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PARIS, un juego para armar

Pongo juntos en lo que sigue las entradas que escribí en París para recordarme a mí mismo que es un asunto no del todo resuelto sobre el que tendré que profundizar. He eliminado los links y he corregido errores tipográficos, en la medida de que soy capaz de esa tarea, exceptuando uno que simplemente no reconozco como el error de algo con sentido.

1. Paris:

Dentro de unos minutos salgo para París. En coche hasta Hendaya y luego en un tren de esos de alta veloicidad pero no tanta. Voy como quien va a un cementerio pues tengo que visitar la tumba de Jim Morrison y sentarame en donde escribían Camus y Sartre. He recibido algunos encargos como por ejemplo una biografía de Attila editada en Fayard. Otros encargos son bienvenidos siempre que me quepan en la maleta. Estaré de vuelta el próximo lunes

2. Paris 2

Ayer cenamos en la brasserie Lipp para celebrar, como si fuéramos jóvenes, nuestras bodas de oro ( los de Bilbao las celebramos cuando nos da la gana). Cual no sería nuestra sorpresa cuando vimos a pocas mesas de distancia a Bourne con tres mujeres espías, claramente exsoviéticas disfrazadas de francesas, un aprendiz americano pelirojo y un attaché francés con pajarita. Creo haber visto hoy a las chicas en el foyer de nuestro pequeño hotel, pero no lo puedo asegurar.

3. París 3.

Como recordarán Bourne estaba ayer noche en a Brasserie Lipp rodeado de gente y como pendiente de un tipo con pajarita que parecía un diplomático. Paseábamos hoy por la Place Vendôme a fin de recordar la única vez que he regalado algo valioso a Marisa – unos pendientes de Boucheron- cuando hemos decidido ir a comer a una especie de club inglés atendido por señoritas de buen ver que creo se llama La Coste. Después de introducir mi bufanda en la manga derecha de mi abrigo y de entregar éste y el de Marisa en manos de una señorita con una falda de un palmo de longitud, hemos tomado asiento en una especie de jardín interior con estufas, pajaritos moribundos y clientas operadas. Lo de menos es el menú, lo único importante ha sido la copa de champán Roederer que nos hemos regalado y que ha sido alabado por un vecino de mesa simpático que no usaba pajarita, pero que era sin duda el diplomático de ayer noche royendo unos rollitos tailandeses. He tratado de alargar el tiempo con la esperanza de ver llegar a Bourne, pero a pesar de que he visitado les toilettes escondidas en un sótano oscuro y lejano, hemos tenido que dejar este local de moda con el misterio de su presencia en París. Hemos tomado un taxi conducido por un morernazo colombiano de Cali y hemos acabado sumergidos en la pintura de Basquiat, un Bourne avant la lèttre.

4. París 4.

Me escribe un lector – Ramón – que ha leído hoy en Expansión mi primer artículo de est nuevo año. Yo no lo encuentro en la edición digital y no puedo comprar la edición en papel pues continúo en París tras las huellas de Bourne y su supuesto amigo, el diplomático de la pajarita. Tuve anoche la revelación de que ambos visitarían en algún momento el Centro Pompidou, así que he pasado, abandonado por Marisa que me cree loco, todo el día en este edificio visitando todo desde la colección permanente (obvia), a las exposiciones temporales,comprando un inútil ticket anual, comiendo unos rollitos vietnamitas, vigilando la guadería de niños y escuchando las conversaciones de esas francesas viejas que tanto me gustan. Pero nada, creo que Marisa tiene razón- estoy loco. Lo únco interesantee ha sido la exposición temporal sobre Mondrian y de stilj, un intento más de deconstrucción avant Derrida que acaba en otra construcción. Consecuentemente(?) París sigue siendo el centro del mundo porque se ha dado cuenta que está terminado. En el enorme cuadrado formado por la torre de Montparnasse, la Defence, el Sacré Coeur y la Bibioteca de Francia solo hay una grúa y debe de estar para dar la impresión de que algo evoluciona.

5. París 5.

Llego de un primer paseo matutino por mi barrio izquierda caviar y me doy cuenta de que la boina ha dejado un cerco profundo y rojizo en mi frente que parece un hematoma pero no es sino el precio a pagar para que ni me explote la cabeza ni me empape la lluvia el cráneo. Por lo demás el reuma sigue atacándome inmisericorde aunque no me doy por vencido y camino contra viento y cortina de agua.

Dejo a Marisa en la peluquería de la rue du Four y me meto en La Procure, enorme librería de claro sesgo cristiano papista muy a tono con su situación entre la comisaría del barrio, la casa de China y la iglesia de Saint Sulpice. Cuando salgo después de hacerme con algunos de los encargos, como la biografía de Atila y lo último de Taleb, topo con la primera sorpresa de una mañana apretada:delante de la iglesia está justamente la única grúa de París, esa a la que me refería ayer en esta crónica sobre París que hoy traslado de los miniposts a este maxipost. Y no es capricho.

El mero hecho de que sea la izquierda caviar la que no está del todo puesta es ya una gran noticia, pero no deberíamos apresurarnos a sacar consecuencias electorales pues la segunda sorpresa del día es que me topo de frente con el diplomático de la pajarita – se llama Tierry – acompañado nada menos que del mismísimo Bourne. Me apartan de un manotazo y comienzan a escalar la grúa hasta alcanzar la altura correspondiente a la cubierta de esta iglesia tantas veces reparada.

Les sigo con la mirada y observo cómo de una puerta casi invisible sale una de las mujeres que les acompañaban en la Brasserie Lipp nuestra primera noche en este París medieval. Bourne se hace cargo del paquete que ella le entrega y comienza a gatear por la pluma de la grúa con el paquete en forma de tubo cruzado sobre el cuerpo.

Dudo si debería comentar este espectáculo con los gendarmes de la comisaría que se fuman tranquilamente un gitane cada uno resguardados de la lluvia. Pero no lo hago y opto por callejear a toda la velocidad que mi reuma me lo permite acerándome al final de la pluma que-!oh sorpresa!- alcanza la vertical justo sobre ese viejo trasto tantas veces esquivado que es la iglesia de Saint Germain, compañera siempre despreciada por Sartre en Les Deux Magots o por Camus en el Café Flore; pero que hoy se toma su justicia mirando de frente a la obsoleta La Societé por l´Encouragement de la Industrie convertida hoy en una segunda o tercera conexión de la izquierda caviar, con el mismo menú que La Coste en la rue Saint Honoré y que en el Saint George del Beaubourg, y justamente en el que cenamos ayer Marisa y yo despreciando los antros del 68.

Empiezo a comprender, el paquete que Bourne traslada, de momento a La iglesia de Saint Germain, un pedacito de un fresco de Delacroix, una teta de la siempre impúdica monarquía clásica. Tengo que asegurarme y saber porqué antes de denunciar el hecho ante esos gendarmes que se aburren. No ha sido difícil. al poco tiempo de rondar por allí he visto salir a Bourne con el rollo debajo del brazo atravesar la plaza o comienzo de la rue Bonapart y entrar en La Societé. Sí en ese lugar donde anoche degusté unos caracoles maravillosos pero al que critiqué amargamente por esclavizar a unas jóvenes estupendas y listísimas capaces de venderte vino blanco con esos caracoles.

Al local le faltaban imágenes en las paredes -lo comentó Marisa – y había una música elctrónica ambiental a cargo de un ingeniero de ambiente que vigilaba regularmente su difusión regular, cambiaba de sitio a los comensales según sus características y emitía unos sonidos digitales que hacían que casi cada comensal desfundara su teléfono móvil simultáneamente cada diez minutos. Todo un espectáculo.

A la salida le observé con sus gafas y su cara plana detrás de sus aparatos digitales. Ahora lo entiendo. Era él, Bourne. Probablemente se ha convertido en el hombre de confianza de los dueños del grupo empresarial que se está haciendo con todos los locales estúpidamente sofisticados del París izquierda caviar.

¿Quien es el diplomático de la pajarita? No pienso ir a la plcá (?) hasta que descubra este último detalle.

6.André Allard

Por una casualidad realmente inesperada he acabado con mi trabajo y puedo contarles el final de esta extraña historia en París. Con nuestros amigos recién llegados de California fuimos a la esquina de la rue Saint André de Saintes y la rue Fenelon justo donde está esta malformación de la cocina francesa donde la materia prima es imnmejorable, el servicio mejorable para los estandares de la izquierda caviar y en donde no han cambiado la forma de cocinar desde la época de Enrique IV. Nadie lo sabe pero es que en mi juventud tuve un pequeño affaire con una petite française que se llamaba Martine y estudiaba en el Fenelon. Con la edad vuelven estos recuerdos……

Pero a lo que iba. Nada más sentarnos a la mesa asignada, he aquí que el jóven diplomático con pajarita que ya conocemos aparece con mandil de camarero para ofrecernos un aperitivo. Es imposible que me haya reconocido, pero un apretón de mandíbula acompañado de un fruncimiento de cejas me pone sobre aviso. Bourne en La Societé y este hombre ya hecho y derecho chez André Allard. Tiene que ser hijo del fundador porque le llaman por ese nombre -André – y porque se mueve con andares de dueño.

Ya me habían dicho que la Brasserie Lipp pertenecia ya a un grupo, pero ahora entiendo que allí estuvieran él y Bourne con unas eslavas y que Bourne sea el ingeniero de ambente de La Societé, en donde, estoy seguro, desde hoy cuelga de la pared del fondo un trocito de Delacroix. El capital debe ser ruso y posiblemente se estén haciendo con establecimientos como El Bulli.

Todo esto necesita mucha más investigación, pero si ustedes saben cómo invertir en este grupo de capital eslavo les agradecería me lo comunicaran. Mientras tanto me limitaré a instruirme en un Petit traité des vertus réactionaire que, escrito por Olivier Bardolle, nos preparará para este mundo que llega mucho mejor que las tonterías del 68 que todavia se pavonean en la Hune.

«PARIS, un juego para armar» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 12 de enero de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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