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Quería quererla querer

Se trata de un poema de Joaquí­n Sabina que escucho sin parar, obsesivamente, en la voz de esa descarada y desgarrada Marí­a Jiménez.

Que el malo no era él, que esa vez “querí­a quererla querer”. La traducción es obvia; nuestro personaje deseaba quererla amar. No la amaba; pero él hubiera querido estar en esa situación, previa al enamoramiento, en la que uno lo que desearí­a es amarla para poder pedir sexo con palabras creí­bles.

No es dificil descifrar el juego de palabras del poeta; pero la traducción no tiene ninguna gacia y el poema sí­. Quizá por el aliento poético del desvergonzado poeta; quizá porque se necesita de esa desvergí¼enza para ser vehí­culo del lenguaje, fiel escudero de sus aventuras, sanchopanza de un loco donquijote incontrolable.

Quizá un poeta de verdad, como cualquier mí­stico que no sea de pacotilla, no es sino como esa hormiga que es utilizada por un virus especí­fico que le ataca al diminuto crebro y le hace trepar sin descanso hasta el pico de una liviana hoja de hierba desde la que cae solo para volver a trepar. Quizá la hormiga no está loca, sino que persigue su destino de vehicular el virus hasta el estómago de un mamí­fero que pasta en ese campo y que es el gran útero reproductor del virus.

Este ejemplo que ofrece Daniel Dennet en su último libro, Breaking the Spell. Religion as a Natural Phenomenon (Allen Lane, 2006), es una magní­fica manera de entender cómo el leguaje nos utiliza, es decir se recrea a través de nuestros humillantes intentos de expresarnos verbalmente.

Lo mismo que decí­a el otro dí­a respecto al “viendo a ver” de la Ministra de Educación.

«Quería quererla querer» recibió 0 desde que se publicó el Martes 1 de Agosto de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. David dice:

    Sabina sociobiólogo

    Los sociobiólogos son gente detestada en las ciencias sociales, pero son los amos de la divulgación científica cuando de sexo se trata. Pero al revés que Sabina, ellos no necesitan la gracia de la rima: su mérito está en que resulta de por sí bastante gracioso darse cuenta de que para pedir sexo la estrategia más exitosa es fingir de modo creíble un enamoramiento (querer querer, según Urrutia). Si es que uno no se había dado cuenta antes. Por lo que se ve, muchos no. Y de ahí el éxito popular de título como _Batallas en la cama_. O puede simplemente que también queramos querer que no lo sabemos, porque la mentira más efectiva es aquella que uno de verdad se cree.

    Agustín García Calvo (según su _Registro de recuerdos_) seducía declarándose, pues para enamorarse no necesitaba más que unos minutos. Pero, en realidad, el problema (para seductor y seducida) no es lo que te digan antes, sino _después_. Es decir, que no sólo quieran creerte, sino que crean creerte. Y a ver entonces quién se engañaba. Una canción popular de hace dos veranos tomaba el partido contrario a Sabina en su estribillo, en el epítome de las víctimas: “nada de esto fue un error”.

    El consuelo siempre está al Dennet de Urrutia, que retomando a Marx, nos presenta todo esto como _ilusiones necesarias_. Es mejor pensar que nuestras pasiones tienen un sentido que nos transciende. Sólo es necesario que alguien encuentre una rima para que resulte una excusa creíble de aquí a unas cuantas generaciones. Como decía el otro, Sex is funny, sex is sad…

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