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Sobre la austeridad

TM comenta: “el placer casi masoquista con que la sociedad disfruta de imponer criterios y prácticas de austeridad a sus partícipes. Lo cual es hoy más evidente que en otros momentos, con la facilidad que aquellos que no se ven de hecho salpicados por la crisis en su día a día y formas de vida, predican la austeridad y frugalidad extremas”.

Este comentario parece querer decirnos que, en la medida que los mayores predicadores de la austeridad y la frugalidad en esta encrucijada económica específica son justamente los que no se ven personalmente afectados por la crisis que exigiría, piensan algunos, la austeridad y frugalidad dichosas, en esa medida, repito, nos topamos con un cierto masoquismo que igual revela un cierto sentido de culpa.

Creo yo, sin embargo, que la cosa quizá tiene otra lectura más económica y menos psicológica, más estética y menos sesgada en contra de los millonarios.

La austeridad es bella y de buen gusto en general y en particular cuando se trata de compararla con los excesos de los nuevos millonarios que pueden resultar ridículos. En este sentido la austeridad y la frugalidad son bienvenidas. La primera nos lleva a mirar con cuidado los precios de las cosas y especialmente de la comida de restaurante y ambas, austeridad y frugalidad son desde luego bienvenidas no solo porque nos permiten cuidar nuestro presupuesto sino también porque demuestran una actitud poco pantagruélica o ansiosa. Quien practica estas presuntas virtudes muestra un carácter más sensible y refinado que aquel que no para hasta que consigue cenar en el restaurante más caro del mundo. El control de los impulsos tiene belleza.

Esta belleza tiene su correlato macroeconómico en el steady state de un modelo neoclásico de crecimiento en el que para siempre la economía va a crecer a una tasa dada y la ratio capital/trabajo se va a mantener fija de forma que la ratio rendimiento del capital/salario también se mantendrá fija forzando a que las participaciones de trabajo y capital en el output agregado permanezcan constantes como, en general, parece que ha sido el caso a largo plazo. Esto es bello siempre que la distribución personal de la renta, algo distinto de la funcional (ya que un capitalista puede trabajar y un obrero puede invertir sus ahorros en Bolsa) no sea escandalosamente desigual.

A mí me gusta Japón, uno de los países más igualitarios del mundo que en los últimos veinte años no ha crecido significativamente aunque su renta per cápita ha seguido siendo de las más altas. Quiero creer que es por eso que en Japón parece haber una solidaridad muy enraizada tal como mostraron los héroes de Fukujima.

«Sobre la austeridad» recibió 2 desde que se publicó el viernes 2 de diciembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] de esas lecturas de las que hablaba, es lo Juan Urrutia Elejalde (JUE) expuso en una de sus entradas del blog que justo enlazo. JUE comenta que la austeridad y la frugalidad permiten controlar el presupuesto y cuidar los […]

  2. […] de esas lecturas de las que hablaba, es lo Juan Urrutia Elejalde (JUE) expuso en una de sus entradas del blog que justo enlazo. JUE comenta que la austeridad y la frugalidad permiten controlar el presupuesto y cuidar los […]

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