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Sobre fraternidad laica

Este es un post sobre un comentario de Carlos Boyle sobre el post Mercado y Competencia. Trata de interpretar ese comentario, especialmente en su última parte, en términos políticos. No cito todo el comentario de Carlos, sino solo aquello que necesito par mi contestación

Pare ello echaré mano de la tesis de amigo-enemigo de Carl Schmitt y me plantaré en la tesis que esgrime Chantal Mouffe al respecto en “En torno a lo político”.

Comienza comentando sobre los dos paradigmas de los que yo hablo: el mercado, en el que los precios sirven como coordinadores de la actividad y la competencia que sirve justamente para que, cuando los precios jueguen un papel incentivador y no meramnte coordinador, se elimine la razón para ese rol de los precios. Dice Carlos:

No es casual que desde dentro de nuestra cultura y por tu formación, para referenciar ambos paradigmas te hayas basado en el pensamiento dos de los referentes religiosos que más influenciaron desde ese lugar a la política y a la economía.

Se refiere a Calvino y Loyola y, en la base de ambos, a la religión y así se explicaría la opinión de Moufflé acerca de la moralización de la política.

En efecto, Mouffe advierte sobre una suerte de operación de moralización sobre la política:

Lo que quiero indicar es que, en lugar de ser construida en términos políticos, la oposición ‘nosotros’/’ellos’ constitutiva de la política se construye ahora según las categorías morales del ‘bien’ versus el ‘mal’.”
http://labarbarie.com.ar/2007/en-torno-a-lo-politico/

Hay aquí algo que no entiendo pues, de acuerdo con esa referencia, el nosotros/ellos es constitutivo de lo político no de la política que sería justamente, y dicho en mis palabras, una salida a la caracterización de lo político que hace Carl Schmitt, una especie de eterna espera agonística para lograr superar los antagonismos. Esto es, en términos amplios, lo que va a añadir Carlos, volviendo a la misma fuente. Cita Pablo en La barbarie recensionando el libro Chantal Mouffe, En torno a lo político, que lo precisa más. Dice Pablo:

“Mouffe propone como alternativa a la democracia liberal lo que ella y Laclau llaman democracia radical o democracia pluralista. Un modelo basado no en la exclusión antagonista de la diferencia, sino en su inclusión bajo una modalidad “agonista”, que consistiría, básicamente, en la puesta en escena del conflicto como alternativa a su resolución por la violencia o, si se quiere, la sustitución de la violencia real por alguna forma de violencia simbólica.” (el voto).

Pero, claro está, la puesta en escena del antagonismo no puede ser sino agonística y eterna si seguimos prisioneros de nuestra tradición eclesial desde Agustín y la Patrística hasta Calvino. Sea de una forma o de otra es ahí donde surge la fraternidad desligándose de su origen. Tiene pues razón Carlos cuando dice que:

Llevamos años estudiando a la fraternidad desde la óptica de las redes sociales y lo que es a mi, y creo que a vos tb, nos ha permitido desvincular a la fraternidad de sus preconceptos masónicos, universalitas y cristianos para destilarla en su quintaesencia de lo social.

Así es y esto que añade Carlos me es totalmente “familiar”:

Si la fraternidad es la forma de red social que posibilita la libre y ergódica circulación de los flujos internos y su respectivo intercambio con el entorno, sus implicancias morales desaparecen permitiendo una cuota de violencia real o virtualizada en su seno. ¿O acaso la fraternidad no era anterior a la solidaridad y el bien común? ¿O acaso entre hermanos no nos llevamos a las patadas en casa? Sin embargo nada de esto imposibilitó que siguiéramos siendo hermanos.

Saquemos pues esto de la fraternidad de ese contexo religioso y veamos que queda. Algo anterior y previo a la solidaridad. ¿Qué es eso? He aquí la pregunta que, ben respondida, podría dar la réplica a los planteaminentos Schmittianos más allá de los agonismos o las escenificaciones.

He ensayado muchas respuestas; pero la que hoy me viene a las mentes es la que podría solucionar la paradoja que plantea el juego estratégico denominado dilema del prisionero. La paradoja es que en su equilibrio o solución no hay cooperación sino todo lo contrario mientras que en exprimentos de laboratoro hay mucha cooperación.

La solución de la paradoja se encuentra, no en las estipulaciones que parecerían obvias, sino justamente en que no hay conocimiento común de la matriz de pagos y del hecho de que los contendientes prefieren más a menos. Si el conocimeiento de esas dos piezas de información es solo conocimiento mutuo de orden N, N finito, cabe la posibilidad de que yo piense que igual tu no eres un hijo de mala madre sino un hermado y me atreva a jugar cooperativamente. Si además tu piensas lo mismo aterrizamos en el equilibrio cooperativo por obra y gracia, he ahí la bello de esta solución a la paradoja, de algo que solo se puede denominar fraternidad.

O sea que la fraternidad es como fingir que no nos hemos enterado de la “maldad” ajena o como fingir que ignoramos el sexo en un ascensor en el que viajamos apretujados.

«Sobre fraternidad laica» recibió 5 desde que se publicó el Viernes 30 de Abril de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Urrutia dice:

    Querido Juan, buen post, aunque realmente creo imposible discutir sobre la [[fraternidad]] con alguien como Carlos que sigue diciendo que “los españoles” conquistaron América y lo que es mejor, que él mismo es “heredero” de los agravios sufridos por los indígenas del invasor y los que él considera españoles actuales (en lo que te/nos incluye) herederos de la “deuda”.

    Si hay un ejemplo de como la estupidez y mezquindad ahistórica de la ideología nacionalista es un disolvente de toda fraternidad, es ese.

  2. Juan Urrutia dice:

    Querido David. Aparte del tono,que no glosaré pues es cosa tuya, tu comentario plantea algo bien intersante como sería pensar un poco sobre la presunta ahistórica mezquindad de la ideología nacionalista y de si es un disovente, o un aglutinante, de la freternidad laica.

  3. Juan Urrutia dice:

    Juan, el nacionalismo como ideología de estado es disolvente de toda fraternidad. Brotes de resistencia local a lo que sea bajo formas independentistas o segregacionistas, pueden ir asociadas e incluso generar fraternidad… pero ay de la fraternidad si llega el momento en que los hermanos de hoy se vean custodiados por su “propio” estado nacional… La fraternidad será la primera víctima. Ejemplo cercano: Timor Este.

    Sobre el tópico nacionalista de la deuda de los subditos españoles contemporáneos con los ciudadanos de estados sudamericanos, he escrito algo más hoy mismo en mi blog

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] Creo que la discusión  que se está dando en torno al “miedo”  en estos días me lleva a escribir este post y a  sentirme identificado con mucho de lo que se está diciendo por allí. ¿Existe algo tal como “lo social”? Si existe, ¿cómo se los circunscribiría a un espacio, a un tiempo, a una cultura? ¿Cual sería su dominio? Para los cosntructivistas radicales, por ejemplo, solo existe lo distinguido del entorno, por lo que para tener una identidad (social), en ese dominio se deberían distinguir algunas conductas básicas tales que la haga reconocible como “entidad distinguida”. Desde esta óptica, lo medular sería analizar si realmente  se “construye” algo a partir  de interacciones sociales simples y si esto es así, cómo logra lo “construido”  distinguirse del entorno y luego qué tendría que hacer para hacerse sostenible en el tiempo. Nada de lo que digo hoy es nuevo, discusiones parecidas a esta hemos tenido muchas veces por acá, pero lo que quiero proponer hoy es una nueva mirada sobre lo  social basada en La Fraternidad Laica como la bautizó Juan Urrutia Elejalde en este post. […]

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