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Sobre el ataque de Felix de Azúa al relativismo

Mi Goulue me dice que el sábado 15 de este mes de octubre Félix de Azúa escribió en El Paí­s un pequeño tratado sobre el relativismo que a mí­ me resultó incomprensible, pero que quise recordar, apuntándolo en esa libretita, porque me pareció representativo de una vuelta generalizada (y manifestada en muy distintos ámbitos) al conservadurismo propio de los defensores de la verdad objetiva entendida como la adecuación de la palabra a la cosa.

Apoyándose en un debate que, por lo visto, tuvo lugar en las páginas del Times Literry Supplement, repasa la biografí­a de Foucault, un autor realmente relativista como lo es lo que se ha dado en llamar la French Theory en su totalidad. Según lo que de Azúa nos cuenta de ese debate no acabamos de saber si Foucault creí­a realmente que el sida era una creación del poder reaccionario o si decidió suicidarse sabiendo que esa enfermedad era realmente una enfermedad y además mortal o si infectó o no a otros a propósito.

Pero en realidad no importa mucho el caso de este pensador francés pues es solo utilizado como introducción al gran tema del relativismo y a la discusión de la responsabilidad del intelectual ante la invasión de este virus y ante la invasión de virus de cualquier otro tipo.

El relativismo es vilipendiado como invulnerable por estar vací­o de un contenido que pudiera ser falsado. Esta toma de postura no es justa pues no reconoce el planteamiento de muchos intelectuales pragmatistas o hermeneúticos que se molestan en defenderse, con toda clase de argumentos, afirmando que sus posiciones no implican relativismo alguno. Me temo, de todas formas que de Azúa no acepatarí­a esos argumentos.

La responasabilidad del intelectual es un asunto que se definirí­a y medirí­a según ese ser raro actuara o no de acuerdo con sus propias teorí­as. Y así­ Foucault podrí­a aparecer como muy responsable y no como un asesino deseperado y los comunistas conversos como muy poco responsables. Un tema éste que tampoco parece ser el objetivo central del pequeño tratado al que me estoy refiriendo y que, en cualquier caso es muy aburrido.

A lo que finalmente ese escrito de Felix de Azúa parece dirigirse especificamente es a acusar a muchos intelectuales de hacer caso omiso de los facts, un concepto que actúa como fetiche en su discurso,como si estos facts pudiera establecerse inequivocamente y no fueran simplemente artefactos más o menos admitidos por la comunidad que pretende ser relevante en cada caso.

El “j ´accuse” que siempre se esconde detrás de un escrito de un intelectual se concentra finalmente en España en donde parecerí­a, según nuestro autor, que no hay ningún respeto por los hechos o que todo el mundo se ha hecho relativista. Una alternativa diabólica y desesperada pues ninguna de sus salidas parece ser muy alentadora.

Esto último me hizo pensar en el extraño odio, ni siquiera mitigado por la curiosidad, que creo detectar en España sobre cualquier cosa que suene a multiculturalismo, relativismo, posmodernismo, postestructuralismo, cultural studies o a esas custiones de género que pretendidamente intentarí­an negar el hecho de que hay diferencias cromosomáticas entre hombres y mujeres so pretexto de aclararnos que ese hecho puede muy bien ser irrelevante a la hora de liberarnos de las carácterí­sticas socialmente construí­das de cada género.

Esta caracterí­stica de nuestra intelectualidad me remite a otros muchos rasgos raciales de la patria de “al pan pan y al vino vino” y del “no nos engañemos” que nos llevarí­an por la senda de la seguridad epistemológica. Recuerdo dos casos paradigmáticos, ambos relacionados con dos ciéntí­ficos serios y homologables.

El primero de estos cientí­ficos se reí­a amablemente de que, en una tesis de alguna rama del pensamiento social, se dudara del contenido del pensamiento de un autor vivo. Hubiera bastado con llamar al autor por teléfono para eliminar las dudas, decí­a el cientí­fico, como si este procedimiento nos pudiera dar garantí­as sobre lo que quiso decir y no nos permitiera entender su pensamiento de maneras alternativas que se alejan del propio autor.

El otro caso se refiere también a uno de esos cientí­ficos que presumen de apelar al tribunal de los hechos. Trataba yo, en este caso y de manera voluntariosa, de explicar el proyecto investigador de Bruno Latour y asociados como un intento de entender la parte de construí­dos y negociados que tiene los hechos ciéntí­ficos, cuando, impaciente, el cientí­fico reputado ( y por buenas razones ) me preguntó provocativamente si yo pesaba que realmente la bomba habí­a estallado sobre Iroshima y Nagasaki. Su pregunta inquisitiva jugaba el mismo papel que la llamada telefónica del cientí­fico del caso anterior. Sí­ que explotó y mató, pero eso no nos exime de preguntarnos si se debió utilizar o no la bomba atómica, cómo se tomó la decisión de usarla y con que argumentos, si la ciencia es o no responsable, si los cientí­ficos son o no unos simples mercenarios, si la ciencia con aplicaciones militares puede o debe ser nacional o internacional, si los secretos ciéntí­ficos son, como tales secretos, una traición a la obligación de poner en el dominio público los rsultados relevantes para la búsqueda de la verdad, si es o no esperable el cumplimiento de lo pactado en tratados internacionales al respecto o, más en general, si la influencia de lo militar es determinante en la dirección de la cencia.

Y justo unos dí­as después del artí­culo que he pretendido glosar y de los recuerdos que evocó en mí­, Corea del Norte parece que realiza una prueba nuclear aunque hasta la fecha de hoy yo no he conseguido enterarme si realmente lo fue o si fue un simple simulacro dirigido a otras finalidades que algunos de los relativistas ya han apuntado.

Comprendo el malestar que produce el relativismo y la agresividad que suscita, pero eso no justifica, creo yo, la simplista adoración de los hechos y el “ojo al dato” que más bien parece el latiguillo de un cronista deportivo recordándonos las estadí­sticas la ví­spera del acontecimiento deportivo del año.

«Sobre el ataque de Felix de Azúa al relativismo» recibió 1 desde que se publicó el Domingo 29 de Octubre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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