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¿Se acabó la discusión?

¿Se acabó la discusión? Tenemos pendiente encontrar esas políticas de oferta que no dañen a la demanda agregada y diseñar políticas micro que incentiven no solo la financiación bancaria sino también el mercado de trabajo… y quizá fuera bueno mirar a la desigualdad resaltada por Picketty más allá de la forma de medir el capital de los impuestos a los muy ricos. En fin, que no, no se ha acabado la discusión.

mercado
Recordemos que el FT apoyaba hace unos días, y como siempre con prudencia, la idea del impago parcial o retardado de la deuda que pretende Podemos en forma de reestructuración de dicha deuda. Como además y tal como decía en el último post parece que la explicación de lo que pasa se ha hecho totalmente convencional, creo que se podría decir que ya no hay discusión.

Ha vencido, en efecto, la idea más cercana a la tradicional, pero seguramente Woolf lo cuenta mejor y con mayor autoridad en su columna del pasado día 26 de noviembre de la que destaco los siguientes dos párrafos. Este es el primero:

The [preferred] alternative is to address the sources of structurally weak demand. One policy would be to redistribute incomes from savers to spenders. Another would be to promote spending. This is why Japan’s consumption tax increase was so misconceived. Japan should tax savings instead. This violates the prejudice that thrift is valuable. But in a world suffering from demand deficiency syndrome, it is not. Unproductive savings should be discouraged

Esto es evidente en el caso de Japón y la medida resultó incomprensible desde el mismo momento que se tomó. Sin embargo no se trata solo de que la paradox of thrift esté vigente sino que, además, en Japón no parece haber problema con el endeudamiento porque son los propios japoneses quien se hacen cargo de él y porque seguramente sigue vigente las ideas de Leijonhufvud tal como las explique en este post en el que se añade algo que merece la pena recordar en palabras del propio Axel quien insiste en que fuera del Corredor Neoclásico es imposible poder decir de manera creíble algo de este tenor: «tengo este proyecto de inversión que rendirá sus frutos en el futuro y desearía intercambiar hoy esa perspectiva por factores de producción que me permitan producir hoy los bienes futuro». Y continúa: «y es ahí donde llegamos cuando el sistema financiero está totalmente atorado con préstamos malos».

No cabe duda de que este ha sido el caso en Japón y en Europa, pero ahora en este último continente no se trata de que el sistema financiero no haya mejorado, pues sí que lo ha hecho al menos un poco, se trata de que no solo estamos en una situación de fallos de demanda efectiva, sino que también tenemos problemas de oferta. Es aquí donde conviene recordar un segundo párrafo de Woolf:

[T]he possibility of structurally weak supply [also exists]. The solution is encouragement to work, invest and innovate. But policies designed to promote supply must not simultaneously weaken demand.

Este es el problema, cómo encontrar esas políticas de oferta que no dañen a la demanda agregada. Para reflexionar sobre este punto de una forma inicial quizá debiéramos detenernos un segundo sobre la tasa natural de desempleo y sobre el llamado output gap o Ley de Okun. Si la primera aumenta porque el diseño del mercado de trabajo es defectuoso y se reduce la intensidad de búsqueda debería ser cierto que el output gap disminuiría y en ese momento se comenzara a generar empleo a poco que se creciera. Podríamos decir que como ya «nadie» busca activamente empleo un pequeño empujoncito a las oportunidades de crecimiento se topa con un paseante descorazonado que igual contesta que sí a una oferta como quien admite un descuento inesperado, por revestir una forma nueva, en forma de puntos por ejemplo, en un supermercado.

He aquí pues el problema intelectual, cómo diseñar políticas micro que incentiven no solo la financiación bancaria sino también el mercado de trabajo. Mientras lo pensamos quizá podemos comenzar una nueva línea de pensamiento que ponga el foco en la forma de vida que va surgir después de que se hayan practicado todas las curas de choque. Mi apuesta es que cuando ya podamos decir que estamos fuera de peligro de una nueva recesión, no solo tengamos los europeos que repensar la política de nuestras instituciones, sino que estemos en disposición de iniciar una nueva forma de vida. Por mucho que nos anuncien que las primeras señales de la recuperación son los incrementos en las compras de bienes de lujo -como automóviles caros y yates de lujo- no creo que esto anuncie un nuevo estilo de vida. Creo más bien que ahora que Alemania no tiene más remedio que ceder, llega su triunfo en términos de austeridad en la manera de vivir apartándonos de los excesos de los que hemos sido testigos al principio de este este siglo.

Y si esto es cierto parecería que quizá fuera bueno mirar a la desigualdad resaltada por Picketty más allá de la forma de medir el capital de los impuestos a los muy ricos. Pero esto es otra cosa en la que ahora no voy a entrar. Pero si puedo terminar diciendo que no, no se ha acabado la discusión.

«¿Se acabó la discusión?» recibió 0 desde que se publicó el domingo 30 de noviembre de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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