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Tempus fugit: En busca del tiempo perdido

El pasado jueves 22 de noviembre me tocó hacer de moderador de una mesa redonda que formaba parte de las jornadas a las que se hace referencia en el texto que sigue. Además de lo que se desprende de él tengo que añadir que procuré hacerlo muy bien a fin de conseguir que me vuelvan a invitar pues se van conformando como un acontecimiento imprescindible.

Me toca hacer de moderador de esta segunda mesa redonda de estas terceras jornadas sobre innovación organizadas por Ibermática. Pero tal como corresponde a una empresa sorprendente mi labor ha de ser la de moderarar y dinamizar, algo así­ como frenar y acelerar simultáneamnente, una tarea muy apropiada para el lema general de las fornadas. El tiempo huye, se acelera, pero nos gustarí­a detenerlo. O quizá no. He ahí­ el intrí­ngulis.

Pero este intrí­ngulis debe referirse, además, a la INNOVACION en campos tan diversos como la comunicación, la glaciologí­a, la arqueologí­a, la cocina o la economí­a. No sé si serán conscientes los organizadores pero han dado en el clavo seleccionando estas áreas para esta segunda mesa redonda de estas terceras jornadas.

En efecto, en la COMUNICACIÓN el tiempo ha de ser rápido. En la GLACIOLOGÍA el tiempo parecerí­a ser lentí­simo, en la ARQUEOLOGÍA el tiempo es recuperado con paciencia y en la cocina el tiepo ha de ser el justo: más desnaturalizarí­a la comida y menos nos serí­a difí­cil de tragar. Y en ECONOMÍA ya se sabe que el tiempo es oro.

Miremos una por una estas áreas.

Espero con impaciencia la intervención de Iñaki Gabilondo; pero no por razones de morbosa actualidad, sino porque es un gan comunicador aunque eso hoy en dí­a no se sepa si es bueno o malo, dada la competencia con la que tiene que lidiar. La comunicación es el reino de la oportunidad, del momento oportuno. Si sales como un tiro hay noticia, pero no reflexión. Si te tomas demasiado tiempo ya solo cabe el ensayo y éste nunca es noticia. ¿Cómo conseguir la noticia con fundamento? La INNOVACIÓN está justamente ahí­, en el punto de vista, el adecuado para separarse de lo rastreramente convencional aunque no tanto como para que no se presten oí­dos a lo que se quiere resaltar.

Y no menos impaciencia me causa escuchar a Adolfo Eraso, alguien de la raza de los vulcanólogos u oficios similares que representan para los profanos como yo una innovación en sí­ misma. Los glaciares se mueven lentamente, pero son inexorables. Nos enseñan sus estudiosos que hay que medir para saber, pues no captamos casi nada con nuestros instrumentos perceptivos naturales. Y ahí­ está la INNOVACION, en saber cómo representar lo nano ( los nano- milí­metros por hora que avanza un glaciar). Y nos viene bien saberlo para evitar el destino de la rana en el balde de agua que se va calentando lentamente hasta que muere escaldada sin enterarse, cosa que nos puede estar pasando a nosotros ahora mismo con esto del cambio climático.

Pero ¿en qué se diferencia este tiempo lento del tiempo pasado que se empeña en recuperar Eudald Carbonell, un clásico en estas jornadas con el que además he tenido ocasión de zampar fuet con cava en el Baix Empordá? La diferencia está en que el tiempo aquí­ es una función generatriz de ideas que nos introducen en la complejidad. Esta es la INNOVACION que yo asocio a nuestros arqueólogos insignes de Atapuerca. Nos enseñan que igual el mero tiempo, con que sea dilatado, puede generar cualquier cosa a través de la selección natural y las mutaciones. La parsimonia creativa, la paciencia.

Y aunque Andoni Luis Aduriz es otro clásico en estas jornadas, seguro que no nos defraudará con sus novedades. ¿Cómo puede innovarse en relación al tiempo en una actividad que exige precisión temporal? Ya sé que se puede cocer cualquier cosa más rápidamente con instrumentos nuevos; pero se me antoja que quizá hay otro aspecto que se ignora a amenudo. Me refiero al ritmo con el que se sirva una comida. Y el ritmo es un aspecto interesantí­simo del tiempo.

Y llegamos a la Economí­a, algo que se supone que no he olvidado del todo. La innovación tecnológica, organizativa, regulatoria o financiera, por nombrar aquellas en las que he pensado un poco, son el producto de la competencia y esta competencia parecerí­a a veces que nos roba el timpo pues tenemos que estar todo el dí­a botando sobre nuestros pies, como un tenista al resto, para que nadie se nos adelante en nada de manera definitiva (aunqe semejante cosa no existe, nada es definitivo). Pero ya saben, competir y perder puede ser divertido y ganar… pues no les digo nada. La INNOVACIÓN posible y realmente radical que nos espera es aprender a competir de manera continua. Lo maravilloso y quizá paradójico es que cuando todos sepamos competir competentemente, los ciclos económicos se harán menos amplios y más frecuentes de forma que en el lí­mite habremos conseguido una plácida serie temporal sin grandes sorpresas. Son las sorpresas contí­nuas las que paradójicamente, nos conducirán al mundo plácido que ansiamos algunos que tenemos nostalgia de los juegos infantiles en los que uno aceptaba haber sido alcanzado por las balas de pega del enemigo impostado para que no decayera el juego, nuestra natural forma de vida.

«Tempus fugit: En busca del tiempo perdido» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 29 de Noviembre de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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