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Tapando agujeros y abriendo brechas

El arte de la conversación es una de las bellas artes en el teatro de la vida. Y como cualquiera de las otras artes bellas no se improvisa, hay que cultivarlo.

Seguro que cualquiera de nosotros ha abierto brechas o ha tapado agujeros en su vida. Todos estamos rodeados de redondas tapas de alcantarilla que eliminan la posibilidad de que nuestras vergüenzas afloren en cualquier momento inesperado. Y pienso que casi todos hemos conseguido abrir alguna brecha en el muro de lo desconocido que nos ha permitido divisar paisajes inesperados de los que estamos más o menos orgullosos. La clave de nuestra postura en el mundo está justamente en la forma que cada uno de nosotros practica a fin de balancear los agujeros y las brechas o, para ser más exactos las tapaderas de nuestras vergüenzas con las huellas de nuestros orgullos.

Y esta forma de moldearnos cambia con el transcurso de la vida y se exhibe cada vez de manera menos disimulada cuando llegamos al comienzo de la vejez o, si se quiere, a la madurez. Cuando ésta llega descubrimos en nosotros mismos y en nuestro entorno profesional o simplemente amistoso las mil maneras de combinar el ocultamiento y la exhibición. Quien no tiene algo que exhibir que crea interesante reforzará su tapa de alcantarilla más o menos dependiendo de los errores o escaseces que quiere ocultar. Y entre estos dos extremos encontramos toda una tipología de caracteres curiosos.

A mi alrededor encuentro sobre todo personas del mundo académico, empresarial o bancario ya jubiladas desde hace algunos años que, cabe sospechar, no encuentran su forma de presentarse al mundo seguramente porque ya no le encuentran un sentido aceptable a esta vida con independencia de patrimonio o herederos y porque ya no tienen ninguna audiencia natural a la que presentarse más allá de amigos de toda la vida ante los cuales es especialmente difícil disfrazarse.

Ante una audiencia así, a la conversación, cuando se está en grupo, le es difícil alcanzar la brillantez pues se trata de un arte que esta gente, acostumbrada a mandar, no domina. Y no es de extrañar pues es mucho más sencillo dirigirse a una audiencia cautiva que se limita a escuchar al conocimiento o al poder o a ambos. Y, como es obvio, el problema se complica cuando la conversación se desarrolla entre personas de la misma ralea y ante un auditorio de la misma condición, como es el caso de planes de entretenimiento entre gente que ya no se siente reconocida.

Y cuando el problema ya llega al enconamiento es muy normal que muchos casi preferiramos estar solos dividiendo nuestro día de jubilados entre lecturas no necesariamnete obligatorias, periódicos varios y paseítos ayudados por el bastón. Pero es muy rara la aceptación de esta muerte en vida, con lo que uno pertenece a ciertos grupos de relaciones de distintos orígenes que se reúnen con cierta asiduidad en lugares, siempre de comer, en los que casi sistemáticamente son los más ancianos y los más condicionados en su dieta.

Después de ser amables y preguntar a los demás qué tal la salud y los descendientes se acaba indefectiblemente cotilleando las últimas noticias más o menos locales. Y en este punto sube el tono pues uno acaba de encontrase con alguien importantísimo que ha solicitado su consejo en relación con esa noticia que está en boca de todos, el otro ha vivido en su pasada vida profesional una situación similar, un tercero declara su falta de interés en la materia pues no es sino un pretexto periodístico y cualquier otro viejo amigo se encierra en su sordera, trata de cambiar de conversación dirigiéndose al de al lado, grita desagradablmente para hacerse oír o, aprovecha para pasarse en su inevitable aprovechamiento de las sobras de los demás.

De modo que cada vez es más normal que al llegar a casa, las diversas píldoras obligatorias y las adecuadas para conciliar el sueño te conduzcan a la liberación. Y la vida se convierte en una dialéctica ridícula entre la autocrítica, la crítica amable al amigo y el sueño en el que todo se olvida. Y esto es muy triste pues el arte de la conversación es una de las bellas artes en el teatro de la vida. Y como cualquiera de las otras artes bellas no se improvisa, hay que cultivarlo.

«Tapando agujeros y abriendo brechas» recibió 0 desde que se publicó el domingo 23 de abril de 2017 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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