Desde mi sillón

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¿Sigue la aventura?

Sí, después de recibir los dos flechazos en mi flanco derecho, decidí, creo que con buen criterio, encerrarme en mi casa y no correr riesgos pues me parecía evidente que de tregua nada, que seguían ahí fuera espiándome y buscando el momento de encontrarme en una situación vulnerable.

Pero el encierro duraba ya demasiado. Por un lado tampoco había contribuido a mi capacidad de trabajo y no he acabado ninguno de mis deberes pendientes. Por otro lado se me están agotando las provisiones a pesar de que, con estos nervios, no me encuentro bien del estómago. Y resulta que también la encerrona tiene sus horrores y amenazas. Los tractores han vuelto a aparecer y ayer pasaban por delante de los setos que aíslan la piscina de miradas malsanamente curiosas, con los volquetes llenos de hierba. No sabría decir de donde venían ni a donde iban aunque por la frecuencia de su paso yo diría que por muchos que sean los tractores, aunque hubieran traído aquí a todos los de la comarca, su recorrido no puede ser muy largo. Pasaron tantas veces que me hace sospechar pues no hay alrededor de mi masía campo tan grande como para acumular tanta hierba.

Así que hoy he decidido salir de noche y a un sitio concurrido. Hay un sitio al que todos los años acudo y nunca logro evitar que mi visita coincida con las fiestas patronales: la Escala. hay allí un restaurante que me gusta mucho y ofrece comida sana. Siempre voy por el mismo sitio y año tras año me veo envuelto en una sardana. Me encanta este baile pues los pasos no son complicados para una mente enredada como la mía y mi prudencia hace que, desde hace años, consiga ser requerido a entrar en el círculo por parte de señoras mayores (será porque la jóvenes no tienen ya ojos para mí, algún día tenía que llegar este momento); pero este año me he encontrado sin pretenderlo entre dos bellezas nórdicas de ojos vidriosos. El pánico duró solo unas décimas de segundo pues, no sé cómo, me ha venido a la memoria aquella canción que ya era vieja cuando llegué al uso de razón: Rascayú por aquello de que “los esqueletos salían bailando una sardana”. Me ha entrado una risa desencadenada en forma de carcajadas irrefrenables y, como en un ensalmo, las nórdicas de ojos vidriosos se han esfumado.

He seguido recordando cómo la canción también me interpela como si yo fuera “un muerto salido de la fosa”. O sea, que igual es esto, estos miedos y esta paranoia, lo que conforma el purgatorio. Espero que realmente sea solo temporal.

«¿Sigue la aventura?» recibió 0 desde que se publicó el viernes 23 de agosto de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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