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Sobre política científico-cultural

Una solución epistémica a los problemas actuales de la ciencia partiendo de un ejemplo asequible y de actualidad: los filtros de decisión para determinar el apoyo financiero a las series de televisión frente a las películas de cine.

True DetectiveEn pocos días he tenido tres ocasiones de oír hablar de ciencia y sus dependencias del poder político. Por un lado Mäki disertó sobre el Imperialismo de la Ciencia desde la filosofía de la ciencia tratando de poner en solfa todo imperialismo incluido el de la filosofía de la ciencia. Por otro lado, Steven Turner se explayó sobre sociología política de la Ciencia planteando un problema muy pertinente en estas épocas de incertidumbres: si tendríamos que preferir la democracia o la tecnocracia (léase BCE y Mario Draghi) en la conducción de nuestros asuntos cotidianos. Finalmente, en una especie de festejo científico-musical organizado por Toni Hernando, la parte no musical del evento consistió en una charla muy relajada de P.M. Etxenique sobre el error de separar ciencia de las humanidades, explicando cómo el impulso científico está enraizado muy hondo en el espíritu humano.

El conjunto de estas tres exposiciones me ha dejado una sensación de que muchos asuntos, además del de la tecnocracia vs. la democracia, se han quedado sin atender. Pensemos en los pecados de la ciencia en su quehacer cotidiano, sea por parte de las empresas que explotan sus descubrimientos, sea por parte de los propios científicos en su actividad de rent seeking disfrazada de búsqueda de verdad o en su defensa de la auto regulación que lleva a los rankings y a contar las citas sin tener en cuenta las dependencias del recorrido que esto puede traer consigo. Todas estas cosas están en el candelero y todas están relacionadas entre sí de una u otra manera.

Sobre todas estas cosas se ha escrito en este blog en un momento u otro, pero hay otra cosa de la que también se ha escrito aquí y que me parece todavía más importante para la práctica del trabajo consistente en crear conocimiento. Aun admitiendo que conocimiento no es sinónimo de información en su día, al comienzo de ese nuevo relato que traté de delinear en una colección de una cincuentena de posts que algún día de estos verán la luz de una forma ordenada, me referí nada más comenzar a una idea de Economía de la información que me parece muy aplicable a las discusiones de estos días sobre la tercera ola de crecimiento negativo en Europa.

Pero dejando por hoy fuera el problema del sistema económico. centrémonos y pensemos en el sistema del conocimiento como aparato epistémico que trata de generar ideas. Me centro en las viejas ideas de Sah y Stiglitz aparecidas hace casi treinta años años en la A.E.R.(Sah y Stiglitz The Architecture of Economic Systems: Hierarchies and Polyarchies, American Economic Review, 76, 4, 1986, pp 716-727) y en donde introducen la distinción entre jerarquías y poliarquías como formas alternativas de seleccionar ideas sean científicas, tecnológicas, económicas o incluso culturales. Supongamos pues un aparato epistémico formado por filtros imperfectos, organizados bien sea en batería (poliarquía) o bien sea en línea (jerarquía). En el primer caso, una idea rechazada por un filtro puede ser aceptada por otro. En el segundo caso, cualquiera de los filtros puede vetar una idea por el contrario, estaría mejor representada por una jerarquía en la que los filtros son instalados en batería de suerte que cualquiera de ellos puede vetar una idea. En la poliarquía se trata sobre todo de no caer en el error de tipo I, evitando al máximo posible (dada la imperfección de los filtros) el veto a las ideas buenas. En la jerarquía, por el contrario, se trataría de evitar al máximo posible el error del tipo II no cayendo en la aceptación de ideas malas. Pero. ¿cuál de estas formas de organizar el aparato del conocimiento tiene mayor valor epistémico?

La respuesta a esta pregunta crucial no es inmediata pues depende la calidad de las ideas en el aire en el campo de que se trate. Pensemos, por ejemplo, y sacando un poco las cosas de quicio, en las series televisivas, y pensemos cómo vamos a autorizar el apoyo financiero a esas producciones que hoy parecen desbancar al cine como forma artística. Aplicando las ideas explicadas diríamos que hoy en día en el aire vuelan mejores series que películas y en ese ambiente cultural la financiación de series tendría mayores beneficios epistémicos que la de películas. En consecuencia los filtros para apoyar o no las series deberían establecerse en paralelo para maximizar la probabilidad de que pasen el sistema de filtros

Volviendo a nuestro problema, inicial nos preguntaríamos cómo están los tiempos en el mundo de la ciencia. Si fueran buenos tiempos para las ideas científicas deberíamos posicionarnos en favor de la poliarquía en la organización de las aceptaciones de artículos, etc. Si los tiempos no son buenos para las ideas científicas, pues no parece que en el horizonte se perciba un deseo por la verdad sino más bien una búsqueda de la explotación comercial, en ese caso mejor (epistémicamente hablando) imponer jerarquías y no dejar pasar tonterías.

Estas ideas no suponen una solución a los problemas plantados al principio de este post, pues no sabemos quién dice si los tiempos son buenos o malos para una cosa u otra. Sin duda, pero son un paso en la discusión ordenada de en qué medida y cómo deben ser apoyados los generadores de ideas dependiendo de los tiempos y teniendo en cuenta solo los beneficios epistémicos.

«Sobre política científico-cultural» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 21 de Septiembre de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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