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Patriotismo económico

El viernes 2 de marzo, X.Vives publicó una columna en el F.T. sobre los males del patriotismo económico que me dió que pensar. Se trataba de una reflexión sobre el nacionalisno económico y sobre sus peligros a peopósito de la empresa pública multinacional EADS y el relativo fracaso de su producto estrella, el Airbus A380.

Vives desgrana las dificultades productivas que acarrea la propiedad pública (especialmente cuando es compartida) debido a las tentaciones que acechan a, y en las que a veces cae en, cada estado propietario y los correspondientetes reguladores nacionales, contrastándo todo ello con las ventajas de la propidad privada y de la regulación única.

Todos los argumentos son conocidos y podemos decir qur forman ya parte de la sabidurí­a convencional entre economistas especialistas en regulación. La recomendación principal, en este caso de Xavier Vives, es la siguiente:

La respuesta ( a estos problemas ) reside en el establecimiento de un marco europeo en el que los aspectos perniciosos del nacionalismo económico no puedan darse. Un elemento importante ha de ser una doctrina regulatoria común con una fuerte coordinación de reguladores nacionales guiada por lí­neas comunes.

Que Vives está pensando no solo en EADS, sino además, y quizá sobre todo, en los mercados y las empresas energéticas se sigue de algunos comentarios intercalados en su texto y, sobre todo, de las sigientes palabras que siguen a las ya citadas:

Esto marcarí­a la diferencia, por ejemplo, en los fragmentados mercados europeos de energí­a.

En pocas palabras, las empresas deben ser privadas aunque se arguya que su producción tiene aspectos de servicio público y, aunque sean nacionales, deben poder operar en todos los paí­ses y deben ser sometidas a una regulación de inspiración común, a poder ser común ella misma o, al menos, armonizada y, desde luego, coordinada.

¿Tengo algo que objetar? Quizá no; pero no estoy seguro. Pensemos en una gran instalación ciéntifica. La primera pregunta es si estarí­amos dispuestos a proponer que fuera de propiedad privada. Pero dejando aparte esta cuestión a la que algún dí­a deberé dar una respuesta tentativa, pensemos en los casos reales que se dan en Europa. En estos casos, como en el del Airbus,o el de la sonda Galileo, la propiedad es de varios Estados, es decir pública, y la proporción en que cada Estado participa determina, más o menos, el uso que pueden hacer de ella los cientí­ficos o los usuarios de los diversos Estados.

En un caso así­ nos deberí­amos preguntar si la regulación de su uso o de las diferentes actividades asociadas, como serí­an la normativa medioambiental, la imposición o la legislación laboral, deberí­an ser materias reguladas centralizadamente.

La respuesta que parece seguirse de la columa de Vives es afirmativa. Y sin embargo yo pondrí­a dos objeciones.

La primera está propiciada por la experiencia. Existe de hecho un regimen internacional homogéneo aplicable, como el que se utilizó en el caso del JET, pero el fracaso ha sido sonado precisamente por esa regulación internacional que chocaba con la nacional británica y que soliviantó a los sindicatos.

La segunda es que es bueno, creo yo, que haya competencia en la regulación y que , en consecuencia, una gran instalación se ubique en el paí­s que la tenga más favorable al desarrollo de la ciencia.

Quizá, por lo tanto, me atreverí­a a concluir que la sabidurí­a convencional, magní­ficamente explicada por alguien como Vives que sabe de lo que habla, deberí­a adaptarse a cada caso.

«Patriotismo económico» recibió 0 desde que se publicó el Martes 20 de Marzo de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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