raro ejercicio que ya dura más de siete días he ocupado todas las posiciones a las que he podido acceder sin denunciar mi presencia y con el permiso, por así decirlo, del buen estibador que ha logrado meter en este container casi todos los instrumentos que la orquesta necesita para esta gira que comenzará mañana por la noche. No me queda más que esta jornada que, descontando las horas de poca luz y la segura visita de Aitor, no me va a dejar mucho tiempo para estudiar algunas de las figuras que son originales del linóleo y que me gustaría guardar en la memoria para estos años venideros cuando me entre la nostalgia y rehaga en mi imaginación esta huida de mis propios actos de los que, en cualquier caso, no me arrepiento aunque conducen a la parte más tenebrosa de mi historia de estos últimos meses. En esta luz del amanecer cuando el sol está lo suficiente bajo como para filtrarse por el más estrecho de los cortes para ventilación que vienen de fábrica, puedo comenzar a distinguir unas figuras que no son fáciles de descifrar. Quizá haya hecho falta llegar al final de esta loca huida para que mi cerebro trate de ver lo que podría ser como una historia corta de mi peripecia vital de los últimos días y como un avance de lo que me espera.

m_el_vampiro_de_dusseldorf_1931_2Allí me está esperando la silueta de Peter Lorre, vuelto de espaldas a la cámara manejada sabiamente por este germano también huido de lo que podría haber sido un paraíso de sabiduría y fue el infierno. En M, el Vampiro de Dusseldorf, Fritz Lang nos hipnotiza con la historia de un asesino morboso que, sin embargo, siempre contó con mis simpatías pues nadie es del todo culpable de cualquier cosa que se le atribuye incluso cuando el hecho atribuido sea cierto como lo eran en esa cinta los asesinatos del personaje de Peter Lorre. Esa figura siempre un poco invisible era el producto de algo a su alrededor como el aura blanca que le rodea en la figura del linóleo, un algo sin embargo que no tenía nada de inocente y que no supo expresarse con claridad hasta muchos años después cuando el expresionismo dejó de ser un método para acabar siendo como casi una coartada. De espaldas, con una boina que yo siempre pensé que era vasca y con el hombro derecho un poco caído, es la figura con la que me identifico. Sí he matado pero no soy un asesino, lo he hecho porque no tenía más remedio, pero carezco de estilo artístico en el que arroparme. Quizá pudiera decir que mi crimen no ha sido pasional aunque haya acabado con la vida de mi amante del momento, sino que solo ha tratado de ser como un experimento de Rothko, que no sabe expresar su enorme pesar de otra manera que no sea matándose él mismo o a aquello que, para su desgracia, es lo que más ama. Pero yo no me mato como hizo él, sino que canto mi crimen con la dulzura del amor carnal satisfecho.

Puede parecer un tanto vulgar que lo diga, pero me meo en los que se sientan aludidos por lo que yo he hecho, y me produce una extraña alegría solo comparable a una buena y potente meada que derramo sobre todos aquellos que dejo atrás perplejos por la muerte de esa mujer y mi súbita desaparición. No solo no me arrepiento, sino que canto un gaudeamu,s y seguiré orinando sin cesar mientras viva. Justamente como ese Manneken Pis que está ahí, ahora lo veo, justo encima de la boina del vampiro de Düsseldorf, casi como una advertencia a cualquiera de los habitantes de esa ambigua ciudad que no se decide a ser de aquí o de allí y se disfraza de centro de la conversación pacífica entre las naciones de una Europa que, sin embargo, continúa ocultando toda su morbosidad, y solo deja de vez en cuando una espita abierta a la presión para horror de bienpensantes. Sí, yo también me meo en todos los que me condenan en silencio y hablan de mí sin mencionar que todos ellos me bailaron el agua mientras todo quedaba justo en el límite del horror. Esa pareja que ya no veo, pero sé que debería estar ahí, no era una pareja de tango como pensé en algún momento, sino un par de cobardes tratando de cubrirse de sus propios crímenes sin conseguirlo, pues la mujer de la pareja continuaba dirigiéndome la mirada como pidiendo más.

HeliosVa subiendo el sol y mis esperanzas crecen. Mañana yo saldré de esta cámara de dulce tortura y ya libre y desfigurado seré otro, libre y dispuesto a no dejarme engañar por nadie nunca más. Determinado a seguir mi camino voluntariosamente sin disculpas, sin perdones engarzados en un rosario de falso penitente. Cantaré todas mis alabanzas propias, todos esos méritos que se me han negado por ser demasiado accesible. Creí que nada era meritorio pues era tan fácil, tan poco trabajoso, que jamás pensé que merecía ningún halago, ni que las plumas que creo tener bien contenidas debajo de mis bíceps merecían ser desplegadas en alardes tontos, hasta que caí en la cuenta que mis ideas solo servían para entretenimiento de gente aburrida que solo captaba mi sereno tono de voz en aquellas charlitas que seguían unos teas que, he de reconocer, tenían su encanto gastrointestinal, teas traídos directamente de Inglaterra con sandwiches de pepino o rostbeef, además de unas pastas en las que solo sobraba la mantequilla. Ya nunca más voy a entretener meriendas de pavos reales, ellos y ellas sí que seguirán con sus costumbres como si nada hubiera ocurrido y siempre con las plumas desplegadas. De ahora en adelante las plumas las voy a lucir yo aunque estos mismos que me reían mi humildad traten de castrar mi insolencia. Por esto pienso que en la figura que ya pega con el techo del container creo entrever un pavo real presto a atacar con toda la fuerza de sus garras y el empuje de sus plumas pero… descabezado.

Quizá sea una negra premonición, pero supongo que no, pues la última figura en el linóleo que llego a ver antes de que la oscuridad del container, la última que voy a tener que sufrir, me disponga a la charla con Aitor que hoy ha de ser muy táctica para preparar con cuidado mi desembarco mañana. Desembarcaré portando esa antorcha olímpica que se me muestra como un dulce a un niño. Si resistes un día más, unas pocas horas, me está diciendo, desembarcarás como el portador de una llama que ha de iluminar una nueva vida llena de competiciones que siempre tienen un triunfador claro. Se acabaron las trampas y los engaños. Voy a vivir en toda mi plenitud. Lo juro.

«Ultimas figuras en el linóleo» recibió 0 desde que se publicó el sábado 19 de abril de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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