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“PRIMERA CITA” de Romero Hicks

Me ha tenido en vilo desde el jueves cuando me dijo que estba distraído. El viernes me prrometió que me mandaba el siguiente capítulo esa misma tarde y por fin el sábado recibí todo lo que ya está escrito de la novela. Pero lo manda de tal manera que consiguió confundrime y me llevó a pensar que no me había mandado nada nuevo. Así que le amenacé con algo que no puedo desvelar, amenaza al a que, parentemente no rezccionó. Hasta que hoy he pensdo que igual me había enviado lo prometido pero empaquetado de manera rara. Y así era.

O sea, que aquí está el nuevo capítulo, aunque yo diría que a este capítulo le falta algo, que no está completo vaya.

PRIMERA CITA

Siempre hay una primera cita formal en las relaciones y lo anterior es prehistoria. Esta cena con Laura me cogía con el paso cambiado, pensando en otras cosas como el inminente viaje a Egipto y la joint-venture que les empezaba a proponer a los servicios americanos. No me sentía ni cómodo ni tan disponible como quisiera. Quizás por todo eso me encontraba sentado en el restaurante Al Bolognese media hora antes de la cita con Laura a las nueve. Hacía un poco de fresco para sentarnos en la terraza y elegí una mesa pegada a la ventana, desde donde podía controlar la puerta de entrada del restaurante y contemplar lateralmente la Piazza del Popolo. Quería organizar un poco mis pensamientos, pero estaba muy disperso. Apenas pude profundizar más allá de pedirle al camarero un dry-martini muy seco con Noilly-Prat y Gordons. No consiguieron hacerlo a mi gusto, hasta que después de devolver dos versiones aguadas me ofrecí a preparármelo yo mismo; y de paso enseñarles cómo me gustan. Es uno de mis restaurantes favoritos y no pensaba dejar de ir por un detalle menor como este. Ya puestos, me preparé una coctelera con tres dry-martinis y le dí a probar uno al maître, Luciano, que se acercó a ver qué hacía yo detrás del bar.

Ocupé otra vez mi sitio y le di un sorbo corto a mi cocktail. Igual que Yahveh en Génesis 1.29, pensé que lo que había hecho estaba muy bien hecho y me recosté en la silla a descansar. Cuando empezaba el segundo dry-martini, intenté hacer un balance de mi predisposición a iniciar una aventura sentimental y a dejarme conocer por una persona nueva. Y no me encontré con ganas. Estaba fuera de juego. Cerrado por obras, o algo así.

Poco duró mi periodo de reflexión. Laura eligió ser puntual, renunciando a crear el efecto ansiedad típico de la mujer que se retrasa tanto que hace improbable su llegada a la cita. Estaba radiante como un coche fórmula 1 en la parrilla de salida. No sé si era el maquillaje, o simplemente la calidad de su piel muy blanca ; la forma de vestirse para la ocasión, o la belleza singular de su cuerpo de siempre. Me levanté de la silla para besarle en ambas mejillas y di gracias a que los efectos del alcohol me dotaban de un áurea de indiferencia idiota que me hacían sentir que todas mis noches eran como ésta…

– “Hola Laura.¿Cómo haces para ser tan guapa?, le susurré al oído mientras le ofrecía asiento en mi silla, de espaldas a la pared.

– “Y tú…¿Cómo consigues parecer tan sincero…?, respondió con una gran sonrisa mientras se sentaba.

Nos quedamos callados y llegaros las cartas. Laura no quería ningún aperitivo, prefería pasar al vino directamente. Le pedí que eligiera. Los dos teníamos bastante hambre y pedimos una degustación de pastas y dos pescados a la plancha. Mientras esperábamos un vino rojo siciliano que quería que probásemos, Laura se inclinó hacia mi , dejando deslizar sus amplios senos sobre el mantel blanco de la mesa y obligándome a desearla en ese mismo instante, mientras me levantó la barbilla lo justo para que le mirara a los ojos y entrabriendo los labios hizo un gesto como que solicitaba permiso para apoderarse de la copa medio llena de mi tercer martini, al que dio un trago definitivo antes de desplazar su mano izquierda a mi nuca, para acercar nuestras cabezas y provocar un beso explosivo delante de dos camareros que se acercaban en ese momento con el carrito de la pasta. Todo pareció detenerse un momento, por respeto a la pasión de primavera, imagino ; todo menos el fragor del restaurante lleno donde unos cincuenta clientes degustaban las pastas del día y celebraban el apogeo de la pax berlusconiana y la hegemonía electoral de la derecha gigoló.

La comida tenía un aspecto excelente, pero nuestros platos permanecían casi intactos.Yo de repente no tenía hambre y a Laura nunca la había visto comer.La botella de vino, con su sobria etiqueta y el nombre de la bodega – Donnafugata – sí que atraían mi atención y me ofrecían un refugio a los ardores y a la iniciativa de mi nueva amiga. Intente hablar del vino, y de Sicilia, y de Lampedusa, y del excelente año 2004 de la cosecha. Fue inútil ante el veto de la indiferencia de Laura a ese temario. Se instaló otra vez un silencio, pero que no nos separaba y que no era incómodo. Yo me hubiera dejado estar mientras disfrutaba del complejo regusto a frambuesas y avellanas del vino. Pero era evidente que Laura iba a mover pieza. El rito del conocimiento factual empezaba inexorablemente. Por mucha pasión que se ponga en un beso, el silencio de la mujer nunca se compra más allá de un cuarto de hora y algo de tiempo de descuento.

-“Háblame algo concreto de ti, Jorge” me dijo sonriendo todavía.”Me dijiste que eras médico…¿Cierto?”.

“Sí.Oncólogo.Cabeza y cuello.Lo dejé hace tiempo”.No tenía gana de entrar en detalles y súbitamente me entró una necia curiosidad por los tagliolini al pesto.Estaban deliciosos y siempre que tuviera la boca llena estaba disculpado de hablar. Entre bocados y sorbos de vino podía comprar algo de tiempo. Pero me daba cuenta que era una actitud insosteniblemente grosera. Mejor empezaba a preparar algunas fórmulas evasivas y desviaba mi atención hacia ella.Cuando terminé mi prueba de pastas, ya estaba listo para contraatacar. Laura me miraba, fumando un camel, sin comer ni decir nada.

«“PRIMERA CITA” de Romero Hicks» recibió 1 desde que se publicó el Domingo 19 de Abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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