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Pero ¿dónde estamos?

Por un lado estamos en un momento de digestión de noticias europeas que han ampliado su radio de alcance pues lo acordado a 23 o a 26 pone en juego el papel de la City, el lugar del U.K. en el mundo, la situación tambaleante de los EE.UU. y, en general, el pobre crecimiento del resto del mundo. Por otro lado no se pueden hacer oídos sordos a los movimientos sociales de muy distinta naturaleza que o bien continúan o bien comienzan ahora. La democratización sui generis de los países árabes no ha terminado todavía y es difícil de predecir su punto de llegada. El mundo anglosajón pierde poco a poco la hegemonía tanto económica como política mientras que China tiene que abordar el paso de una dictadura a una democracia que respete los derechos humanos. Latinoamérica, por su parte, parece no salir de la corrupción, algo parecido aunque con distintas sombras a lo que pasa en Rusia.

Y, en medio de todo este lío, la teoría económica trata de nadar, siguiendo su propia dinámica interna (o path dependency) que proporciona premios Nobeles, y también guardar la ropa tratando de convencer de que no hay alternativa totalizadora a la que hoy conocemos aunque, naturalmente, hay muchas nuevas vías de ataque como, por ejemplo psycoeconomics, neuroeconomics, behavioral economics, experimental economics, systems dynamics o agent-based models. Pero todo esto está dentro de lo que llamaríamos mainstrean. Es interesante, sin embargo, que en el mismísimo Harvard Stephen Marglin sobreviva y haya conseguido colar un curso de introducción a la economía que da espacio a otros enfoques distintos al mainstream. Se preocupa por ejemplo por la distribución de la renta así como de enfoques marxistas lo que hasta ahora parecería como una pose snob.

Para avanzar un poco en la dirección de hacernos una idea de dónde estamos,quizá quepa aquí recordar mi interpretación de lo que pasó (Una Vision (semi)heterodoxa de la crisis, Cuadernos de Economía, enero-abril 2009). Se trataba de ir más allá de la “dependencia del recorrido” e introducir nuevas ideas que siendo de hecho ya antiguas podrían abrir la puerta a análisis novedosos. Allí, aparte de procurar formalizar algunas de esas ideas, se mencionaba una interpretación de la crisis del profesor del MIT, Ricardo Caballero, que iba más acá de la crisis financiera y la situaba en los desequilibrios por cuenta corriente de ciertos países que acababan demandando activos foráneos a la búsqueda de seguridad para sus excedentes por cuenta corriente. Decía yo hace año y medio que “las crisis anteriores…. propiciaron una bajada sustancial de los tipos de interés de forma que la Banca tuvo que acostumbrarse a hacer beneficios a base de aumentar las inversiones. Esto les llevó simultáneamente a incrementar las hipotecas y a generar activos derivados a partir de la titulación de esas hipotecas, derivados estos cuyo precio es difícil de fijar”. Pero no me quedaba ahí sino que continuaba recordando al citado profesor y llamando la atención sobre “por qué y cómo los desequilibrios en los que cayó la economía abierta americana influyeron en esa situación llevándola al borde del abismo”. En efecto, “el exceso de demanda de activos de poco riesgo acabó llevando necesariamente a un déficit por cuenta corriente de la economía estadounidense”. Dice Krugman en el NYT que todo lo pactado en Bruselas “se suponía funcionaría… porque el daño proporcionaría la coartada para la intervención del BCE comprando montones de bonos italianos y españoles”. Suponer que este este es el juego del nuevo Gobernador del BCE es quizá demasiado imaginativo, pero su actuación el lunes 12 parecería poder sostener una interpretación así que, por otro lado, habría de contar con la aceptación siquiera implícita de los que firmaron el comunicado. O sea que no sabemos, de momento, en donde estamos en el frente económico. O, lo que es peor, es posible que estemos donde estábamos hace más de cuatro años, en una renacida guerra de divisas, agravada por el plantón británico, que distorsionaría los flujos del comercio internacional.

Es hora de que la política recupere su centralidad dando respuesta a las acusaciones contra una democracia desnaturalizada. Esto es fácil de hacer hoy en los EE.UU. de América donde las opciones están claras, pero no lo es, por ejemplo, en Europa en donde la “enfermedad alemana” de la que hablaba no hace tanto tiempo parece que es eso, una verdadera enfermedad que, como dice Krugman, prefiere la postura moral contra el despilfarro y el fervor de la austeridad que poner los pilares de una verdadera recuperación, pilares que solo se pueden poner cuando las aguas del especulación con la deuda soberana se calmen y los bancos puedan reiniciar una senda razonable menos altanera.

Pero si esto es así deberíamos preguntarnos por los movimientos sociales que no van a parar hasta que lleguemos a encontrar un nuevo pacto social aunque sea implícito. Como parte de este pacto la libertad de la banca está en juego pues es difícil explicar con claridad ese argumento que dice que los que lo estropearon todo son los llamados a arreglarlo sin que hayan pedido perdón. Es este orgullo desmedido el que provoca ira en contra del sistema financiero en general y de los bancos en particular. Una buena regulación global (con o sin Tasa Tobin) podría calmar los ánimos, pero me parece que el mundo bancario en general y sin distinciones de zonas geoeconómicas tendrá que hacer un esfuerzo pedagógico importante que va más allá de la Responsabilidad Social Corporativa (aunque ésta no sobre) e incluso más allá de la apelación a la ética de los negocios tratando de vender la idea de que las instituciones probas son las que mejor están capeando el temporal que no amaina ni amainará mientras los acuerdos entre soberanías tengan tan poca enjundia como los alcanzados en la madrugada de viernes aquel olvidando la posible, pero yo creo que poco probable, connivencia con el BCE para suministrarle una coartada. Y mientras esto no pase agarrémonos fuerte a cualquier cosa que nos proteja. Pintan bastos cuando los estudiantes de Harvard inician el movimiento “Ocupar Harvard”.

«Pero ¿dónde estamos?» recibió 2 desde que se publicó el Martes 20 de Diciembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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