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Presabarri

He ido desprendiéndome de los caseríos que estructuraban mi estirpe y ahora por fin no tengo más remedio que renunciar a ella y esperar a que algún loco me ofrezca unos duros por quedarse con todo. !Me siento libre!

Presabarri es un caserío de un par de cientos de años que perteneció a la familia de mi abuela paterna y hoy es de mi propiedad. Lo conocí, junto a otros caseríos, a la sazón también de la familia, hace unos 60 años cuando Casimiro Arbaizagoitia se tomó unos dos o tres días para enseñarnos a mi hermana y a mí los árboles y otras pertenencias de esta propiedad sita en el municipio de Barambio. Desde entonces no había vuelto y todo lo que sabía de estos árboles que han generado madera para navíos y remos desde el siglo XVII es que, de vez en cuando hay que hacer matarrasa o entresaca para que crezcan fuertes, una actividad esta que ya no es un negocio rentable pues lo que esas actividades reportan da justo para repoblar y pagar a abogados, ayuntamiento y otras gentes de buen vivir.

Posiblemente el caserío toma su denominación por su situación junto a la nueva presa que regula el agua de un riachuelo que va paralelo a la carretera de Ziorraga (BI2522) que separa la campa que bordea el caserío, campa esta que sirve para alimentar el ganado que hace ya mucho dejó de habitar la cuadra del mismo. Tengo entendido que esta construcción tiene un cierto interés arquitectónico por lo que ante el aviso que los arrendatarios la abandonaban y me entregaban las llaves encontré una jornada de menos de 24 horas para visitarlo y volver a conectar con la infancia y con mi estirpe.

Pero mi desencanto fue brutal a pesar del magnífico día que me regalaba esta zona cercana al monte Gorbea y justo en la muga entre Bizkaia y Arraba. Por fuera se conserva bien y visto de frente y desde la amplia huerta de hierba y llena de flores, ofrece unas magnificas vigas de piedra y una madera sólida. El problema comienza cuando con las llaves en mi poder entré, no sin esfuerzo, en un interior que para mi sorpresa no había sido habitado por lo menos en unos cuarenta años y posiblemente subarrendado quienes lo usaban para guardar hierba y animales. Bajo el tejado a dos aguas existe una especie de desván de una superficie llamativamente grande y totalmente desguarnecido aunque parece evidente que allí se han almacenado patatas durante años y años.

Lo que a veces se llama la “parte noble” no merece este apelativo pero es amplia con varias habitaciones, comedor, cocina, etc. y con muebles desarticulados y ropa vieja sucia y abandonada. Esta parte da una terraza desde la que se contempla no solo la huerta sino también las estribaciones del Gorbea. Cometí la locura de salir a esa terraza que bien hubiera podido derrumbarse, pero ni siquiera crujió.

No me aventuré sin embargo y volví a entrar para explorar la planta baja que sin duda fue la cuadra también amplísima y que, extraño encuentro, todavía albergaba unas gallinas que supongo se las comerá el zorro sin mayor dilación. El olor era insoportable y si en algún momento tuve la visión de establecer allí algún huerto ecológico para alimentar a una comunidad harta de la vida actual se me pasó inmediatamente.

Arreglar este caserío sería carísimo, derribar esta ruina posiblemente esté prohibido por su interés arquitectónico con lo que me parece que no tengo más remedio que no hacer nada y continuar sin enterarme de nada. He ido desprendiéndome de los caseríos que estructuraban mi estirpe y ahora por fin no tengo más remedio que renunciar a ella y esperar a que algún loco me ofrezca unos duros por quedarse con todo. !Me siento libre!

«Presabarri» recibió 5 desde que se publicó el Viernes 5 de Junio de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Se me ocurren tantas ideas para hacer ahí @juan

  2. Ester dice:

    qué lucida descripción, has hecho que casi casi estemos ahí contigo, oliendo y tocando esa ruina. También has descrito genial lo que ocurre con estas piedras y plantas cuando dejamos de tener una relación asidua con ellas, van cambiando sin nosotros y cuesta reconocerlas. Por aquí nos ocurre lo mismo con las casas y tierras del campo y como @david, no dejamos de pensar en cosas para hacer con ellas. Yo creo que más que dinero, que también, sobre todo se necesita tiempo y excusas para pasarlo junto a ellas. Y tiene que ser allí claro, a no ser que hagamos un autoexpolio loseta a loseta, me pregunto si hay alguna relación posible más allá del recuerdo o el museo.

  3. Juan Urrutia dice:

    No Esther ni siquiera cabe el museo, solo el olvido.

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