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Sobre las ventajas y los inconvenientes del lenguaje ambiguo

En un seminario reciente sobre Economí­a y Leguaje discutimos con cierto calor las ventajas e inconvenientes de la precisión en el lenguaje. Mi punto de vista de entonces era que un exceso de precisión puede llevar a imposibilitar ciertos arreglos sociales y que la vaguedad podí­a ser buena para la estabilidad de estos arreglos, una vez puestos en práctica.

No he cambiado de opinión; pero dos hechos con los que me topo repetidamente me han hecho recapacitar.

Parece claro que ciertos signos diseñados para facilitar la movilidad y el depósito de los vehí­culos no son del todo precisos. Parece ser que donde luce una señal de no aparcar o incluso en las aceras donde no lo pone porque esa prohibición parece obvia, no es del todo cierto que no se pueda aparcar. Al menos se aparca de manerar regular y no sancionada cuando están colocadas alrededor de un campo de futbol y es un sábado o un domingo de liga. La ambigí¼edad en este caso evita el caos definitivo y total y quizá los vecinos no debiéramos quejarnos con demasiado ruido.

También parece obvio que la luz verde en los taxis no quiere decir que están disponibles para llevara cabo el servicio público que se les atribuye. Yo soy dolorosamente consciente de la ambigí¼edad de esta señal pues a menudo descubro, despues de una carrera agotadora para atraparlo desde detrás antes de que se abra el semáforo, de que el señor conductor va camino de su casa justo en la dirección opuesta a la que yo pretendo seguir. En este caso la ambigí¼edad de la señal verde me rompe el espinazo y me irrita lo indecible pues yo creí­a que era el cliente de un taxi disponible el que decidí­a a qué lugar de la ciudad deseaba ser conducido.

En un caso la vaguedad impide el caos, en el otro es solo una trampita de pí­caro sin ninguna justificación. O sea que las ventajas de la ambigí¼edad en el lenguaje son así­ mismo ambiguas. Pero quizá, dada esta ambigí¼edad, podrí­amos inventar algo para sacar partido de ella.

Para llegar a comprender el porqué de los arreglos que quiero proponer, es necesario entender y aceptar que en ambos casos está involucrada la noción de renta. El equipo local disfruta de una renta de situación ya que las facilidades para aparcar donde está prohibido ayuda a sus socios y éstos, satisfechos, nutren las arcas del club que puede comprar galácticos quienes, al animar los partidos, generan una mayor afluencia. El señor taxista de retirada también disfruta de una renta al cobrar al que va en su dirección algo que no tendrí­a porqué.

En cosecuencia y llevado por mi irrefrenable deseo de erosionar rentas en favor de una verdadera igualdad de oportunidades propongo primero que los taxistas de retirada no lleven la luz verde si no están dispuestos a llevarte a cualquier lugar y que si la llevan encendida no cobren la carrera a qien tiene la suerte de ir en su dirección y, segundo, que el club de futbol correspondiente nos pague un pequeño tanto alzado a los vecinos del entorno que vemos nuestras aceras invadidas justo cuando queremos dar un paseí­to tranquilo o, lo que serí­a lo mismo, que pague al ayuntamiento para que este pueda pagar las horas extras de los municipales que prohiban la invasión molesta de los paseos.

Concluyo con dos comentarios. La ambigí¼edad del lenguaje puede, además de otras de sus virtudes, dar origen a arreglos socilales interesantes; pero no debemos ser optimistas al respecto porque esos arreglos disiparí­an rentas que de tan establecidas que están no se reconocen como tales.

Eliminar rentas es más dificil de lo que parece.

«Sobre las ventajas y los inconvenientes del lenguaje ambiguo» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 5 de Octubre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] Ya me despaché agusto contra los taxistas madrileños que llevan la luz verde por si acaso vas en la misma dirección que ellos han tomado para ir a comer a su casa. Es como ese tipo que me envió el seguro para mirar la causa de unas goteras y que entró en casa pasándome su tarjeta para repintar la fachada. […]

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