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Parresía y retórica

El sociólogo y polítologo Ignacio Sotelo, un español que se convirtió en exilado intelectual en Alemania, nos instruye hoy en El País, sobre un aspecto de la actualidad que nos interesa mucho. Nos habla de la parresía:

atreverse a decir todo lo que uno piensa, arriesgando desde el ridículo, al ninguneo de la opinión dominante, incluído el desprecio, cuando no el odio de los poderosos

Esta institución de la Grecia antigua es tratada por Foucault en en uno de sus esritos póstumos correspondientes a sus cursos en el College de France, recientemente publicados y ahora traducido al castellano: «El Gobierno de sí y de los otros».

Este es justamente el problema que hoy nos resulta acuciante. No solo el gobierno de los otros sino también el de nosotros mismos. Si todos encontráramos la clave para gobernarnos a nosotros mismos habríamos encontrado la receta para el gobierno de los otros, es decir de todos.

Una de las causas, o de los efectos, de la crisis es que no sabemos lo que decir y, en esas condiciones, no podemos practicar el hablar franco (un aspecto central de la parresía) excepto para decir que no sabemos, ni yo ni otros, lo que decir. En una situación así apelar a la parresía es una forma de retórica, esa manera de convencer, a través de la seducción (que es imposible de desterrar y que, pienso yo, no hay porqué desterrar ya que no debería estar reñida con el hablar franco) de que aquello que quiero que se piense.

Eso es justamente lo que yo pretendo hacer, convencer de que no tenemos relato y seducir a unos pocos para construir uno franco y retórico.

«Parresía y retórica» recibió 2 desde que se publicó el martes 5 de junio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] la persecución honrada de la verdad. Y, en mi opinión, un paso previo para a la práctica de la Parresía. No se puede hablar franco o con contundencia a menos que se sepa de lo que se habla, pero esto, la […]

  2. […] tal como le llamamos los amigos, es un ejemplo de esa parresia de la he escrito muchas veces (como aquí y aquí) y de su poder. En el ejemplo que nos ocupa merece la pena hacer notar cómo a veces basta […]

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