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Recitacion obsesiva

Para mi generación Howl es un himno sagrado. Es un largo poema de Allen Ginsberg publicado en los años 50 que sirvió de bandera para muchos de los que creyeron en la contracultura pues pensaron que aquella en la que habían crecido estaba muerta. La peícula que acaba de llegar a las pantallas aunque es oficialmente del año pasado mantiene algunas de aquellas características libertarias. No tanto en una pretendida entrevista al autor mientras se celebra el juicio contra el editor, poeta y dueño de la mítica librería City Lights de San Francisco, Lawrence Farlenghetti, ni en las escenas del propio juicio, ni en las imágenes pretendidamente psicodélicas que están fuera de tiempo pues en nada recuerdan a las visiones lisérgicas, sino en el recitado del poema a una concurrencia extasiada de amigos y amantes. Es el tono recitativo, próximo a una letanía que no fuera cansina sino paroxística, llena de obsesiones y de repeticiones en una serie de variaciones sobre un ritmo inesperadamente largo. Curiosamente ese ritmo me recuerda al de la obra de Koltès a la que hacía referencia hace poco. Pero en este segundo caso el paroxismo textual está mediado por la presencia física de un actor que lo recita con intención que solo por casualidad y solo en ocasiones coincide con el ritmo del poema en prosa de koltès de dimesion parecida a la del poema de Ginsberg. Lo que me llama la atención y no sé explicar es por qué ambos recitativos me recuerdan a la música africana con la que un jóven negro pretende venderme La Farola en la puerta trasera del Corte Inglés de Azca.

«Recitacion obsesiva» recibió 0 desde que se publicó el martes 5 de abril de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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