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Realidad y Tristeza

«Seamos realistas y demandemos lo imposible» es la todavía vigente respuesta hacia los profanadores de la «Realidad» que la usan como mera coartada de toda inacción.

La «vuelta al cole» siempre trae sorpresas que te hacen aterrizar de manera brusca. Como pista de aterrizaje no está mal que dos de nuestros grandes líderes espirituales nos confronten estos días con las limitaciones que nos aquejan a todos los mortales. M. Rajoy nos descubre que hay algo que no se puede sortear y que nos escupe en la cara: la Realidad. Por su lado C. Ronaldo nos adormece con el suave rumor de la Tristeza algo que, en el fondo, es tan inevitable como la Realidad. Y entre uno y otro nos colocan ante el espejo de nosotros mismos en este momento de principios de curso en el que el pobre Director General de Universidades e Investigación de la Comunidad de Madrid se ve obligado a inaugurar el curso a bocinazos ante la ausencia de la Presidenta de esa Comunidad y de su Consejera del ramo. Y en esa anomalía que ocurre en un ambiente, el universitario, de serena vetustez, se refleja la Realidad, que no es tanto la falta de medios (la eterna falsa coartada), sino el cabreo de los estamentos varios que colaboran en la Universidad, y la Tristeza de un mundo en el que poco a poco se agota la inteligencia colectiva de un centro del saber, debilitado éste por el sucedáneo del reconocimiento banal.

Son tan chuscas estas frases de M. Rajoy (la Realidad me impide cumplir el programa) y de C. Ronaldo (estoy triste) especialmente en una época como la que refleja la inauguración semifallida, que merecen ambas una consideración muy seria.

Creíamos algunos viejos que se gobierna para crear Realidad nueva o para cambiar la antigua, pero resulta que, como todo en un mundo de (presunta) escasez, esta creación o este cambio tiene sus limitaciones. Hasta aquí parece hasta razonable en el contexto del relato habitual, pero lo chusco comienza en cuanto nos preguntamos cuales son esas limitaciones insalvables. Cuando resulta que se trata de las órdenes de otro Estado la cosa se pone muy seria pues aceptar semejantes dictados no es solo una muestra de lucidez sino un reconocimiento de que nuestras categorías políticas más seriamente enraizadas no nos sirven para mucho. ¿Y entonces? Pues no se sabe, pero lo grave es que nadie quiere pensar sobre cuales son las nuevas categorías que ordenarán nuestro pensarnos en comunidad. Hobbes ha pasado su último desfile de moda y cierra el taller y un tal Schmidt sonríe en el back stage de la pasarela impasible ante las novedades falsas exhibidas en el último siglo y sabiendo que, como la Balenciaga, su fecha de retorno es inminente. Solo queda el Poder, pero nadie sabe todavía en qué consiste con una cierta precisión más allá de la captura del Estado por parte de fuerzas no del todo identificadas.

Pero no estamos tristes por eso, por la caducidad de todo, sino más bien por la falta de una perspectiva futura que nos alegre la cara como si fuéramos niños a los que prometen un buen postre si comen bien. Es como si de repente todos nos hubiéramos hecho viejos y la perspectiva más estimulante fuera un crucero de la tercera edad para navegar hasta el lugar donde yace varado aquel crucero italiano abandonado por su valiente capitán. Y ante eso no hay forma de sonreír. Solo queda realmente el regodeo en la propia decadencia y las conversaciones nostálgicas sobre aquellas épocas en las que trasnochábamos a la espera de ese postre de sexo que el cielo nos debía.

Ante esa previsión del tiempo espiritual ¿quién quiere empezar un curso académico nuevo? Si fuera realmente nuevo pues todavía, pero volver a preparar unas clases que a nadie interesan más que como mecanismo de señalamiento no es la perspectiva más seductora. En el mundo de la Realidad y la Tristeza sería de agradecer que se congelaran todos los cursos oficiales, se otorgara de antemano el aprobado general a todo el mundo y los que realmente quisieran saber algo se auto-organizaran para estudiar política y psicoanálisis. Dejemos que los ingenieros de las politécnicas y todas las especialidades conectadas a colegios profesionales, que se resisten a cerrar sus puertas, se paseen por los campus semiabandonados, que hagan sus cositas mientras alguien quiera aprender a pesar y a medir, pero abrámosles las puertas de su propia liberación inaugurando un curso imprevisible que se pregunte por el preguntar genuino.

La Realidad y la Tristeza deben estar fuera del saber de inmediato, ese que es como chupar regaliz. «Seamos realistas y demandemos lo imposible» es la todavía vigente respuesta hacia los profanadores de la Realidad que la usan como mera coartada de toda inacción. Y hagamos que la Tristeza sea nuestra sonrisa ante las posibilidades que nos trae un futuro que se anuncia. El manifiesto del modo de Producción P2P es una pieza de esa imposibilidad posible y mi trabajo en el último número de Política Exterior un complemento que combina a las mil maravillas con la esperanza que el manifiesto deja traslucir.

Y cierro con un poco más de sesenta y ocho: Ce n´est qu´un debut, continuons le combat!

«Realidad y Tristeza» recibió 1 desde que se publicó el Martes 4 de Septiembre de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Y sin embargo la melancolía nos fuerza a crear, desde el delirio de pensar en algo nuevo, usted decía en sus clases de humanidades -para darnos ánimos- que la economía era cosa de tontos, que estábamos llamados a crear una empresa y un país con un horizonte , qué difícil para un operario Schmidt entre grandes corporaciones y medios sordos, nos queda nuestro pequeño blog, hacer investigación en los garajes, el paro, la lucidez, la desesperación. Un saludo, querido maestro, le invito a mi blog, donde propongo un cambio de la era de la imagen, con todas sus mentiras, a una era donde la ética tenga sus peso, pues creo que la quiebra ética precede a la quiebra económica. El Beni, poeta y humanista, en occidentallab.blogspot.com

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