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Soft landing o las burbujas comunicantes

Estos últimos dí­ ­as he tenido que revisar un trabajo sobre Reflexvidad para su inclusión en la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofí­ ­a. Es es ésta un gran aventura en general y el volumen dedicado a la Filosofí­ ­a de la Economí­ ­a constituye un esfuerzo muy meritorio por parte de Juan Carlos Garcá ­a Bermejo que ha tenido que sufrir a pelmazos como yo que no acabamos de corregir lo que él nos pide que corrijamos en favor del volumen.

Lo más dificil de corregir es el tamaño del trabajo. Uno cree que tiene tantas cosas que decir que necesitarí­ ­a todo el volumen para sí­ ­ mismo. Solo cuando la mano firme del editor te obliga a limitarte al espacio prefijado te das cuenta de que todo puede ser contado con brevedad si de verdad sabes distinguir el grano de la paja y haces un esfuerzo de austeridad intelectual.

Bueno, al menos eso es lo que me ha ocurrido a mí­ ­. Escribir sobre el fenómeno de la Reflexividad de la propia teorí­ ­a sobre sí­ ­ misma plantea problemas esotéricos que pueden ser tratados con sencillez si uno tiene la paciencia de organizar un poco el material. Lo primero que a uno se le ocurre es pensar en el fenómeno de las profecí­ ­as que se autocumplen; pero no es éste el único ejemplo de Reflexividad en Economí­ ­a.

De repente me encontré tratando de explicar con un poco de precisión el fenómeno de las burbujas especulativas y mientras estaba en ello ocurrió la caí­ ­da de Astroc y lo que parecí­ ­a la explosión de la burbuja inmobiliaria. De hecho las burbujas solo se reconocen como tales cuando explotan. Mientras esto no ocurre siempre se puede decir que los bajos tipos de interés y la demanda de nuevos emigrantes y de viejos europeos retirados es suficiente para explicar la escalada de los precios sin que pueda advertirse comportamiento especualtivo alguno.

¿Habí­ ­a burbuja especulativa en el sector filatélico? Sí­, ­ porque explotó. No, porque parece que la explosión se debió a lo que en su dí­ ­a llamé la némesis regulatoria. S, ­ y con cierto tufo delictivo, si las mismas empresas fijaban los precios de los sellos en un mercado estrecho como el presidente de Astroc compraba edificios a la propia empresa en un ejercicio del clá ¡sico peloteo antañoo solo aplicable a las pobres letras de cambio. No, porque el mercado es el mercado y nadie exige que en todos los casos sea perfecto, amplio y profundo.

Sea como sea lo cierto es que la teorí­ ­a de las burbujas especulativas es muy bella y un magní­ ­fico ejemplo de Reflexividad ya que los precios suben por la gente espara que suban. Cuando se constata que hay una burbuja, es decir cuando explota, ya no parece que haya nada que hacer por lo que, dando una vuelta de tuerca al argumento, lo mejor serí­a huir de cualquier cosa que huela a burbuja y así­ ­ lo harí­ ­an los buenos inversionista con el resultado de que , si todos fuéramos buenos inversionistas, las burbujas no surgirí­ ­an.

Y de hecho no surgirán si existen suficientes activos alternativos y diversificamos inteligentemente. Esto ha sido probado formalmente por Santos y Woodford, pero con independencia de lo que diga un teorema, ésta podrí­a ser una buena deescripción de lo que pasa y sugiere una cura para las presuntas burbujas que los responsables económicos creen poder detectar. De hecho, la única manera de que las burbujas no exploten, sino que se desinflen poco apoco, es establecer un meacanismo para que el aire que se expulsa sea inmediatamente absorbido por otro globo preparado para se hinchado. Una especie de burbujas comunicantes.

La íƒúnica forma de acabar suavemente con una burbuja es inflar otra con el aire que sale de la primera. Por eso confí­ ­o en que nada grave va a ocurrir en el sector inmobiliario español. No porque se haya hecho el esfuerzo de crear un amplio mercado de alquiler, sino porque simultá ¡neamente se ha preparado el terreno para que la liquidez generada en la carteras de los especuladors inmobiliarios puedan pasar sin transición hacia ese nueva maravilal financiera que es la Private Equity

Esto generará una nueva sospecha de burbuja; pero mientra dura pues vida y dulzura. Unos ganan y otros pierden; pero si no nos acobardamos el capitalismo popular acabará generando oportunidades para todos y, ahora lo vemos, proporcionando un colchón para la explosión de las burbujas. Y de paso una gran renta para notarios y registradores de la propiedad.

Pero, ¿ cómo conseguir que todos estemos al loro? He ahí­ ­ un pequeño problema. Pero el problema grande es que mientras tanto seguimos sin invertir en Africa.

«Soft landing o las burbujas comunicantes» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 9 de Mayo de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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