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Pinchazos en el flanco derecho

Temo, incluso más que a la peste, que el veneno de mis enemigos sea una versión del curare que, ya mejorado, consiga generarte unos coágulos que si suben a la cabeza me dejen sin habla y sin capacidad de huida, esa arma que yo considero muy mía pues me ha librado de todos los ataques de los que he sido objeto y ya son muchos.

Bicycle-Men(Rob Grant Art)Extrañas sensaciones después de varios días de convalecencia.

Es cierto que la presencia de la piedra no se deja notar gracias a mi gusto recobrado por el rock-and roll que, ejecutado en solitario después de un paseo matinal alrededor de la piscina con la mente en blanco y contando pasos como un metrónomo, pues no me atrevo a salir de casa de buena mañana en ausencia de testigos, obliga a mi piedra a cambiar de posición eliminando algunos de los síntomas más llamativos. Sí eso es cierto, pero también lo es que he ido descubriendo pequeños puntos en el bíceps y en el tobillo de sangre coagulada que bien pudieran ser los vestigios cuasi invisibles de su ataque alevoso. Se encuentran en una parte del cuerpo, la derecha, que es precisamente la que presento a los ciclistas que vienen de frente al tiempo que un automóvil me sobrepasa desde detrás como ya conté todavía en julio.

Es posible, pero no soy capaz de describir los posibles síntomas de ese posible envenenamiento dulce. La falta de memoria para los nombres es cosa de hace meses o quizá años. La falta de apetito la atribuyo al calor y a mi dieta contra el azúcar en sangre. ¿Y de los dolores musculares qué? Temo, incluso más que a la peste, que el veneno de mis enemigos sea una versión del curare que, ya mejorado, consiga generarte unos coágulos que si suben a la cabeza me dejen sin habla y sin capacidad de huida, esa arma que yo considero muy mía pues me ha librado de todos los ataques de los que he sido objeto y ya son muchos.

Tendría que cerciorarme saliendo de nuevo a la carretera y recorriendo los cinco kilómetros de mi paseo habitual con paso vivo y provisto de mi cerbatana y mi chaleco antibalas, pero me temo que no me voy a atrever pues con estos nervios soy capaz de disparara a mi compañero de fatigas con el que me cruzaba todos los días y trataba de hablarme en castellano mientras yo farfullaba un poco de catalán. No, creo que debo seguir cuidándome dentro de mi fortaleza mientras trato de olvidarme de todo y de poder leer tres páginas seguidas de lo que sea más allá de la novela de DdeU que me divierte y me preocupa. Pero eso es otra historia sobre la que volveré si el clima, el terror y la vejiga me dejan en paz.

«Pinchazos en el flanco derecho» recibió 0 desde que se publicó el domingo 18 de agosto de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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