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SESGO CONFIRMATORIO Y LA REPUTACIÓN DE LOS EXPERTOS

La Fundación del Pino hace un esfuerzo muy encomiable acercando a Madrid a economistas de tronío para pensar en alta voz sobre lo que hemos aprendido de la crisis. El último en ocupar esa tribuna ha sido Robert Lucas jr., laureado con el Nobel. Se mostró preocupado por la política expansionista de Obama y por el apoyo a la misma de la FED que podría, según él, acabar con esa flexibilidad americana que explicaría por qué la tasa de crecimiento a largo plazo de la economía estadounidense es un punto superior a la europea aquejada ésta de rigideces impuestas por el estado del bienestar. Cuando alguna pregunta desde la sala le puso en el brete de dar razones teóricas serias o evidencia factual que apoyaran sus opiniones se escabulló afirmando humildemente que solo era su opinión y que era consciente de que hay otras opiniones respetables y contrarias a su postura. Sería normal pensar que su énfasis en el largo plazo y su fe en la flexibilidad son una cuestión ideológica. Sin embargo es posible que se tratara del sesgo confirmatorio, un sesgo psicológico del que pretendo hablar a continuación.

El aroma ideológico se percibe también en otros debates hoy presentes en la sociedad. Pensemos en el cambio climático, la educación – segregada o no -, el creacionismo, el aborto o las pensiones por mencionar algunos de los asuntos en los que la opinión de los expertos es recabada continuamente. Un ejemplo paradigmático de la situación que trato de describir ha sido la reforma laboral en España. El grupo de los 100 era un grupo de economistas profesionales que tienden a mirar al mercado de trabajo como tal mercado y el grupo de los 700 era otro grupo de profesionales de diversas especialidades que incluía también otros economistas que consideran el mercado de trabajo como un sistema más o menos complejo difícil de entender con precisión y del que se pueden esperar resultados sorprendentes.

La diversidad de opiniones entre expertos es para casi todo el mundo motivo de zozobra. Para mí, sin embargo, es más bien motivo de celebración pues nos libera del autoritarismo. Sin ocultar mis preferencias voy a tratar de argumentar mi posición en base a la evidencia experimental que muestra le existencia de un sesgo confirmatorio y sobre todo en base al trabajo que, hace ya tiempo, elaboraron Rabin y Schrag (“First Impressions Matter: A Model of Confirmatory Bias”, QJE,1999) destacando las consecuencias de ese sesgo y que yo aplico al caso de los expertos en este mundo líquido (Bauman) o posmoderno (Lyotard) en que vivimos hoy.

No me detendré en los experimentos de laboratorio; pero créanme que para ahora hay ya muchos que muestran que todos, incluidos los expertos, mostramos una tendencia significativa a no abandonar nuestras creencias previas, basadas quizá en una evidencia inicial, de manera que podríamos decir que las primeras impresiones importan y mucho en la formación de nuestras opiniones incluyendo las que decimos mantener como expertos. Me limitaré a traducir la descripción que hacen los citados Rabin y Schrag a partir del examen que llevan a cabo de lo experimentos disponibles en su momento. “Cuando la evidencia es confirmatoria, sospechamos que tanto el lego como el científico profesional rápidamente reducen la complejidad de la información y recuerdan solo unas pocas y bien elegidas impresiones que apoyan su impresión. Cuando la evidencia es desconfirmatoria continúan reflexionando sobre cualquier información que pudiera sugerir interpretaciones alternativas menos demoledoras. Y desde luego es posible que puedan llegar a entender las ambigüedades y fallos conceptuales en los datos opuestos a su hipótesis como sugeridores de la corrección, en lo fundamental, de sus hipótesis”. Estos dos autores destacan tres consecuencias de este sesgo en la percepción de los expertos frente a las señales que reciben relativas al mundo del que hablan.

La primera de estas consecuencias es el exceso de confianza en la propia opinión. Es decir que el experto puede llegar a tener, para ciertos valores de la calidad de la señal recibida desde el mundo real y del sesgo confirmatorio, una creencia en su primera impresión mayor de lo que la evidencia sostiene. La segunda consecuencia es que, en esas condiciones, es decir con esos valores del sesgo y con ese grado de corrección de la señal, es posible que la creencia de un experto esté equivocada. Y la tercera es que también es posible, para rangos de los valores de sesgo y corrección de la señal determinados, que no haya serie alguna de evidencias que haga cambiar de opinión al experto.

Estas consecuencias a su vez nos aportan una lección sobre la forma en la que los que escuchamos a los expertos (bien porque tenemos que tomar decisiones, bien porque queremos formarnos una opinión para elegir a aquellos que deben tomar decisiones) deberíamos recabar su opinión. Nos encontramos con dos posibles cursos de ación. O bien elegimos escuchar a los expertos reputados como los mejores según algún procedimiento objetivo y serio, o bien decidimos seguir la opinión de la mayoría de ellos con independencia de reputaciones. ¿Qué hacer?

Pues bien, dadas las consecuencias del sesgo confirmatorio que he destacado, a nadie le debe parecer extraordinario que, para valores muy altos del sesgo confirmatorio y para señales no muy informativas, lo mejor que puede hacer el soberano es consultar con cuantos más expertos mejor y guiarse por la opinión de la mayoría sin fijarse en el peso relativo de las opiniones según la reputación de los expertos.

Este resultado nos debería hacer pensar que hay muchos campos en los que seguramente el sesgo es grande y la calidad de las señales mediocre de forma que tendríamos que meditar sobre nuestra estrategia. Ya seamos pacientes, inversores, administradores de fondos públicos o simples ciudadanos responsables y preocupados por las pensiones, la educación, la salud, el estado de nuestra cartera o la ciencia y la innovación, es posible que debiéramos ser menos crédulos en relación con los expertos.

«SESGO CONFIRMATORIO Y LA REPUTACIÓN DE LOS EXPERTOS» recibió 6 desde que se publicó el Miércoles 17 de Noviembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. JR Melchisidor dice:

    Saludos Juan.
    Aunque despues de leer los articulos y comentarios que poneis en el blog, se que esta pregunta no tiene el suficiente nivel intelectual. Pero ¿que pasaria si se devalua el Euro?¿No se potenciaria la economia del euro, aunque se pase un año malo?.
    Perdona que solo haga una pregunta y no aporte mucho.
    Un saludo
    Juanra

  2. El Maik dice:

    Está buena la perspectiva. Tal vez también sería bueno tener en cuenta las connotaciones del “sesgo” cuando intentamos extraer nuestras propias conclusiones, además de cuando escuchamos las de los demás. Claro, capaz que eso en realidad es medio imposible mientras sigamos siendo seres humanos, porque en cierta medida significa quitarle lo intuitivo y lo afectivo que tiene puede tener opinión o una mirada. Pero me resulta un poco jodido de todos modos percibir, que uno a veces mantiene o tuerce algunos análisis en base algo, que sin duda es, más afectivo que racional.
    Pucha!

    Saludos

  3. Juan Urrutia dice:

    Deavaluar el euro les vene bien a algunos sin ninguna dudad pero otros estarían muy preocupados por los efectos inflacionarios de la medida. Y recordemos que no hay una única soberanía.

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