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¿Tesoro único? No, gracias

Con independencia de un artículo esporádico (Expansión 27 de abril) sobre la investigación a Goldman Sachs por parte de la SEC y sus posibles efectos sobre el sector financiero mundial, que también tenía que ver con cuestiones de poder, en las últimas tres entradas de La mirada del economista he hablado de cuestiones relacionadas con el poder. Me referí, entre otras tensiones obvias, a las que habrían de surgir entre países de la UE que pertenecen a la zona euro con ocasión del desapalancamiento, un ejemplo de las cuales viene dado por las que se están suscitando alrededor del caso de Grecia que ha llegado a producir una rebaja de la deuda publica española por parte de Standard&Poors.Hoy quiero continuar por la misma senda a fin de juzgar una obvia cuestión de poder que se va insinuando poco a poco y que es de esperar surja con fuerza después de las elecciones en Renania del Norte- Westfalia y a la luz de las dificultades por las que pasa el euro. Me refiero a la sugerencia de que se necesita un Gobierno Económico Europeo Único o, lo que a los efectos de esta columna puede llamarse un Tesoro Único, para poder coordinar la Política Monetaria del BCE y una Política Fiscal única que quedaría en manos de ese Tesoro Único. Avanzo desde ya que la idea no me parece brillante pues la descentralización fiscal tiene sus ventajas y la centralización no tiene, a mi juicio, las suficientes. El razonamiento no es, sin embargo, tan claro como sería deseable.
Comenzaré por lo obvio. Ya se sabe que la Política Fiscal y la Política Monetaria no son independientes en general y lo son aun menos en situaciones como la que estamos sufriendo relacionadas con la deuda de distintos países. En general es muy difícil para ningún Banco Central, incluso en el caso de que sea realmente autónomo y tenga su propio presupuesto, el negarse a monetizar un endeudamiento público incurrido por razones de mantenimiento de la demanda efectiva a base de gasto público, pues si lo hace el país tendrá que acudir, por prescripción legal, al ahorro foráneo y esto eleva los tipos de interés lo que, a su vez, frena la demanda agregada. Por lo tanto en ese país imaginario, o bien el Banco Central monetiza esa deuda, si le estuviera permitido, generando inflación diferencial con otros países, o bien tiene que pechar con el desempleo que la insuficiente demanda efectiva inicial acabará acarreando.

Eso es en general; pero en una situación como la que ahora mismo vive Europa, es todavía más complicado para un Banco Central convertirse en el cancerbero irreductible de una ortodoxia que, por otro lado, ha sido ya traicionada… y menos mal. En efecto, la situación presente es la que es debido a que el empujón a la demanda efectiva por parte del sector público de casi todos los países de la zona Euro ha generado déficits que, en buena parte, y a pesar de las prohibiciones formales, se financian mediante la emisión de deuda pública que compra el Banco Central nacional correspondiente o el europeo generando un incremento de la liquidez que, en un momento u otro, redundará en inflación: la famosa monetización de la deuda. Recordemos que, además, el Banco Central Europeo, gracias a Dios, ha seguido los pasos de la FED y ha inundado de liquidez el sistema prestando a los bancos europeos con la generosidad que la situación lo requería mediante lo que se ha dado en llamar quantitative easing rompiendo aquí también con la ortodoxia.

En una situación como la que acabo de esbozar, ha ocurrido que un país determinado (Grecia) se encuentra con que si paga la deuda se le hunde el crecimiento y si no la paga y sigue cebando la bomba va a tener que incurrir en suspensión de pagos. Como Grecia está en la zona euro su problema se convierte en un problema europeo. En principio Berlín reaccionó con una lógica errónea. El insinuar que se podía abandonar a su suerte a un país cualquiera del euro aconsejándole que haga sus deberes como los hicieron ellos y añadiendo que siempre pueden acudir al FMI o salirse del euro, es un error. Si Grecia hiciera eso y le siguieran algunos otros países la ventaja competitiva alemana no les serviría de mucho por falta de demanda para sus productos. La actitud alemana es comprensible pues les tiene que parecer injusto que ellos, los alemanes, que han sido probos tengan que verse obligados a ayudar a la embarullada Grecia, pero esa es la mejor salida.

En este contexto es imposible no echar de menos un Tesoro Único que tendría que arreglarse con un BCE independiente de forma que la Política Monetaria y la nueva Política Fiscal estuvieran en sintonía. Y sin embargo esa es una idea cuyo tiempo no ha llegado todavía. Recordemos que no podamos seguir pensando que el Banco Central es del todo independiente puesto que ha sido capturado por el sistema financiero. Luego es necesaria su refundación para que gane la credibilidad perdida. Para que el BCE recupere su reputación tenemos que pensar primero cual va a ser su misión en el futuro y luego si esa función se facilita con un Tesoro Único o lo contrario.

Por un lado su misión es ya más amplia. No basta la contención de la inflación y ni siquiera su papel de prestamista de última instancia. Ahora ya sabemos que tiene que ser también un creador de mercado si queremos que garantice la estabilidad financiera pues es razonable pensar que ésta no se puede alcanzar solo mediante la nueva regulación y supervisión bancarias por muy inteligentes que estas vayan a ser. Por otro lado el cumplimiento de esa misión no es fácil. Las consecuencias de sus decisiones van a ser todavía más asimétricas que antes de la recesión. Por eso mismo será más difícil que antes asegurarnos de que los países fuertes no hacen lo que quieren desde ese Banco Central. Pero para que ese riesgo sea aceptable es conveniente que cada país controle su propia política fiscal.

Un alemán mal informado podría pensar que esto facilita el free riding de los países poco serios que cargan sobre los serios sus propios problemas y que mejor es prevenir que curar. Pero esa prevención no es necesaria y además es imposible. No es necesaria pues es precisamente la descentralización fiscal la que hace posible que cada país ceda un poco ante la misión del BCE y ayude en estos momentos a que se pueda poner en práctica medidas de fiscalización, vigilancia y transparencia suficientes como para que esa “acountability” que conforman permita al BCE ganarse una reputación que sustituya a la famosa independencia que ya se ha mostrado ilusoria. Pero es que, además, no es posible. En efecto, tratar la Política Fiscal desde un Tesoro Único central, que es lo que se sugiere, generaría tensiones evidentes cuando, como es el caso ahora, hubiera que acudir a los mercados de capitales. Los estados fuertes como Alemania que tienen un rating máximo no necesitan al centro y el centro no quiere trabajar con los países malos, es decir países con rating menos bueno, porque eso rebajaría el rating del total. Esto, por cierto, explica la postura alemana frente al caso griego.

No, en la situación actual no caben soluciones fáciles aunque nos parezcan obvias. Todo está en revisión y es posible que en un futuro que veo lejano podamos hablar de un gobierno económico europeo único pero, por el momento, no es ni siquiera conveniente. Solo cabe la coordinación y la solidaridad instrumentada de alguna manera inteligente e innovadora que, aunque ya apunta aquí y allí, no puedo tratar hoy.

«¿Tesoro único? No, gracias» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 8 de Mayo de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Ramon dice:

    Ahora en crisis no se pueden plantear grandes reformas, porque lo que se trata es de medidas de salvamento..pero a medio plazo a nivel global, se deben debatir las ideas de Daniel Innerarity “No tendremos un gobierno mundial, sino un sistema de gobernanza formado por acuerdos regulatorios institucionalizados y procedimientos que exijan determinadas conductas sin la presencia de constituciones escritas o de poder material. En este sentido es en el que puede definirse la gobernanza como capacidad de que se hagan determinadas cosas sin la capacidad de ordenarlo, es decir, una forma de autoridad más que de jurisdicción. El resultado de todo ello es más un campo desestructurado de batalla que una negociación formal, donde se abren posibilidades de intervención participativas, pero también formas de presión o hegemonía”

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  1. […] parece desbordarnos. Y como no me parece correcto y lo veía venir escribí hace poco en Expansión un post que reproduje hace unos dias aquí declinando la invitación a acercarnos a un Tesoro Único. Ese post sirve para enfrentar la […]

  2. […] reforzar la coordinación de las políticas de gasto acercándonos a lo que podría llegar a ser un Tesoro Unico que en realidad no se necesita. Añadir además que algo como una una supervisión del gasto público y su coordinación, sin […]

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