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The last american vignette

Atravesar el Washington Bridge y continuar por la interstate 80. Estas fueron las instrucciones para salir de N.Y. y acabar llegando a State College, un pequeño pueblecito que vive alrededor de Penn State University.

No hay pérdida y en poco tiempo pasamos de un centro de muchas cosas a una parte de la periferia. O quizá de un cierto tipo de centro a una periferia extraña. El Estado de los padres fundadores sigue siendo rural, sus vacas son tan sagradas como en India, parece ser que los primeros estudios de esta bicentenaria Universidad estuvieron relacionados con la alimentación y los “amish” de las granjas de los alrededores mantienen una rica tradición de cómo almacenar colesterol de una manera sana.

En esta periferia ocurren sin embargo cosas de interés cientí­fico de las que ahora no quiero hablar. El campus es tan idí­lico que parece dificil resistirlo mucho tiempo; pero un paseo largo por sus senderos floridos me evoca mi vida universitaria en este pais, periférico en tantas cosas y, sin embargo, tan creativo. Pero hoy sólo quiero recopilar los extraños pensamientos académicos que acuden a mi memoria en estos dos dí­as en que homnajeo a mi hijo y me despido de él en un sentido muy profundo.

En el frontispicio de la biblioteaca de la universidad donde yo estudié decií­: Who knows only his own generation remains always a child. Un pensamiento que nunca me ha gustado pues creo que la experiencia no vale para nada y que la historia no es una maestra tan sabia como generalmente se la pinta.

Pero en un entorno academico como este por el que me paseo, la imaginación teórica se dispara y siento la misma poca valí­a en la cita de Jean Gebser que William M. Johnston elige para iniciar su trabajo titulado The Austrian Mind : Etwas Neues kann man nur finden, wenn man Alte kennt. La misma pobre idea esta vez con el espesor de lo alemán aunque quizá en su obviedad nos dice algo relevante. Sólo si estamos al dí­a de algo, sólo si no ignoramos lo que se cuece en los centros, podremos encontrar algo nuevo.

Lo que yo querí­a decir hace unos dí­as era que eso nuevo sólo verá la luz si nos apartamos de ese centro; pero hoy me interesa resaltar otra idea cercana debida a un personaje rural que no quiso estar en el centro ni aun cuando aparentemente se vendió a lo peor de ese centro. Heidegger, en efecto, decia algo asi como que el estirado racionalismo es el peor enemigo del pensamiento.

Es un salto muy grande; pero hoy, a punto de salir para asistir a la ceremonia de graduación que me ha traido hasta aquí­, siento que ya estoy de sobra y realmente en la periferia. Quiza ahora pueda empezar a pensar sin condicionantes o, lo que es lo mismo sin obligarme por la racionalidad aunque sin renunciar a ella. Como un niño. Como un periférico

«The last american vignette» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 7 de Mayo de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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