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Sobre la situación económica: I. ¿De qué hablamos?

Si antes lo digo antes llega la respuesta. Ayer por la mañana pedí­a que hablaran los economistas en esta precampaña que se ha iniciado ya y amenaza con concentrarse en lo económico. A continuación abrí­ la sección Mercados del peródico El Mundo y allí­ me ecuentro con ocho economistas respetables dando su opinión sobre varios asuntos y especí­ficamente sobre la situación del momento a la luz de los últimos datos sobre inflación y desempleo.

Esta larga precampaña electoral se inicia por lo tanto por lo económico. No parece que se vaya a centrar, como parecí­a solo hace unos dí­as, ni en lo nacional o territorial ni en lo religioso, dos cuestiones mucho más intrincadas e interesantes en estos momentos que esto de la coyuntura económica.

Pero no creo que haya forma de evitar esta verdadera burbuja mediática que elevará el tono cada dí­a a la vista de cualquier nuevo dato o comentario o impresión casual que cualquiera capte al visitar un mercado. Y, no es de extrañar porque la charleta económica polariza mucho menos que otras cuestiones más punzantes, como las mencionadas de la cuestión territorial o de las relaciones con la iglesia católica, que si ocuparan la imaginación de la ciudadaní­a harí­an mucho más dificil la conquista de ese famoso centro en el que se juega, según dicen, el poder.

Lo mejor, por lo tanto, es hablar de economí­a, de impuestos o subvenciones, de si hay algo llamado patriotismo económico o de si las malas noticias, o los datos poco favorables, deben o no airearse dada su influencia sobre las expectativas. Yo decí­a ayer por la mañana que yo sí­ que pensaba hablar de economí­a aun a riesgo de no acertar. A ello voy, pero con varias advertencias previas.

La primera y más general de estas advertencias previas es que aquello de lo que merece la pena hablar desde un mí­nimo conocimiento técnico no es todaví­a ni siquiera una ameanaza. Ni recesión ni crisis son palabras que caractericen la situación actual o reflejen una amenaza inmediata.

La segunda advertencia previa es que, en efecto, los datos tan citados de repunte de la inflación y del desempleo en España, no dan para anunciar ya la inmenencia de una recesión (crecimiento negativo durante dos trimestres seguidos). Parecerí­a que yahemos vuelto a la época de la estanflacion en la que desempleo e inflación crecí­an simultáneamente; pero es que este no es el caso ni siquiera en los USA donde la posibilidad de un recesión es más seria. La inflación española se reconducirá según dicen los modelos más sofisticados, aunque sí­ que es posible que el empleo no solo vaya a ralentizar su tasa de crecimiento, sino incluso disminuir, especialmente en el sector de la construcción y en aquellos otros asociados a las industrias suministradoras de ese sector.

Pero es que se va más allá en en la burbuja mediática y se recupera la palabra crisis, un término que no se oí­a desde la del petróleo de los 70. Por esa razón debo advertir, en tercer lugar, que la subida actual del precio del crudo se debe a causas muy distintas de las de aquella crisis y que la única posible semejanza, además del hecho innegable de que su subida representa una disminución del potencial de crecimiento de una economí­a concreta no generadora de petróleo, estarí­a en los efectos del consecuente reciclaje de los petrodólares que causaron distorsiones en los mercados financieros e incluso reasignaciones de capitales no muy diferentes a las que hoy observamos en la dí­námica de los fondos soberanos que han salvado, en última instancia, la posible descapitalización de algunos bancos. Pero de esto tampoco me gustarí­a hablar porque nos llevarí­a muy lejos.

Lo que quiero hacer es explicarme ingenuamente lo que está ocurriendo en la situación actual y tratar de discutir si merece la pena tomar medidas y de qué tipo. Notaré también, como cuarta advertencia, que no parto de ningún a priori sobre concepciones alternativas referentes al intervencionismo económico ni de la asociación de una u otra postura al respecto con una ideologí­a polí­tica, de derechas o de izquierdas. Esto, de hecho, no tendrí­a recorrido ya que parece evidente que hay polí­ticos de derechas que son muy intervencionista y los hay de izquierdas que entienden el poder higiénico del libre funcionamiento de los mercados.

Quiero hablar por lo tanto de la presunta mala situación económica en la que entramos en medio del verano pasado y de la que ya he hablado varias veces desde entonces en este blog. Bastará pues con que resuma brevemente lo ya dicho respecto a la naturaleza del momento en que nos encontramos. El estallido de la burbuja inmobiliaria en el mundo y especialmente en aquellos paises que la tení­an mas hinchada, efecto de la irresponsable actuación de no pocos bancos que se financiaban sobre todo con el activo emitiendo activos sintéticos que inclí­an hipotecas y que eran calificados como muy solventes por las agencias de rating, se ha generado un problema financiero. Primero de liquidez y hoy ya de confianza, de forma que los bancos no se financian entre sí­ y, en consecuencia, reducen el crédito que pueden otorgar al consumo duradero o la inversión en bienes de equipo.

El alcance de esta explicación no es dificil de entender; pero a partir de aquí­ los agoreros, apoyados en cuatro datos y en la simultánea subida del precio del petróleo, nos anuncian una recesión y una crisis generalizada a pesar de que el mundo en general sigue creciendo y de que los resultados industriales del mundo desarrollado siguen siendo buenos con excepción del sector inmobiliario en ciertos paí­ses y de las caidas en Bolsa de algunos bancos.

Hablemos pues de esto sin aspavientos y preguntémonos si podemos caraterizar la situación de alguna manera desdramatizada que nos lleve a sugerir algún tipo de medida incluyendo la que consiste en no hacer nada.

Será en la próxima entrega.

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