Patentes de introducción

por | martes 6 de octubre de 2009

Para continuar con los exabruptos que ya utilicé al hablar de los mártires de la innovación, les contaré breve y superficialmente la existencia de una sorprendente institución, la patente de innovación, sobre la que nos ilustró Patricio Sáiz en la delegación de la FUE hace unos días. Les ahorro toda la parte histórica para que disfruten del magnífico artículo de Patricio cuando se publique y me concentro en una duda que no sé resolver.

Una patente de introducción (distinta que una patente de invención) es un privilegio concedido a alguien en el país A para que copie, en A, una tecnología ya patentada en el país B. Es una incitación a la piratería, una patente de corso. Se entiende en el contexto del esfuerzo nacional por industrializarse, pero es, desde luego, chocante vista con la mentalidad de ese siglo XX que no podía concebir otra forma de terciar entre la invención y la conveniente difusión del conocimiento que no fuera la patente de invención.

¿Y con los ojos del siglo XXI? Sabemos que la patente de invención no es necesaria y que puede ser nociva para la innovación pues adocena al inventor protegido, desincentiva al no protegido y dificulta objetivamente la innovación puesto que las invenciones éstas suelen ser secuenciales. Mi duda es si, dado que ya hay patentes de invención, no será bueno para la competencia, y en consecuencia para la innovación, la protección ofrecida al que copia, una labor nada rudimentaria por cierto.

Uno puede pensar que mejor sería que se despenalizara la copia para que pudiera dedicarse a piratear todo el que quisiera. Pero aquí se plantea la misma pregunta: dado que la copia podria ser preseguida por las autoridades del país donde se registró la patente de invención ¿no es bueno otorgar esa patente de introducción para exonerar al que la registra de toda responsabilidad en su territorio?

Ya me dirán ustedes, pero de paso les reto a que exploten la analogía entre este caso y el del proteccionismo que, a mitad de la crisis, podía quizá verse como una manera de aprovecharse del incremeto del gasto público del vecino de forma que, al final, el resultado del correspondiente juego es un equilibrio en el que todos practican el proteccionismo.

En nuestro caso de propiedad intelectual todos los países practicarían la concesión de la patente de corso. ¿ No sería maravilloso?

3 pensamientos en “Patentes de introducción

  1. David de Ugarte

    Y de hecho ya habría sido así si el estado no estuviera capturado…

    Los dos únicos tímidos ejemplos de algo similar nos lo dieron Brasil y Sudáfrica con los medicamentos del sida… pero fue en un marco político que duró poquito.

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