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Roots and wings

El viernes pasado el largo homenaje a Salvador Barberà pasó por su ecuador con tres mesas redondas organizadas para destacar tres de sus facetas:la científica, la innovadora y la de constructor de instituciones. Todas ellas incorporaban una buen dosis de reconocimiemto, agradecimiento y alabanza. Muchas y variadas cosas se dijeron de su persona y todas (o casi todas) totalmente justificadas (bueno ya se sabe que siempre hay alguien que se deja llevar por su faceta de showman). Sin embargo es de justicia singularizar la breve intervención de Anna Bogomolnaia, hoy en Rice University después de haber hecho su tesis con Salvador en el progarma IDEA cuyo 20 aniversrio se celebraba también. Además de glosar su trabajo, especialmente el conjunto, dijo algo muy poético. Dijo que como todo buen padre Salvador le había dado a ella no tanto una atención continuada sino, lo que es más importante, Raíces y Alas, Roots and Wings. Aparte la sombra de Pushkin allí, en esa simple expresión, hay todo un trarado de pedagogía o de iniciación a la vida. Espero que mis hijos piensen un día que sus raíces son profundas y sus alas amplias y ligeras. Si así no fuera no me lo perdonaría.

«Roots and wings» recibió 1 desde que se publicó el martes 14 de junio de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. teo millan dice:

    Soy uno de los damnificados por el homenaje a Salvador Barbera. Damnificados porque no me enteré de que existía semejante evento, al que me hubiese encantado asistir. Y lo hubiese hecho para rendirle homenaje, no por su faceta de investigador, ni como director de programas de tesis doctorales, ni como científico ni como creador de instituciones. Lo habría hecho en otra faceta distinta que, tal vez afortunadamente, se pierde en la noche de los tiempos.
    En la UAM de mediados los 70, mi promoción inauguró el campus de Canto blanco. Y allí, en un desierto tanto real como simbólico, tras pasar por manos de los primeros economistas de un plan alocado de licenciatura de 60 asignaturas, dándonos de golpes con el teorema de la telaraña que se le enredaba a alguno, y otras improvisaciones varias, aparecieron, como dos anunciadores de la vida más allá, Salvador Barbera y Alfredo Pastor.
    Es difícil explicar el efecto que tuvo su aparición en algunos de nosotros, alumnos de cuarto curso de carrera, el que alguien nos comenzase a hablar en un lenguaje que poco tenía que ver con la narrativa intuitivo-dialéctica con que nos habían machacado. Difícil porque soy incapaz de retrotraer mi cerebro al laberinto de confusiones y limitaciones a que estaba sometido.
    Salvador y Alfredo, cada cual en su momento, me tomaron luego del brazo para decirme que un buen camino a considerar, al margen oposiciones y puestos bancarios, podría ser sin duda el de un Ph D en alguna universidad donde las neuronas andaban sueltas y alocadas.
    Y así es como me deje pervertir en aquel entonces. Para mí no fueron ni investigadores, ni directores de tesis. Para mi eran “aventureros”. Y yo les miraba con un algo de incredulidad, y un más de admiración.
    Salvador, aderezó aquella persuasión con algunas traducciones que me permitieron ganar el pocket money del momento, y salí con gran dosis de incertidumbre rumbo a Minnesota.
    A los pocos meses, pude escuchar de labios de Tom Sargent, en una clase, que aquellos modelos ISLM, que tanto había trabajado yo en UAM, eran un buen tema de algún curso de historia del pensamiento. Y eso fue antes justo de producirme un flash en el cerebro del que aún no me he recuperado.
    Agradecido por tanto a Salvador, a quien tengo en enorme afecto y estima, personal y profesional. Y siento francamente que los circuitos de información en este país, sigan lejos de perfectos.

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