Desde mi sillón

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pagetHace ya días trataba de consolarme de mis diversos fallos de persona de edad fingiendo una ironía de sabio que no hacía sino ocultar mis temores de viejo. Como los mareos que me preocupaban desaparecían durante mis largos paseos con la mochila al hombro, me imaginé como un filósofo peripatético de la era digital que no necesita no ya papel y lápiz sino ni siquiera audiencia pues se puede escuchar en la red y dictar los pensamientos propios al ordenador de uno.

Pero a estas edades nada se cura sin el empuje de un desarreglo adicional. Los mareíllos han desaparecido, pero me he hecho con un nuevo mal identificado al principio pero ahora amenazador. Llevaba ya tiempo con un cierto dolorcillo de lo que creí era mi cadera izquierda y decidí consultar con el médico de familia en una de mis visitas rutinarias. Me envió al radiólogo y acabo de descubrir que un huesito, que no es de la cadera, muestra signos de la enfermedad de Paget.

He recordado que hace ya unos 20 años un médico de la Clínica Universitaria de Pamplona creyó detectarla en mí y me metió el miedo en el cuerpo recomendándome el acudir a un especialista, cosa que hice inmediatamente. Después de un examen cuidadoso este especialista descartó que se tratara de semejante tara y seguí viviendo sin ese miedo a añadir a otros que ya se han ido manifestando. Hasta esta semana pasada. Lo curioso del caso es que ante el paso del tiempo parecería que la enfermedad detectada por este médico inglés del siglo XIX ya no parece tan seria como la me presentaron en su día. ¿O quizá es tan seria que no me quieren hablar de ella?

No pienso investigar esta posible gravedad y me voy a limitar a tomar una pastillita más al día, algo que solo sirve para mitigar cualquier dolor y que, de momento, solo consigue trastornarme el aparato digestivo. Así que me he puesto a reflexionar sobre el impacto posible de esta enfermedad sobre un filósofo peripatético como ése en el que yo me puedo convertir. Creo sinceramente que solo va a tener ventajas respecto a la difusión de mis ideas pues ya no solo podrán llegar a todas partes a través de las novedades digitales, sino que que además podré recuperar discípulos anónimos que se acercarán a este anciano ya cojo para ese momento y que muy posiblemente se mueva en sillita de ruedas.

Este atractivo final no tendrá nada que ver con la belleza o la sabiduría sino con la deformidad pues el Paget puede convertirme en un enano cabezón y totalmente zambo que, cuando se levanta de la sillita de ruedas consigue formar un corro a su alrededor que comienza riendo y acaba retirándose poco a poco con la cabeza gacha. Por fin habré alcanzado la cima de mis aspiraciones: llegar a ser un bufón.

«Peripatetismo Paget» recibió 1 desde que se publicó el sábado 5 de marzo de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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