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Sindicalismo

En terminología marxista y bien expresiva podemos decir que los cambios en los modos de producción acarrean cambios en las relaciones sociales. La Revolución Industrial fue un cambio en el modo de producción que trajo consigo un ejercito de reserva mezcla de lo que hoy llamaríamos explotados, marginados, subempleados, desempleados, etc. y que acabó conformando una clase social proletaria. A partir de aquí nacieron los Sindicatos que son, simultáneamente, una institución para la defensa mutua (y que, para muchos, ha llegado a formar parte de la definición de democracia), una ética, propia de la solidaridad de clase, y una épica que corresponde a la lucha obrera.

Aunque parezca antiguo nada de esto es trivial y, de hecho, merece un monumento a la creatividad humana. Sin el empuje sindical, el capitalismo como forma de creación de riqueza quizá no hubiera sido viable. Pero el capitalismo ha hecho tan bien su trabajo que el modo de producción ha cambiado. Hace veinte años se empezó a hablar de la época post-industrial y el fin de la guerra fría ha propiciado una reasignación global de recursos. El nuevo modo de producción se caracteriza por varios rasgos:

  • Primero, el capitalismo popular ha hecho de muchos trabajadores accionistas y esto ha difuminado la épica de la lucha obrera que se va reemplazando por la épica antiglobalizadora
  • Segundo, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación propician el individualismo, y la extensión de los mercados financieros y de las instituciones para el aseguramiento mutuo confrontan a la gente con la responsabilidad individual. Ambas cosas erosionan la ética de la solidaridad que pasa a ser defendida por algunas ONGs y se va sustituyendo por otras solidaridades menos de clase y más de identidad (nacional, étnica, de genero, etc.)
  • Tercero, la globalización pone en juego la propia existencia de la institución sindical y, desde luego, la forma de gobernarla pues sus finalidades y objetivos alcanzables ya no están claros y aparecen contradicciones. ¿Debe un Sindicado dedicarse a la defensa del salario del empleado o debe tratar de paliar la indigencia del desempleado?

En el nuevo modo de producción caben dos posibilidades no alternativas. Cabe que algunos sindicatos se redefinan, guardando las esencias, como una institución transversal que se dedique a defender a los marginados con una ética basada en la lucha contra la pobreza y con una épica centrada en la defensa de la dignidad del ser humano especialmente despreciada en ciertas partes del planeta, sobre todo en Africa. Pero en esta alternativa los sindicatos tendrían la competencia obvia no sólo de ONGs, sino también de Amnistía Internacional y de las agencias multilaterales, por lo que parecería que la otra alternativa es más plausible.

Cabe, en efecto, que el sindicato se integre entre las instituciones que velan por el buen funcionamiento del modo de producción, preocupándose de la verdadera competencia (evitando así el capitalismo de amigotes), del buen gobierno de las empresas (propiciando la Stakeholder Society en contra del simple Shareholder Value) e incluso de la felicidad del ciudadano occidental que puede pasar quizá por mayor ocio y no tanto por más renta.

Las dos alternativas descritas son en realidad complementarias pues la única manera sensata de salvar Africa o de integrar a los marginados es el libre comercio y la competencia en general; pero la institución sindical se decantará por la segunda. Dentro de esta segunda alternativa América ha integrado totalmente a los sindicatos como un lobby más. En Europa no cabe en el momento actual más que se conviertan en parte del engranaje socialdemócrata y que sirvan para apoyar aquellas reformas del Estado del Bienestar que permitan su supervivencia.

«Sindicalismo» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 10 de Noviembre de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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