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Sobre la situación económica:II. ¿Qué pasa?

Continuo con el examen de la situación económica actual que prometí­.

¿Entraremos realmente en crisis o en lo que tecnicamente se llama recesión? Para contestar a esa pregunta no basta con recordar ni la explosión de las punto com, ni remontarse a la “pequeñas” crisis financieras de los 90 ni a la del 87. Yo creo que habrí­a que remontarse a la crisis del petrólero de los años 73/74 y 79/80 a pesar de que ni el detonante ni la estructura institucional eran la misma entonces que ahora. Sin embargo en aquel momento existí­a la misma sensación de sorpresa sobre lo que estaba pasando y de ignorancia sobre lo que habí­a que hacer. Esto es, aquí­ y hoy, efectivamente así­ pues observamos cómo mientras un partido de los dos mayoritarios exige reformas inmediatas por decreto ley, aunque no se detallan cuales, el otro dice que, aunque haya amenazas, la legislatura ha sido tan exitosa que estamos en una buena situación para capear el improbable temporal.

Pues bien, en aquella época de los 70 de asombro para los economistas, MCG y yo mismo publicamos un trabajo en Economie et Societé cuyo espiritu es el que hoy echo en falta. Un espí­ritu que pretendí­a entender lo qué estaba pasando con los instrumentos intelectuales que tení­amos a mano y de forma que pudiéramos diagnosticar la situación y opinar sobre las medidas a tomar. De aquella época me gustarí­a rescatar una aproximación keynesiana, correspondiente a la que se llamó Economí­a del Desequilibrio (o de precios fijos), que desapareció del horizonte teórico y que paradójicamente renace hoy en los servicios de estudios de los bancos centrales, en un ejemplo más de que ortoxia económica y derecha no tienen porqué ir asociados, y reverdece en el mundo académico de manos de los neokeynesianos.

Esa idea que hoy quisiera retomar es la de que, ante cualquier shock, es posible que los precios no reequilibren la situación inmediatamente dejando que reaccionen las cantidades y genrando la situación propia de los multiplicadores keynesianos que Leijonhfvud nos enseñó a entender con cierta precisión aunque más allá del paradigma dominante.

No hay porqué tener miedo al neokeynesianismo y tampoco a serlo de una manera poco estándar. Retomemos pues una idea simple e intuitiva, la del corredor neoclásico que también se debe a Leijonhufvud. Este corredor debe ser entendido como un espacio alrededor de la senda del crecimiento potencial dentro del cual los precios son suficientemente flexibles como para que un shock cualquiera no tenga efectos significativos y dilatados en el tiempo, mientras que lo contarrio ocurre fuera de él. Lo importante es la anchura de ese corredor, anchura determinada en buena parte por la “magnitud” de las polí­ticas monetaria y fiscal, siempre relativa a la magnitud del shock, sabiendo que, claro está, cuanto más ancho mejor. Unas polí­ticas, fiscal o monetaria, restrictivas definen un corredor mas estrecho.

Pensemos lo que hoy está pasando en el marco de esta vieja idea no muy bien definida. La subida del petróleo ya es similr en términos reales a la experimentada en aquellos tiempos a manos de la OPEP. A pesar de que la estructura económica ha evolucionado y somos mucho menos dependientes de él gracias a la diversificación de fuentes primarias de energí­a ( lo que es cieto también en España aunque en menor medidad que en otros paí­ses) podemos decir que nuestro capacidad productiva ha disminuí­do, que somos menos ricos y que el crecimiento potencial es menor. Sin embargo, el corredor neoclásico es hoy tan amplio (debido en buena parte a las innovaciones financieras) que no han aparecido ajustes de cantidades significativos hasta hace relativamente poco tiempo gracias también a la acción coordinada de los bancos centrales más importantes que han inyectado dinero para evitar una crisis de liquidez.

Pero es que entre los determinantes de la anchura del corredor no solo están las polí­ticas monetaria y fiscal, en cuya manipulación drástica no debiéramos confiar, sino que está también la noción de lí­mite de crédito. Mientras ese lí­mite no se haya alcanzado, la anchura será suficiente, y no habrá problemas de ajustes de cantidades, y los bancos obtendrá magní­ficos resultados. Pero en cuanto se empiece a notar el lí­mite de crédito la situación cambiará inmediatamente. Esto es exactamente lo que ahora puede empezar a ocurrir o, si se quiere, ha empezado ya a ocurrir.

Es pues en este contexto en el que hay que pensar sobre si hay algo que debamos hacer hoy y qué serí­a este algo. Dejemoslo para la siguiente entrega.

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