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Pero… es que no son solo los ruidos

Ahora mis temores no vienen solo de los ruidos del martillo pilón. Hay otros ruidos y otras cosas muy raras que no puedo ignorar amparado en mi presunta paranoia.

leyendoLos ruidos del martillo pilón me asustan tal como ya dije; pero es que ahora mis temores no vienen solo de los ruidos de esa herramienta. Hay otros ruidos y otras cosas muy raras que no puedo ignorar amparado en mi presunta paranoia.

Están también los grupos de ciclistas que pasan despacio de frente al sentido de mi paseo matinal y van charlando en una voz demasiado alta y en un idioma que desconozco aunque suena eslavo. Y demasiadas veces como para ser pura coincidencia, se cruzan conmigo al mismo tiempo que un vehículo de motor me adelanta y se cruza con ellos. Si un disparo certero acabara conmigo en uno de esos momentos del frescor mañanero yo caería en una zanja del camino y nadie me encontraría en muchas horas o, incluso en días. Puedo dejar de pasear o hacerlo a pleno sol o comprarme una máquina de esas con las que te hacen las pruebas de resistencia, pero eso sería ceder a mi propia enfermedad.

Pero eso no es todo. Hay otras cosas muy raras que no sé descifrar. Por ejemplo ayer. Llegamos a la misma esquina de la playa en donde hace ya cuatro veranos me sentí acosado por los de la flecha emplumada, y me doy cuenta que todo el mundo lee Rayuela. Lo leen en distintas ediciones e idiomas, pero se trata justo del libro que mi mujer se traga estos días como tarea de su club de lectura además de un libro que, en su momento, nos abrió mucho no sé si los ojos o la boca, pero que fue muy importante en aquella juventud arrogante americana. Me paseo distraídamente camino de la orilla y verifico mi primera impresión. Hay una francesa vieja que parece romper la norma y simula estar rellenando un pasatiempo de esos que consisten en cruzar palabras o descubrir textos ocultos y que a menudo aparecen con una foto en el medio de la plantilla. Cuando me levanto de la hamaca para ir a darme un baño de agua de mar paso por detrás de ella y veo que esa foto es, imaginen mi sorpresa de …Julio Gortázar).

Todo es comprensible, pero yo me huelo algo y hoy no he salido de casa. Sin embargo no he podido evitar la visita inesperada del jardinero y la insospechada del reparador de la alarma que nunca se ha dejado ver en los últimos diez años. Pero tengo que pasear por prescripción médica así que mañana tengo que cambiar mi ruta y ver que pasa. Es el día de San Ignacio de Loyola así que andaré una hora cantando su himno en euskera a ver si espanto a los fantasmas.

«Pero… es que no son solo los ruidos» recibió 0 desde que se publicó el martes 30 de julio de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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