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Shylock y Antonio

Llevo varios posts espigando lo que el gran poeta y retrógrado pensador social, Ezra Pound, tení­a que decir a cerca de los problemas económicos de su época. Se trata de un ejercicio preparatorio para un librito sobre economista esotéricos.

Pero no es este el caso del ciclo que sobre Economí­a y Literatura se est á celebrano en el Instituto de España patrocinado por el Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid. La intención de este ciclo parece ser, m ás bien, la de rastrear el uso de las instituciones sociales y económicas vigentes en el momento que se refleja en la obra literaria examinada. Sus contornos precisos y cómo se viví­an por los personsjes.

Este ciclo es una magní­fca idea y me molesta no poder seguirlo en su integridad. Sin embargo tuve ocasión el otro dí­a de disfrutar de la exposición de Carlos Rodriguez Braun sobre El Mercader de Venecia. Carlos, como era de esperar, se lució tanto en la exposición de la obra como en su oficio detectivesco de encontrar en ella ideas económicas y descripciones del funcionamiento de instituciones vigentes en la época y dio el toque maestro y sutil al detectar la falta la mención y uso dram ático del aseguramiento, institución ésta que, sin duda, existí­a a la sazón, pero que no juega papel alguno en la obra, apesar de que podí­a haber salvado a Antonio de las consecuencias de su presunta bancarrota.

Me veo obligado a destacar crí­ticamente que me pareció que la conclusión que Carlos querí­a alcanzar y subrayar estaba decidida de antemano y refleja sus convicciones y no tanto el impacto de la lectura de El Mercader. De hecho hay que forzar un poco el texto para destacar que de su lectura se sigue la necesidad, para el buen gobierno de la República, de unir justicia y piedad. Es esta la combinación del conservadurismo compasivo que, aunque me encantarí­a discutir, sale fuera no solo de mi comentario sino del contenido estricto del ciclo y se acerca m ás a una consideración de las instituciones jurí­dicas en Shakespeare.

Creo que Carlos dejó escapar una sunto de enjundia que, a la salida de la conferencia, me hací­a notar nuestro común amigo Ramón Botas, y que le hubiera dado muchí­simo juego. Ramón me hizo ver que Antonio y Shylock representan las redes sociales y el mercado respectivamente y que este hecho permite distinguir con nitidez un capitalismo de amigotes, que se apoderan del estado y tergiversan las leyes y la moral en favor de los miembros de su red, y un capitalismo “at arms length” en el que uno intercambia con extraños creyéndose protegido por la Ley.

Antonio representa la institución de la Red que permite el acceso a no pocos bienes sin tener que pagar un precio inmediato por ellos, y Shylock representa el Mercado en el que no funciona la confianza mutua que existe entre los miembros de una red y en donde los intercambios est án solamente protegidos, en caso de que no se realicen simult áneamente, por la Ley y por la Justicia que la defiede.

Pero la simultaneidad es imposible en el contrato de préstamo. De ahí­ que éste pueda llevarse a cabo de dos maneras. O bien se presta a los amigos de la Red y sin un interés expreso, pero que se pagar á en el futuro de una u otra manera so pena de ser expulsado de esta sociedad de apoyos mutuos constituí­da en red, o bien se acuerda el pago de un interés determinado, en cualquier forma permitida por la Ley, que deber á ser hecho efectivo en la forma estipulada so pena de caer en garras de la Justicia.

Es esta segunda forma la que est á por debajo de la potencia creativa de la economí­a de mercado y la que representa el judí­o. El cristiano Antonio es un buen hombre que avala generosamente a un amigo extravagante; pero no parece la punta de lanza de nada.

Lo que para Carlos es un final ejemplar en la medida que combina la Justicia con la Benevolencia a base ,eso sí­, de saltarse a la torera la primera, constituye para mí­ un canto a la realidad misma que puede ceder un poco en el respeto a la Ley a cambio de un bien general. El trampear no me parece teririble ( lo que hace, incidentalmente, que aprecie Crash, un apelí­cula coral de la que he disfrutado bastante) pero no veo por ningún lado cual es el interés general que se alcanza privando a Shylock de su derecho por b ábara que sea su satisfacción
Me parece m ás bien que la lectura del Mercader de Venecia nos acerca a una comprensión de la naturaleza poco edificante de algunas formas de administrar justicia que , por ambiciosas, acaban cometiendo flagrantes injusticias.

«Shylock y Antonio» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 23 de Enero de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. ramon botas dice:

    Brillante conferencia de Carlos Rodríguez Braun.Me gustaría seguir este tema con los dos durante una comida,pero entretanto un par de observaciones.El “mercado” aunque instintivamente odioso para tantos amigos y conocidos,es sin embargo un formidable mecanismo de movilización de recursos y voluntades.Y además contiene elementos de justicia,de no discriminación,como los que llevan a Shilok a prestar con interés a los que le insultan y escupen.La disciplina del mercado puede motivar aun racista a interactuar (comprar y vender, o emplear o ser empleado)con gentes de razas que desprecia o incluso odia.
    Y sin embargo,cuando nos salimos de ese invento neoliberal y entramos en el mundo de la “F-connection:firms,family and friends”,ya todo es más “elegante y refinado”,y nos movemos -gratis – entre gentes correctas,entre gente “bien”,entre gente “conocida”.O gente “potente” como dicen en Sicilia.Y fuera de la doble disciplina del mercado y de la Ley.
    Y eso me lleva a pensar en otro Antonio, no el de Shakespeare, si no el del Banco de Italia…Antonio Fazio y sus jerseis de cashemere y sus primeras ediciones de Aquino.¡Qué caras han resultado al final!

  2. Juan Urrutia dice:

    Gracias por tu comentario Ramón.Tu mención a las tres F (firm,family and friends) es una manera muy elegante de dejar claro lo que yo tenía en mi mente cuando redacté mi post. Tu referencia a Fazio me parece más que oportuna. No creo que todo se limitara a un jersey y auna edición antigua de la Suma Teológica. Pero es posible que así fuera porque lo imporante es que los intercambios con nombres y apellidos, a diferencia de los que se realizan “at arms legth”, exhiben unos costes de transacción muy bajos con lo que se prefieren a los anónimos.Esto ocurre hasta para vender un piso o un coche de segunda mano: prefieres conocer a la mamá del comprador. Pues no te digo nada para capturar al Estado o al regulador. Como no hay mercado para comprar reguladores y los lobbies no los sustituyen a la perfección, no hay más remdedio que acudir a alguna F. Y mientras los judíos teniendo que correr con el riesgo de impago. ¡Viva el mercado! O dicho de otra manera, espero que algún día todos seamos judíos.

  3. ramon botas dice:

    Bueno,sólo son bajos los costes de transacción inmediatos o probables, cuando operamos en el “mercado de los favores”.Piensa que a Fazio, sus mimitos a sus amigos banqueros a cambio de mimos y regalos, le han costado muy caro.Muchos sueldos de Gobernador.Con ese lucro cesante se podrí haber cogido un avión,alojarse en el Villamagna y comprarse toda la ropa de su elección en Denis de Hermosilla.Y de vuelta a Roma, a trabajar un lunes cualquiera de estos.

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