Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

Reminiscencias entrecruzadas

La imaginación es libre y sigue los caminos que realmente le interesan aunque crea que éstos son otros.

Tren a las nubesSu tren salía bastante antes que el de Mercedes así que Juan se levantó con sigilo y se adecentó sin hacer ningún ruido innececesario para salir sin despertarle, pagar en recepción, pues la caja estaba todavía cerrada, y tomar un taxi a la estación en donde tuvo tiempo de desayunar algo ligero y prepararse para, una vez arrancara el tren, soñar despierto con la cabeza pegada al cristal y dejando que la imaginación despertara con el día, se adueñara de su mente y le permitiera tratar de ordenar las ideas todavía calientes de la noche pasada. Pero la imaginación es libre y sigue los caminos que realmente le interesan aunque crea que éstos son otros. Le hubiera interesado imaginarse su vida con Machalen como supongo fue la de Nietzsche con Cosima, siempre deseosos de abrazarse, pero sin llegar nunca a hacerlo debido a que ese impulso fue siempre reprimido por presuntos e importantísimos problemas intelectuales. Pero este no era el caso entre Juan y Machalen pues, aparte de no coincidir a menudo dada la movilidad de la directora, entre Machalen y él existían problemas enormemente vulgares y asquerosamente terrenales que se originaron desde el momento mismo en el que él decidió, con ayudas muy concretas, desaparecer para siempre.

Recordó, entre las brumas de una memoria culpable de venganza asesina que, desde que desembarcó en Colombia, cerca de la desembocadura del río Magdalena y vuelto a ser introducido en el tambor mayor de los timbales ayudado por el nuevo timbalista de la orquesta y protegido en todo momento por Aitortxu (que nunca dejaría de ser el contacto con su madre) se las arregló para seguir la trayectoria de la orquesta por Latinoamérica durante unos tres meses y siempre cerca de Machalen con la que rememoró tiempos pasados aunque nunca fueron del todo pasados. Durante todo este tiempo y siempre con el apoyo de Aitortxu y del nuevo timbalista fue urdiendo una red semimafiosa de gentes de confianza que le consiguieron nuevos papeles y hasta fueron capaces de modificar una pizca la fisonomía que reflejaban esos papeles. Todavía sonreía un poco cuando recordaba la extrañeza de Machalen cuando de cuando en cuando dormía con un hombre aparentemente nuevo en alguna ciudad latinoamericana, alguien que solo podía reconocer por la forma en que le escuchaba sus preocupaciones musicales además de, naturalmente, su forma de acariciarle.

Fueron meses durante los cuales el antiguo Jon se convirtió en Juan y vivió a expensas de Machalen pues los pocos fondos con los que pudo huir no duraron mucho. Esta era una cuestión que había que solucionar al llegar a la última ciudad de la gira: Monterrey. Aquí se quedaría el nuevo Juan para dar los últimos toques a su nueva personalidad, para llevar a cabo el plan urdido por su madre y Aitortxu en términos patrimoniales y para desde aquí comenzar una nueva vida que habría de pasar por ese gran Estado Federal cercano a Monterrey que conocía bastante bien. Se despidió de Machalen con lágrimas en los ojos sin saber cuando volvería a verla.

En Monterrey él tomó contacto con los parientes de los que su madre le había hablado mil veces y con los que ella nunca había perdido contacto y, con su apoyo y cobertura, organizó los últimos toques del cambio de su personalidad. Aquí habría de quedarse hasta que pudiera organizar su futuro profesional. Estos parientes le hicieron entrega de los papeles de una cuenta a su nuevo nombre, cuenta generosamente dotada y enviada por su madre que le permitió vivir sin ser una carga para nadie e incluso correrse alguna juerga cuando Aitortxu aparecía por allí en alguno de aquellos viajes que, no se sabía muy bien por qué o para qué, se organizaba él desde el puerto en el que había atracado su barco. Aquí, en Monterrey trabajó con todo cuidado su estrategia para cambiar su identidad de manera radical. Seguiría siendo un economista académico pero de doble nacionalidad, mejicana y española, que pretendía trabajar en los Estados Unidos a partir de su doctorado en la universidad de los jesuitas de Monterrey.

Coincidiendo con la ralentización del tren para parar en una estación ya no muy lejana de Lucerna, tuvo un segundo de recuerdo emocionado hacia ese su gran amigo que no solo le había sacado con el apoyo de Asier de aquella Ciudad en la que hubiera sido peligroso quedarse, sino que además había sido y era el contacto con su madre quien para cuando ya era él un profesor hispano-mejicano,era ya la administradora única del patrimonio familiar dada la casi total incapacidad del padre. Con la ayuda de Aitortxu consiguió transferir a su hijo una donación equivalente a lo que hubiera sido su legítima y con esto y su trabajo en esa escuela privada religiosa que le recordaba aquella en la que comenzó sus estudios en la Ciudad que le vió nacer. Él, Juan, se encontró en una situación holgada y con ánimos de conquistar el país vecino desde el que le sería más fácil coincidir con ella, Machalen, quien durante este tiempo fue afianzando su seguridad como directora y viajaba a menudo por ciudades con orquestas de renombre. En su correspondencia secreta ella le confió que sus relaciones con el festival de ópera de Santa Fe se estaban afianzando y que estaría muy bien si él pudiera hacerse contratar por la Universidad de Santa Fe, no lejos de Monterrey y muy lejos de aquellos otros centros en los que su figura podría ser reconocida.

No es de extrañar que durante estos años hubiera habido no pocas Mercedes en su vida y no se hacía ilusiones sobre la capacidad de Machalen de guardar ausencias; pero sabía que entre ellos había algo irrompible y ella debía pensar lo mismo pues fue ella la que sugirió que se casaran en secreto nada menos que en Las Vegas, una propuesta que Juan dijo aceptar con total entusiasmo siempre que lo hicieran con total separación de bienes. Esto le ponía a él en situación de desventaja pues ella ya ganaba un dinero generoso y desde luego más cuantioso que el que sacaba un profesor de una universidad mejicana o norteamericana.

Y ya casados surgió la posibilidad de la dirección de la orquesta de Granada y del puesto en una universidad de Madrid. Una carambola que les permitía vivir, como siempre, separados y afectivamente muy juntitos. Cada uno a lo suyo y ambos enredados en las relaciones entre pintura y música, por un lado, y entre ciencia y esas dos artes, por el otro lado. Y ahora que ya llegaba a Lucerna podía separar la cabeza del cristal de la ventana del tren y comenzar a elaborar la forma en que dentro de un par de horas atendería al ensayo y trataría de relacionar los tempos musicales con los ejes ortogonales que, de una u otra manera, en un par de cuadrantes o en otro cualquiera, hacían presagiar conflicto.

«Reminiscencias entrecruzadas» recibió 1 desde que se publicó el Martes 31 de Mayo de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.