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Stars and Stripes en Bagdad

Entre mis amigos hay muchos que me estimulan intelectualmente; pero muy pocos lo hacen de forma tan agresiva e irritante como Michele Boldrin (MB). Como se de antemano que su agresividad me sacará de quicio y que su inteligencia me hará tambalear, no tengo más remedio que acercarme a su artículo Las zapatillas de Bagdad (EXPANSION 17.04.03) con sosiego y con rigor, dos cualidades bastantes alejadas de mi tono vital (especialmente cuando se trata de discutir temas no económicos como es el caso) pero que la ocasión exige ya que la guerra de Iraq no es tema baladí.

El sosiego que necesito me conduce a tratar de quitarme de encima cuanto antes las convicciones que comparto con MB, y que ocupan gran parte de su artículo sin que, en general, se puedan considerar premisas necesarias de sus opiniones que, con una excepción, no comparto. El rigor es exigible para explicar porqué no puedo compartir la mayoría de esas opiniones y, por lo tanto, lo utilizaré hasta donde sepa y pueda a fin de dejar patente, contra la opinión de MB, que esta guerra, además de ilegal, no es necesariamente necesaria ni obviamente justa y que, desde luego no nos ha enseñando nada nuevo ni, lo que es peor, sugerido camino nuevo alguno, para el desarrollo futuro de las relaciones internacionales. Sólo al final de esta respuesta no solicitada a MB, volveré a mi natural inquieto y despreocupado para afirmar que espero que la Stars and Stripes sobre el rostro de la estatura de Sadam en la plaza de Al Firdos no sea una premonición de un nuevo orden internacional.

Primero las convicciones. MB, y yo compartimos, en mayor o menor grado, las convicciones que se contienen en su artículo. Tres de ellas son cruciales.

  • La primera es nuestro proamericanismo visceral debido, en mi caso, a que fue en los EEUU donde por primera vez sentí lo que es ser un ciudadano.
  • La segunda convicción compartida es que ambos creemos en la universalidad (o al menos en la deseable universalización) de los derechos humanos.
  • La tercera consiste en una pulsión antiautoritaria que nos hace recela del poder, sea este político, mediático, económico, religioso o de cualquier otra índole.

Estoy también dispuesto a comprender, aunque no las comparta del todo sin matizaciones, otras dos aparentes convicciones de MB,: que el Islam es una rémora para el desarrollo y la democracia y que la perfección tecnológica de la guerra moderna, ejemplificada en está de Iraq , la hace menos cruel que las antiguas. Dadas estas convicciones compartidas no tengo nada que discutir o puntualizar sobre bastantes de las afirmaciones de MB. Estoy naturalmente de acuerdo en que la brutalidad del régimen de Sadam Hussein es intolerable; en que la manipulación de muchos medios de comunicación es escandalosa; en que cualquier vestigio de antiguos totalitarismos europeos debe ser confrontado y en la alegría que proporciona ver como un pueblo sometido alcanza la libertad (si la alcanza y cuando la alcance).

Y de las convicciones a las opiniones. Las implicaciones de las convicciones compartidas que he destacado no condicionan del todo, ni todas, las opiniones que MB vierte en su artículo. De entre éstas sólo estoy plenamente de acuerdo con una, con la que más desentona del resto del artículo quizá precisamente porque es la única que podría estar condicionada por una convicción, la antiautoritaria en este caso. Yo también creo que las pulsiones imperiales y unilaterales que siempre han existido en el interior de la sociedad americana han cristalizado en grupos políticos que han alcanzado una gran visibilidad y un gran apoyo y que desafortunadamente han sabido salirse con una respuesta pronta y coherente, pero no aceptable, al peligro señalado por el 11 S (subrayados míos). MB rechaza el neoconservadurismo; pero reconoce -y quizá admira- su habilidad. Sin admiración alguna yo también reconozco su habilidad, y además, puedo incluso aceptar un argumento, muy utilizado en España, que dice que Aznar y Blair han estado espabilados, han visto crecer la hierba y, encima, aparecen como quienes (junto con Powell) han procurado frenar a esos neoconservadores cuya estrategia pasaba, y pasa, por el fracaso de la ONU. Por cierto, y aquí empiezan, mis discrepancias con las opiniones de MB, ni Aznar ni Blair consiguieron su presunto objetivo moderador y, aunque no necesariamente por ese fracaso, no consigo ver en ellos los futuros líderes de una Europa no centrada en el eje franco-alemán quizás porque es posible que en pocos meses su electorado respectivo les pase factura por su apoyo a una guerra que no ha sido ni legal, ni moral y políticamente justa, ni esclarecedora y que sin embargo quizá hay podido ser peligrosamente necesaria.

Comenzaré por examinar si la guerra era necesaria para alcanzar unos pretendidos objetivos como pudieran ser

  1. Derrocar el tirano
  2. Eliminar arsenales de armas de destrucción masiva
  3. Destruir santuarios de terroristas que podrían tener acceso a esas armas
  4. Estabilizar la zona disciplinando a Sharon y al Rey Fad por ejemplo o
  5. Controlar el petróleo

«Stars and Stripes en Bagdad» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 28 de Abril de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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