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proyecto43-2Ayer domingo tuvimos por fin la posibilidad de asistir al espectáculo Proyecto 43-2, una obra de teatro que es la primera parte de ese proyecto y que comparte con él ese nombre en clave que no es sino las coordenadas del árbol de Guernica. Se representa en la Sala Mirador en la que nunca había estado. Se encuentra en un lugar maravilloso de Lavapiés (c/Dr.Fourquet,31) y en un patio interior que no sabes muy bien si conduce a dicha sala o a la escuela de Cristina Rota. Lo primero que ves es una especie de mural que te dice que «cuando el Parlamento es un teatro, el teatro debe ser un Parlamento». Un deseo que te mete de lleno en una actividad que no es fácil de apreciar a no ser que se desarrolle en un lugar como este y te interpele como lo hace esta obra de María San Miguel que he seguido, a veces de cerca y otras de lejos, desde sus inicios.

Como este proyecto forma parte de su intención de utilizar «el teatro como vehículo para crear memoria» a nadie extrañará que esta trilogía sea un intento de no olvidar el dolor causado por el terrorismo en la sociedad vasca. Este es un tema o terriblemente simple u horrorosamente difícil de tratar. María consigue el tono adecuado en una breve hora (sin contar el marmitako que se cocina en escena para compartirlo al final) en la que se desarrolla la acción en el décimo aniversario del asesinato de un funcionario anónimo en el que cinco personas se reúnen a cenar en un txoko para conmemorar la efemérides e intentar hablar de ello desde percepciones muy distintas de la situación en Euzkadi en un tiempo en el que la violencia parece haber cedido.

El texto es excelente y los actores de una calidad inesperada. Gente joven, incluida la viuda cuyo parlamento inicial es imprescindible para entender el sufrimiento sin necesidad de aspavientos o de declaraciones solemnes, a los que me atrevo a pronosticar el éxito. Esta solemnidad en el juicio está sustituida por la confrontación entre el mejor amigo del hijo en su momento, hoy irredento abertzale y novio de la hija y ese hijo que no consigue ni quiere olvidar después de años fuera del pueblo. Suben la voz justificando cada uno la actitud reivindicativa de lo vasco y el dolor incurable de la muerte del padre. Esta confrontación no arregla nada y no sabemos si algún día lo hará; pero no parece un mal comienzo compartir una sidra vasca y ese marmitako.

No hace falta estar especialmente interesado o involucrado en esa violencia que a algunos no nos ha tocado de cerca para sentir el problema y contemplar un posible camino de reconciliación que esta obra de teatro nos sugiere. Y no solo eso pues al mismo tiempo uno puede disfrutar de la nostalgia del hijo de un clima que alterna aleatoriamente el sol y la lluvia o de un precioso parlamento de la hija sobre la muerte definitiva de árboles protectores que nunca podrán ser recuperados por una reforestación.

No creo que nadie deba perderse este proyecto de aprendizaje de la vida en común.

«Proyecto 43-2» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 9 de Marzo de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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